20.11.11

Las cosas como son

"¡Luz, más luz!"
J.W. Goethe

yer pude visitar la exposición sobre la Colección Clark en CaixaForum, que finalmente ya llegó a Barcelona.  La Colección de Sterling y Francine Clark fue posible básicamente gracias al imperio de máquinas de coser Singer. Hubo un momento en que en casi todas las casas que no eran de pobres de solemnidad había una máquina de coser y duraba toda la vida. Si una máquina de coser se cuidaba mínimamente y se aceitaban sus engranajes de tanto en vez, la tenía uno para toda la vida. Yo conozco personas que cosen con las máquinas que usaron sus abuelas. Así que se diría que como negocio de dinero fácil no es. Estoy pensando en el ordenador que tuve previo al actual, que me duró un año. Un Toshiba estupendísimo. Pues colapso eléctrico. Puede salvar el disco duro y lo demás lo llevé al Punto Verde. Y sin embargo, bromas aparte, la "vaca" de Singer -a pesar de no  contar con la obsolescencia programada que nos es tan odiosa- dio para comprar un montón de renoirs y de cuadros de otros maestros franceses relacionados con la escuela de Barbizon o la impresionista.
La exposición es radicalmente bella y la contemplación de  las peonías o las cebollas de Renoir no satura los sentidos al punto de no poder pasar a los crisantemos de Tissot sin recibir intactas todas las sensaciones que nos ofrece.  Aunque en el prólogo del catálogo íntegro, que cuesta 30€, se habla de cómo los Clark fueron adquiriendo las obras y hay varias menciones a Auguste Renoir, no se dice nada de si las compraron a su hijo, el cineasta Jean Renoir o si lo hicieron a través de marchantes. Y es que, ya lo dijimos aquí, Jean Renoir reconoce en su autobiografía haber tenido que vender varios cuadros de su padre para poder él hacer sus no menos maravillosas películas. Tenía que estar muy seguro de su talento. O simplemente era incuestionable poder sacrificar unos cuadros que ya estaban pintados por unas películas que todavía no se habían hecho. Como Jean Renoir hace años que ya no vive, me temo que más que por buen gusto, la superficialidad del prólogo es pura inercia, que no inepcia. Y sin embargo pienso que Ganz y Brettell (que no Haensel y Grettel) cuentan con la documentación de las transacciones.
Renoir, que parece que raramente usó el color negro, y que tenía una paleta tan alegre y carnosa, contrasta con todos y especialmente, se diría, con Camille Pissarro. En la exposición se puede ver un cuadro titulado "Camino - Efecto de lluvia" que me atrajo especialmente. Tal vez porque ayer fue un día lluvioso y noviembre es un mes particularmente duro para los heliotrópicos. Los diversos cuadros de Pissarro sobre el Boulevard Montmartre, en invierno, en primavera, con lluvia, de noche, dan buena cuenta de su dominio de la luz.
Fox hill, Upper Norwood (Camille Pissarro, 1870). National Gallery (Londres)
Aparentemente todos los cuadros sobre Montmartre están pintados desde el mismo punto (la habitación de un hotel [*]) y parece que todos tienen su propia atmósfera, una animación que depende de la parte del día o del año por la que se estaba pasando.
A veces, en estos días oscuros de otoño, parece que la ciudad está más hundida en su densa fealdad -para mí Barcelona es casi siempre fea además de hedionda- y parece que el cielo es más ingrávido y más luminoso de lo que suele. Quiero pensar que todas las evidencias que he tenido días atrás eran una preparación de mis sentidos para apreciar mejor estos paisajes y la luz. O no. No lo sé. La "verdad" es mejor que cualquier cosa, pero digamos que estos días hubo un obsceno exceso de verdad. Mejor es la realidad que la verdad. La que descorazona y nos habla de lo poquito que se puede hacer aparte de vivir.



Hoy comamos y bebamos (Juan del Enzina)

"Las cosas como son" está amparado por SafeCreative #1111200559669

__________
[*] "In his older age Pissarro suffered form a recurring eye infection that prevented him from working outdoors except in warm weather. As a result of this disability, he began painting outdoor scenes while sitting by the window of hotel rooms. He often chose hotel rooms on upper levels to get a broader view. He moved around northern France and painted from hotels in Rouen, Paris, Le Havre and Dieppe. On his visits to London, he would do the same." (Wikipedia)

2 comentarios:

  1. Colecciono relojes y estilográficas pero de forma discreta, sin abundancia ni en número ni en valor, excepto una honrosa excepción. Me apasionan, fundamentalmente aquello que no se ve frente a lo obvio.
    De los relojes me gustan sus complicaciones, el sonido mecánico, su aparente simplicidad, las cosas bien hechas que no las más caras ni lujosas, sino a las que se les ha brindado mimo y atención. Las piezas antiguas son siempre las que mejor funcionan, incluso las plumas usadas por segundos y hasta terceros, tienen una escritura impecable.
    De bolsillo sólo tengo algún ejemplar de mi padre que por supuesto funciona; el Casio de "batalla" de mi hijo ya no.
    El arte bien hecho es eterno, el "otro" cae en el olvido por mucho que alguien pague por él.

    ResponderEliminar
  2. Otra cosa en común. Lo mío con los relojes ya lo estoy metiendo en vereda, pero me encantan. Mi última adquisición es uno de esfera rosa. Mi familia considera esta afición mía con preocupación, irritación e indignación incluso, porque no entienden para qué quiero tantos relojes.
    Más que por las plumas tengo verdadera manía con los lápices. He hecho comprar a una amiga mía una caja entera de Ticonderoga 2H en Nueva York y eso que ya tenía 5 en casa intactos. Me causa horror la mera idea de quedarme sin, cuando lo terrible sería quedarse sin papel o sin electricidad. Es una estupidez, porque puedo comprar una partida en internet... Normalmente escribo con una Pelikan o una Lamy pero de plumilla caligráfica, así que gasto un dineral en tinta, pero como no escribo mucho a mano lo doy por bien gastado.

    Si algún día tengo un golpe de suerte llevaré a Maurer el reloj que regalaron a mi abuelo sus amigos irlandeses, también en NY, a principios del siglo pasado. Pienso que es el único relojero fiable que tenemos en Barcelona. Caros lo son todos, pero Maurer es bueno. El reloj de mi abuelo no se mueve y eso me da mucha pena. Ya sé que hay cosas peores que un reloj parado, claro.

    Pissarro hay que mirarlo con más calma. Curioso que acabara con una afección de la vista, y que Renoir acabara reumático perdido. A veces pienso que es por eso por lo que yo toco varias "teclas".

    Un saludo y mi afecto,
    M.

    ResponderEliminar