5.9.10

Post 497: Locos, jokers y comodines


AFOOT and light-hearted, I take to the open road,
Healthy, free, the world before me, The long brown path before me, leading wherever I choose.
Henceforth I ask not good-fortune—I myself am good fortune;
Henceforth I whimper no more, postpone no more, need nothing,
Strong and content, I travel the open road.
Walt Whitman, “Song of the open road”.


*
reí haber comentado algo antes sobre los naipes que me encuentro en la calle. Pero la primera vez que lo mencioné debe de estar en los comentarios y entre que los comentarios no son muy interrogables que digamos y que en uno de sus avatares o metáforas *ALFB tuvo que sacrificarlos (de aquella época en que había más que ahora), pues no lo encuentro. Sin embargo recuerdo perfectamente un comentario de Alejandro González Terriza al caso.
La cuestión es que reparé en esto de los naipes un año que encontré tres comodines seguidos, en diez o quince días. Se le comenté a un amigo mío y aquel año me regaló para mi cumpleaños una baraja de comodines que había ido reuniendo al mismo tiempo que hacía otra para él. Excuso decir que para reunir nuestras colecciones tuvo que dejar malparadas 48 barajas, detalle en el que prefiero no pensar. Y es que las barajas, sean españolas o de póker, suelen llevar dos comodines o jokers. Lo que no sé es si se utilizan en todos los juegos.  Me parece que no. Esa baraja, la mía, junto con los comodines que luego me he ido encontrando, la muestro al final del post. Por el mismo precio he reproducido también el reverso de cada naipe, que también tiene su interés al menos para mí.
Supe por mi amigo que hay muchos coleccionistas de comodines y él supo por mí que la única carta del tarot que ha trascendido o descendido a la baraja de arcanos llamados menores es “El Loco”. Hay tanta tinta y tanto bitio sobre el tarot y ya no digamos sobre “El Loco”,  que me abstengo de añadir más información. Yo solía manejar un libro de José Antonio Portela y también el que analiza carta por carta los arquetipos de Jung (*), pero prefiero ahí elaborar  y elucubrar un conocimiento intuitivo y puramente meditativo.
Aunque suelo decir que la carta que más me gusta del tarot es la de “La Estrella” en la versión de Marsella y en la de Rider-Waite,  también me gusta mucho la de Antonio Lupatelli para Lo Scarabeo (1994). De todas maneras la estética, la gran creatividad desplegada en torno al libro de Toth, no tiene que despistarnos. En el vídeo que sigue expongo una muestra de los locos que he encontrado en internet, aunque he desechado los que quedan muy lejos de mi sensibilidad o de mi comprensión o afinidad. El loco de Visconti-Sforza, el más antiguo conservado, de 1450, muy crístico, es el que más me impresiona ahora porque esto va así. “La Estrella” para mí es una soledad que no tiene nada que ver con la de “El Ermitaño” ni la de “El Loco”, iniciática. Todos y cada uno de los símbolos que participan en esos arcanos están analizados e incluso encarados entre ellos hasta lo inimaginable y el paroxismo.
“El Loco” para mí es el ser que camina, ligero de equipaje, no como los hijos del mar sino como en “Song of the Open Road”,  lighthearted,  de Walt Whitman. “El Loco”, dicen, es la única carta que no lleva número o que lleva el número 0 o el 22 porque no tiene un lugar asignado y de hecho su quehacer es viajar a través del mapa de todos los 21 arquetipos del resto del libro. También lo fundamental en el Loco es su alegría esencial, como la de Shiva Nataraja, el Shiva danzante de la mitología hindú.