12.11.10

Dos sabores

El domingo pasado, por la visita de Benedicto XVI a Barcelona y la transmisión de la dedicación del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia como Basílica Menor, muchos televidentes pudimos ver el interior del transepto en todo su vértigo gracias a la spidercam o “cámara araña” que TV3 instaló para que recorriera en toda su alzada la obra. En el verano de 2008 ya me referí a mi opinión sobre la obra de la Sagrada Familia, en un post titulado “La originalidad”. Tendré que decir de antemano que los barceloneses solemos usar la obra de la Sagrada Familia para referirnos a algo que no se acaba nunca. Es decir, cuando queremos dar a entender que algo está durando o tardando mucho, decimos que cuesta más que la Sagrada Familia. Las razones que me hacen no reconocer en la Sagrada Familia ningún atractivo o –para no ser ingrata- muy pocos, son básicamente tres: que la obra se apartó hace tiempo del proyecto original de Antoni Gaudí, que está demasiado cargada de símbolos (más allá de lo que lo suelen estar todos los templos religiosos) y por último, que su ubicación me parece monstruosa. De esto también hablé en otro post: “Creo que soy una de las pocas barcinonenses o faventinas que piensa que la Sagrada Familia, tanto la que proyectó Gaudí  como la que se está fraguando en las hormigoneras, es un engendro que no pasa de ser un folly como el de Ferdinand Cheval. Lo que ocurre es que los follies suelen estar en lugares retirados, y el nuestro lo tenemos dentro de Barcelona. Así que por una vez estoy de acuerdo con José Gutiérrez Solana” (*).

Tanto el folly de Ferdinand Cheval, llamado Palais Idéal, como los templos hinduistas en los que parece estar inspirado, están todos en “plena” naturaleza, y sea porque nos hemos acostumbrado a ellos, sea porque no son tan aberrantes, nos parecen más armoniosos. Al parecer, según fue dicho estos días atrás, en el transepto de la Basílica cabría nuestra otra Basílica, la del Mar, entera, con pináculos, campanario y gárgolas incluidos. Cada cual tiene sus gustos, pero yo no me he dejado impresionar nunca por el tamaño, así como tampoco le he visto la gracia al desarrollo de “Las Meninas” de Velázquez en 3D o a las recreaciones de José Manuel Ballester en los “Espacios ocultos”, donde se representan “El Jardín de las delicias” de El Bosco, “La anunciación” de Fra Angelico, o el “Paisaje invernal” de Pieter Brueghel desprovistos de las figuras humanas, monstruosas y divinas de los originales. Está claro que lo que hace de la cúpula de Hagia Sophia una maravilla es su tamaño, creo, pero el tamaño no lo es todo. El arte no es sólo un espectáculo o una proeza. Ya sabemos que puede ser algo muy sencillo, lo mismo que un buen experimento científico no tiene por qué ser complicado. Insisto en que es mi opinión particular. Sí, hacer un Taj Mahal de palillos redondos es admirable, pero no necesariamente es arte.


 "Canestra di frutta" (Michelangelo Merisi di Caravaggio, ¿1599?)

odo esto era para referirme a la Granja Pallaresa (1947), en la Calle Petritxol. Apenas ha cambiado desde que yo iba a mis 18 años con asiduedad. En “Gracias, niebla” ya me referí a las granjas catalanas como establecimientos donde podemos comprar y degustar productos lácteos y la repostería asociada. Por el ángulo en que suelen estar tomadas sus fotos ya se advierte que la calle Petritxol es estrecha. Apenas tiene unos tres metros y parece que fue la primera calle peatonal de Barcelona. Una placa al lado de la Granja (o chocolatería) Pallaresa recuerda que ahí al lado ensayaba la soprano Montserrat Caballé en un estudio. Además en la calle hay otra “granja” o chocolatería (“Dulcinea”), que ya era una taberna en el año 1789 –según BCN gourmet- pero que empezó a ser una granja o vaquería el año 1930. Creo que el retrato que se ve al fondo de la entrada corresponde al dramaturgo Àngel Guimerà, pero en estos momentos no puedo asegurarlo. Más allá, tocando la calle del Pi estuvo hasta hace bien poco la Granja “La Xicra” (en español sería "La jícara"). Esta sucesión de granjas permitió al periodista J. Mª. Huertas Clavería darle a la calle Petritxol el nombre de “calle dulce” o carrer dolç.

Servidora es más de salado que de dulce, pero el menjar blanc reusense a base de almendras o el suizo (chocolate con nata por encima, por 2,85 €) de “La Pallaresa” con una ensaimada son muy reconstituyentes y deliciosos. El otro establecimiento de Barcelona con raigambre y recomendable a los golosos es la Horchatería Valenciana fundada en su anterior ubicación el año 1910. Allí es recomendable tomar unos fartons y un zumo de naranjas valencianas recién exprimidas.

Con las referencias a la Granja Viader en “Gracias, Niebla” y a estos otros establecimientos (“La Xicra”, “Dulcinea”, “La Pallaresa” y “Orxateria valenciana”) no doy por agotado el tema ni mucho menos. Sólo me permito apuntar dos datos más: el servicio es muy bueno y tradicional, atento, y casi nunca he visto en esos lugares turistas. Cuando más adelante hablemos de otras cafeterías y bares históricos de Barcelona, tendremos que decir que están llenos de turistas. Y es que con tanta Sagrada Familia ir a tomar un cortado (vasito de café con un poco de leche) es estar entre turistas y camareros que a veces apenas conocen los idiomas en los que nos movemos. En "La Pallaresa" no está permitido fumar y eso aumenta el disfrute de los sabores y los aromas.
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 Chocolatería Dulcinea (Calle Petritxol, Barcelona) | Foto: Aaoiue
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(*) “LA IGLESIA DE LA SAGRADA FAMILIA.
En el 1882 se empezaron las obras. A la entrada de la verja se ve esta fecha y, en la piedra, la tiara del papa y unas grandes llaves de San Pedro.
La iglesia de la Sagrada Familia es un edificio modernista que no tiene ni pies ni cabeza. Esta iglesia dicen que estará adornada de herrajes con formas obscenas y da la impresión de un modernista de melenas que se ha vuelto loco y dan ganas de preguntar cuál es la iglesia, pues su mérito mayor es ese de que no se sepa donde está la entrada. Hay unas torres llenas de agujeros inútiles sólo decorativos. Las columnas que sostienen el templo están aplastando a dos grandes tortugas que tienen los ojos fuera. También hay caracoles enormes sacando los cuernos al sol. En el pórtico hay gran cantidad de cabezas de burros y un racimo de figuras tocando la trompeta y aves de corral: gallinas, pollos, y faisanes; también hay una mezcla de rosarios y libros de misa”. José Gutiérrez-Solana, La España negra.

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