7.7.09

500 rafaeles o las ideas objeto

Detalle de la Madonna de San Sixto (1513-1514) de Rafael. Óleo sobre tela, 265 × 196 cm. Gemäldegalerie, Dresde

"Un bar valenciano está animando a sus clientes a insultar a su personal y ofrece bebidas gratis por improperios originales o divertidos. [...] El propietario del establecimiento, Bernard Mariusz, de origen polaco, ha dicho que pensaba que la gente necesitaba un lugar donde desahogar su frustración en un tiempo de crisis económica, utilizando la rica variedad de insultos que hay en el idioma español." (Cadena Ser)

y la Madona Sixtina y sus famosos putti ensoñando en el borde inferior del cuadro. Y que está en la Alemania, en Dresde. Melina Mercouri, de ojos grises, no pudo cuando fue ministra de Grecia con la pérfida Albión. Y en Inglaterra –que apenas ha dado un Turner y buenos, eso sí (como diría la Igartiguru) acuarelistas- se muestra lo mejor de Atenas, gran parte de Egipto y quién sabe si no hay en la British Library alguna joya bibliográfica de nuestros conventos desamortizados o hasta de lo que no pillaron los franceses.
A todo esto yo no sé, entre otras cosas, cuantos rafaeles (raffaelli) hay en el mundo. Rafael murió el día de su trigésimo séptimo cumpleaños, joven, al parecer de una enfermedad de transmisión sexual seguramente francesa y a la que los franceses se referían como al "mal español". Por lo tanto, su obra se vio truncada cuando hubiera podido esperarse su plenitud y la madurez. Tampoco no sé qué precio alcanzarían sus obras de subastarse. ¿Qué precio tiene la columnata de Bernini? ¿Y la biblioteca vaticana? La Iglesia es una institución antigua, y ha tenido intereses en los más variados asuntos, además del propiamente espiritual, y en diferentes lugares del mundo, por lo que su archivo deber de tener tanto valor como el de la NASA o el del CNI o más que el que tienen las capillas Sixtina y Paulina juntas, la Basílica de San Pedro y sus antigüedades.
El patrimonio artístico del Vaticano estará-estará formado tanto por las obras que ha auspiciado como por los legados. Precisamente, fue en el verano de 1980, si mal no recuerdo, cuando pasé unos días en la Biblioteca del Monasterio de Montserrat con el objeto de consultar todos los manuscritos, los incunables y los impresos que hay de Aristóteles. Para ver qué había quedado. En aquella época servidora se apuntaba a un bombardeo, ahora no me embarcaría ni el primer año de parvulitos. Para acceder a la sala de investigadores de la Biblioteca, se accedía por una escalera –que me gusta pensar que era de caoba- por la que por la mañana también ascendía un olor de croissants o brioches recién hechos. No consigo recordar si fue el bibliotecario, el Padre Dalmau, o si fue el portero, quien nos comentó que Montserrat recibía muchos legados de personas que preferían a su muerte donar sus bienes a los benedictinos antes que a sus descendientes legítimos. Esta particularidad me da a pensar que probablemente el Vaticano tendrá muchas posesiones adquiridas por donativo.
Todo esto viene a cuento de uno de los reclamos que corren por el Facebook, recogido en el post previo: “CAMBIO TESOROS DEL VATICANO POR COMIDA PARA ÁFRICA” y que a mi entender es, como tantos otros, una mera insensatez que apela por una parte a aquellas zonas de la conciencia (sin determinar si de la buena o de la mala) en donde lo mismo surgen frases como “¡Vivan las cadenas!” que germinan bien otras televisivas o radiofónicas y latiguillos como aquel de Felipito Tacatún / Joe Rígoli (“Yo sigo”) o el slogan de Barak Obama (“Yes, we can”), que Telefónica / Telefonica ha metamorfoseado en “Yes, weekend”, para recochineo, para regodeo y refozilación y para lanzar (desengañémonos) una campaña de tarifas populares en fin de semana.
Las campañas de Facebook y en Facebook pueden movilizar gran número de simpatizantes, que se convierten así en una masa cuya adhesión es fácil y no implica más que un clic del ratón que dura poco más que un parpadeo y que sin embargo deja la sensación de haber participado a favor o en contra de algo que además está en el ambiente y que es muy actual. Hay campañas que tienen un innegable gancho, como la de las tapas gratuitas o la que hay contra el sempiterno uso de la marca Tous. Pesado de oso, oye. Plasta a más no poder.
