18.9.10

Las cadenas


”You see, I do something real good for three people. And then when they ask how they can pay it back, I say they have to pay it forward. To three more people. Each. So nine people get helped. Then those people have to do twenty-seven.” (*)
“Pay it forward” (Mimi Leder, 2000)




a película de Mimi Leder se proyectó en España como “Cadena de favores” y la frase corresponden a la explicación de un niño de 12 años: “Mira, hice algo realmente bueno por tres personas. Y luego cuando me preguntaron qué podían hacer por recompensarme, les dije que hicieran algo bueno a su vez. A tres personas más. Cada uno. Así nueve personas serían ayudadas. Entonces esos nueve tenían que hacerlo a veintisiete”.

La cadena de favores halla su doble exacto y perverso en las estafas y loterías piramidales: “En economía se conoce como pirámide a un esquema de negocios que se basa en que los participantes refieran a más clientes con el objetivo de que los nuevos participantes produzcan beneficios a los participantes originales. El nombre de pirámide se da porque se requiere que el número de participantes nuevos sean más que los existentes. Estas pirámides son consideradas estafas o timos y se conocen por muchos otros nombres tales como timos en pirámide, círculos de la plata, células de la abundancia o esquemas Ponzi.” (Wikipedia).

En las pirámides de estafadores cuanto más cerca se está de la cúspide más lejos se está de la saturación y sus peligros. El otro factor característico de las pirámides “malas”, sean abiertas o cerradas, es que se necesitan adeptos: “En el ejemplo, con una lista de 4 participantes y cada participante reclutando dos nuevas personas, el retorno esperado es de 1600%. Si la inversión es de $100, el retorno podría ser de $1.600. Este retorno se logra en la medida en la que los participantes puedan reclutar el número asignado de nuevos participantes y no existan trampas (como colocarse en un lugar más privilegiado de la lista). Esto requiere un crecimiento exponencial que rápidamente saturará la población objetivo.” Curiosamente el primer fraude piramidal en España se le atribuye a la hija del periodista Larra, Baldomera Larra Wetoret.

La cadena de favores de “Pay it forward” puede saturarse y puede que uno de los eslabones lo sea en dos niveles o más, puesto que es una “pirámide” abierta y no hay una jerarquía con alguien que posea toda la información. Además se supone que una cadena de favores es desinteresada y promueve el bien, mientras que las pirámides de abundancia persiguen un interés lucrativo y cuando son un timo se fundamentan en el engaño.

Cuando el otro día remitíamos a dos formas de exponer la realidad (la del fotograma de “La chienne” de Jean Renoir y la de la escena de “Playtime” de Jacques Tati) no pretendía afirmar que hay dos modelos que se concretan tal cual, sino que son tendencias. Así, el fotograma de “La chienne”, aunque presenta varios “niveles” de la realidad, es a costa de escamotearnos otros, como hace la fotógrafa de la escena de “Playtime”.

 
Trevor (Haley Joel Osment) en “Pay it forward” (Mimi Leder, 2000)

Otra pirámide o estrella —lo que quieran— que persigue a su manera la cohesión social es el “amiguismo“, el nepotismo y todas sus variantes. Ese nombre, “amiguismo”, sería su nombre más benigno. Por circunstancias de la vida que no tienen el menor interés un tiempo estuve en disposición de poder hacer “favores”. Por una parte yo podía hacer favores desde mi propia posición aventajada y por otra parte podría haber hecho favores por amiguismo. Y sin embargo escasísimas veces usé esa segunda facultad. Y cuando alguien me pedía un favor que no dependía de mí le decía indefectiblemente que lo que yo podía hacer por mí misma lo hacía siempre sin más y sin esperar un “pay me back“, pero si ya tenía que pedirle a alguien que lo hiciera para un tercero o un cuarto que no. Este razonamiento puede parecer muy antipático, pero yo tenía y tengo mis razones para defenderlo. 

Evidentemente, como con el ejemplo de Renoir-Tati, no hay que descartar nada categóricamente y siempre hay que dejar un margen en la costura, como hacen las modistas y los sastres. Precisamente, hablando de costuras y favores, una prima de mi madre, Cachucha, cuando salió de Cuba se quiso llevar prendidas en la ropa algunas joyas que tenía. La pillaron y la metieron en la prisión. Gracias a que había algunos revolucionarios gallegos, aparte de los Castro, y a través de los amigos (que hay que tenerlos hasta en el infierno) la dejaron marchar. Sin las alhajas, obviamente.

Con el tiempo, mi repugnancia por el amiguismo se ha acusado, como era de esperar. Y hasta advierto un tipo de personas que siempre tienen el teléfono a mano para abrir el camino a los demás y veo en ellos una conducta un tacto mafiosilla. Hay organizaciones o sectores de algunas organizaciones o instituciones que están prácticamente basadas en el amiguismo.  Incluso blogs. No se puede por lo tanto acceder a determinados servicios si no es entrando en esa red de favores debidos y prestados. Normalmente este tipo de personas se inclinan mucho ante la autoridad  y los cargos (“señor obispo, señor obispo” o, como decía José Luis López Vázquez mientras doblaba la espalda, “¡queridísimo director general!”). Como se suele decir, son pelotilleros y pueden ser chaqueteros. Aunque no tengan una posición elevada en su organización, consiguen una cierta permeabilidad social al administrar favores de abajo arriba y de arriba abajo. Me atrevo a aventurar que son personas que se han especializado en esa capacidad y que apenas se puede afirmar que pueden administrar favores de su propia cosecha. Hay algo como de complejo de inferioridad.


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