20.10.07

Variaciones sobre el mito de Eco y Narciso y Narciso y Narciso

La historia de Eco y Narciso donde mejor está explicada y es más sugestiva es en las Metamorfosis de Ovidio. Se encuentra en el libro tercero y sigue a la historia de Tiresias.

Disputaban Juno y Júpiter sobre quien consigue mayor placer, los hombres o las mujeres. Decidieron consultar a Tiresias, que había sido hombre y mujer y otra vez hombre. Como el Orlando de Virginia Woolf o el Quim/Quima de Maria Aurèlia Campmany. Ovidio explica que Tiresias aprobó la opinión de Júpiter (que la mujer consigue mayor placer) y se ganó la ira de la diosa. Lo condenó a la invidencia. Júpiter intervino como pudo (ya que no es posible contradecir la obra de un dios) concidiéndole como contrapartida a la invidencia la clarividencia. El primer augurio que le dio fama fue el de que Narciso llegaría a viejo únicamente si no se conocía a sí mismo. Nada de Sócrates.
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"Eco y Narciso" (John W. Waterhouse, 1905)


Sigo. Un día, cuando Narciso tenía 16 años (exactamente igual que mi Carmona buxiforme enana, pedazo de bonsai adolescente), un día, fue visto por la ninfa Eco. Mientras él perseguía ciervos. Hago notar lo de los ciervos para que nos demos una idea fugaz del entorno, de un lugar en donde no sólo había ciervos sino que además podían correr. Eco vio a Narciso y no podía decirle nada. Solamente podía repetir las últimas palabras que pronunciase alguien. Y eso era debido a un castigo de Juno a causa de que Eco la había entretenido con su charla para despistarla y hacer que la diosa no sorprendiera a Júpiter persiguiendo ninfas. Narciso, alejado del grupo de jóvenes que lo seguían siempre, notó la presencia de Eco y preguntó: “¿Hay alguien?”. De esta manera, sin proponérselo, dio pie a que Eco pudiera repetir: “Alguien”. Después de una especie de diálogo posible porque Narciso estaba intrigado y Eco enamorada, la ninfa fue desdeñada. Se escondió y fue a vivir a las grutas llena de vergüenza. Su cuerpo insomne se disipó y sólo pervivió su voz. Dice Ovidio: “Omnibus auditur”. Todos la oyen. Bueno, yo diría que no todo el mundo la oye, pero eso ahora no interesa y no tiene nada que ver con el mito.

Repasemos: Juno perseguía a Júpiter, Júpiter perseguía a las ninfas, la ninfa Eco perseguía a Narciso y Narciso perseguía a los ciervos que a su vez corrían.

La historia sigue. Un muchacho de tantos que Narciso despreció pidió a los dioses que le concediesen que Narciso amara y que no consiguiera el objeto de su amor. Juno, que ya hemos visto que estaba siempre presta a impartir castigos, le concedió su petición. Narciso un día bebe de una fuente cristalina, descubre su propia imagen y se enamora de sí mismo. Dirá: “Al mismo tiempo provoco y padezco las llamas” (flammas moueque feroque). Y todo lo que iba diciendo Eco lo repetía y lo hacía suyo. Según el mito, el cuerpo de Narciso se convirtió en la flor.

***

Incomprensiblemente o no, la historia de Narciso ha recibido mucha más atención que no la historia de Eco. No me voy a dedicar a probar mi afirmación. Es lo que tiene un blog. No es mi intención instigar una investigación del motivo o los motivos por los cuales se utilizan unas fuentes “literarias” tan pésimas.

El libro deMcLuhan, La galàxia Gutenberg, podría aclarar una de las posibles razones o explicaciones sobre el predominio de Narciso. En mi ejemplar en catalán del libro hace años que subrayé un párrafo que por lo menos a mí sí que me justifica la permanencia de Narciso (la vista) sobre Eco (el oído) en la memoria occidental. Transcribo el dichoso parágrafo porque calculo que es difícil de encontrar a estas alturas precisamente de la película:

“Pero las culturas no alfabetizadas experimentan una tiranía tan avasalladora del oído sobre la vista que cualquier interrelación equilibrada de los sentidos es totalmente desconocida para los extremistas auditivos, de la misma manera que este equilibrio es extremadamente difícil a partir del momento en que la imprenta acelera el componente visual de la experiencia occidental hasta la intensidad más alta.”
(H.M. McLuhan, La galàxia Gutenberg: la formació de l’home tipogràfic. Barcelona: Edicions 62, 1973: 39)

Al lado de este fragmento de la historia del libro que cada día que pasa sabemos apreciar más, está el hecho de que incluso se conoce más el narcisismo que a Narciso. Ya pasa.

El mito de Eco y Narciso fue tratado por Sor Juana Inés de la Cruz y por nuestro Calderón de la Barca. El divino Narciso (1690) de la monja mexicana es una alegoría cristiana donde Narciso es el redentor y Eco el demonio. La ninfa se expresa en verso y parece un trasunto de Sor Juana, tan ingeniosa y redicha, empequeñeciéndose ante las magnitudes colosales de la Creación verdadera. En el drama de Calderón, Liríope (la madre de Narciso) envenena a Eco. Me gustaría ser capaz de exagerar este desplazamiento escenográfico de la diosa a la pre-suegra. Tiene un no sé qué monoteísta. Calderón deshace la estructura de espejo o geminaciones de Ovidio y forma una estructura centrípeta, jerarquizante y con el centro en la familia. Parece una teleserie de esas americanas que pasa en torno a un sofa o a una nevera gigante. El mito ovidiano se expresaba en parejas: Juno y Júpiter, Tiresias hombre y Tiresias mujer, invidencia y clarividencia, Eco hablando por los codos y Eco que no puede hablar, Narciso que no puede amar y Eco que no puede ser amada.

Llega un momento en que a fuerza de apreciar esta estructura pendular, que culmina y acaba cuando Narciso se ve reflejado en el agua, una se queda absorta y embobecida. Es así como resplandece la escena VII del acto III del Cyrano de Bergerac, cuando Cyrano primero dicta y luego suplanta a Cristiano en una escena de balcón y jardín. Las palabras de Cyrano enardecen a Rosaura, que quiere bajar al jardín o que Cyrano-Cristiano suba al balcón. Dice Cyrano:
“No, dejad que aprovechemos así esta ocasión que tenemos de poder hablarnos dulcemente sin vernos”.

[El post transcribe del catalán substancialmente una colaboración con “Via fora!” de 1997]

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