Los enunciados son simples y barajan, como los poemas objeto de Joan Brossa, como mucho un par de ideas objeto. Más de dos ideas o conceptos, ya nos saldríamos de la frase. La de “CAMBIO TESOROS DEL VATICANO POR COMIDA PARA ÁFRICA” cumple con esa condición, al contrastar dos ideas y ponerlas en abierta oposición. El planteamiento es limpio como un tajo. Me recordó a una frase que leí en un grafitti hace muchísimos años, en que escribieron poco más o menos: “Con el dinero de armamento resucitar a Camarón”. De hecho, tan quimérica es la idea de alimentar a los que pasan hambre en África con las riquezas del Vaticano, como la idea de devolver a Camarón de la Isla / José Monge Cruz a este mundo a costa del presupuesto de Defensa. Y esto es porque algunas personas partimos de la base de que no todo se arregla con dinero. El dinero no se puede comer ni beber. Para mi gusto, la frase dedicaba a Camarón encierra más c a r i ñ o que la de los tesoros del Vaticano. Será que me estoy haciendo vieja que por un lado dudo, por otro lado me agobio y además estoy cada vez más dispuesta a no abundar en los exabruptos.
Si no soy capaz de entender lo que verdaderamente supusieron con todas sus consecuencias positivas y negativas las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz en España y las de otros países europeos, ¿cómo voy a poder imaginar lo que pasaría si se vendiera la columnata de Bernini? Porque, claro, tendrían que venderla. ¿A quién? Otra cosa es que la trasplantaran, ¿qué sé yo?, a Burkina Faso. ¿No está el claustro del monasterio de Cuixà en Nueva York, en The Cloisters Museum? Pues, nada, se llevan los 500 rafaeles o lo que haya a Uagadugú, en uno de los 5 paises más pobres del planeta, juno con Haití, y tan ricamente. Tal vez, se dirá, lo más práctico sería dejarlos donde están (los cuadros) y dedicar una buena parte de los ingresos que acarreen a contrarrestar el hambre de los que tengan hambre de solemnidad. Porque no olvidemos que en el mundo hay dos tipos de hambre: el de los que no tienen que comer y de los que son insaciables. A lo mejor resulta que eso ya lo está haciendo el estado del Vaticano, dedicar una parte de su patrimonio a la caridad o a la solidaridad, como se prefiera.
A poco que unos y otros nos introducimos en la Historia y vemos de cerca, al detalle, que las posesiones que fueron desamortizadas a los regulares (conventos) variaban mucho de una orden a otra, vemos lo difícil que es admitir que el tema sea algo que se pueda simplificar de un plumazo o un campañazo. No tenían siquiera la misma extracción social los dominicos o los agustinos que los carmelitas descalzos y las carmelitas descalzas. Que conste que aquí la distinción de género no es una concesión al lenguaje no sexista, sino que señala precisamente la marca de género en relación con la posesión de bienes. Había conventos de franciscanos paupérrimos. Lo mismo que admitimos que con un par de ideas opuestas desgastadas hasta la náusea la campaña se queda floja, también decimos que cada una de las dos ideas (los tesoros del Vaticano y el hambre de África) son extraordinariamente complejas y que atacarlas de una única forma es de una ingenuidad solo comparable a la del aprendiz de brujo o a la de un delegado de curso bravucón y crecido. Es proverbial decir que la desamortización no sólo no acabó con los latifundios sino que agudizó la latifundización de lo que ya estaba latifundizado sin desminifundizar lo que estaba minifundizado.
Hace unos cuantos años, cuando me di cuenta de que tenía mucho más dinero del que necesitaba, consulté a una colega y sin embargo amiga muy vivida (que lo mismo te conoce los entresijos del tráfico de artículos de lujo a Cuba, que el funcionamiento de las misiones, que el de la diplomacia, que lo que le pongas). Assumpció se llama. Le pregunté a qué entidad podía confiar mi excedente o -mejor dicho- el excedente que yo estaba dispuesta a dar en caridad o (si se prefiere) solidaridariamente. Mi amiga me aconsejó que lo diera a Caritas Diocesiana y no he dejado de hacerlo. Unas veces más, otras menos. Aparte de que considero que las cuentas están muy claras, lo que me gusta de Caritas es que se va adaptando a los tiempos y va desplazando la ayuda allí donde detectan que hace falta (emigrantes que no entienden nuestras lenguas, niños por escolarizar, comedores, atención a enfermos o ancianos que están más solos que la una, terremotos, impago de alquileres, huracanes, familias desestructuradas, embarazos de adolescentes, monzones, etcétera). Que yo sepa no hacen una labor pastoral, por lo que los refractarios o discapacitados espirituales inveterados y los ateos más agrios y los escépticos pueden encontrar su acción como algo bastante exento de cargas doctrinales y por lo tanto nada reprobable.
Como se sabe, podría seguir aquí indefinidamente hasta llegar a los cerros de Úbeda o al quinto pino o a pasar por Valladolid como el Pisuerga, pero siempre abundando en los puntos propuestos, pero el calor es apabullante, y mi alma (“pobre barquilla mía”) está en otras cosas.

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