14.11.11

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olo he viajado 3 veces a América: una a La Habana pasando por Canadá, otra a Toronto pasando por Alemania y otra a Nueva York. Ya la primera vez me di cuenta de que había incurrido en un error irreparable, el de haber salvado o se diría que roto la distancia que hay entre dos continentes de la manera más tonta. A partir de entonces, el mundo se me hizo pequeño y aunque soy una de esas personas que sufre de jet lag cuando vuelve de Galicia todas las distancias me parecen pocas. Lo único que consigue tranquilizarme un poco es caminar.  Hoy que se ha difundido un montaje fabricado con imágenes de la Estación Espacial Internacional, todo me va pareciendo además de pequeño definitivamente más rápido. He incrustrado el vídeo también en pequeño para que no resulte más desagradable de lo que es. Yo sé que hay gente que puede y quiere ir a pasar un fin de semana a Bangkok, o cenar en Londres, por decir algo, porque Londres no parece que pueda ser el mejor sitio donde ir a cenar, como no sea a un restaurante en concreto o por acercarse a The Fat Duck, donde deben estar aún con aquellas vieiras servidas con I-Pod como toda guarnición.

 

Estuve mirando el otro día los horarios y las tarifas de los Ferries que van a Portsmouth desde Santander y a Plymouth desde Bilbao y en mi hipótesis la ida y vuelta salía por 210 £/persona, sin coche. Supongo que habrán ofertas, temporadas bajas y todo lo que se nos pueda ocurrir, pero el precio es considerable. El trayecto se cubre en 24 horas, por lo cual se tiene que hacer en cabina y es altamente desaconsejable pagar con una tarjeta de crédito que no sea británica. Después hay que tomar un tren. Con todo y con eso tengo que ir considerando la posibilidad de organizar una visita a Londres por ese camino, puesto que al final estoy decidida a ir. No fui a Londres ni siquiera cuando vivía mi amiga Mª Luz Braga, que ya es decir, sobre todo porque llegué a comprar en dos ocasiones los pasajes, pero ahora tengo la necesidad de ver unos museos determinados y espero poder hacerlo el año que viene. Una de las rarezas que creo que se encuentran en el Natural History Museum es un dodo disecado. Según la Wikipedia, el dodo se extinguió en el siglo XVII y no fue por causas naturales o divinas, sino por la acción humana. En su día no incluímos el dodo entre las aves no voladoras del post Tres gracias de nada (ñandú, casuario, gallina, pingüino y kiwi). Creo recordar que alguien hubo que discrepó y dijo que las gallinas volaban, pero como lo hacen en condiciones extremas y un tanto desconcertamente, como en propulsión, las dejaremos estar con esas otras maravillosas especies, aunque ya sabemos que nunca serán trending topic.
Para los curiosos, cabe recordar que aparece un dodo o raphus cucullatus en el escudo de armas (?) de la Isla Mauricio y en Alicia en el País de las Maravillas. Los dodos anidaban en el suelo, de manera que cuando los portugueses conquistaron el Índico, introdujeron con sus barcos ratas y gatos que se alimentaron de los huevos que ponían estas aves. Aunque su carne no parece que fuera muy preciada, a juzgar por los nombres que le dieron los ingleses y los holandeses, era fácil apresarlos, tan fácil que se les llamaba "tontos" y en portugués "dodos", que les viene siendo lo mismo. Tal vez los animalitos vivían confiados porque no conocían el peligro y ese fue su fin.

"Raphus cucullatus" (Roelandt Savery, 1626)

Esta mañana me acordaba de las gaviotas, ave que me desagrada profundamente por la cantidad de malas noches que me han dado las colonias de Finisterre/Fisterra. Volarán como nadie, pero son capaces de descartar una tripa por un condón. No sirven ni ya ni para carroñeras, de lo desnortadas que están las pobres. Me acordaba de las gaviotas porque hace unos días apareció la palabra "tecnócrata" no sé donde, tal vez por la crisis de gobierno en Italia, y ahora "tecnócrata" es una palabra que está en todas partes. "Tecnócrata" por aquí, "tecnócrata" por allá. Y he observado que las gaviotas son así. Es decir, de repente una gaviota grazna "grrrrrah" y su coro empieza "grrrrrah, grrrrrah, grrrrrah, grrrrrah, GRRRRAH, grrrrrah, grrrrrah, grrrrrah, GRRRRAH". De repente, silencio. Otra vez, "grrrrah", y otra vez "grrrrrah, grrrrrah, grrrrrah, grrrrrah, GRRRRAH, grrrrrah, grrrrrah, grrrrrah, GRRRRAH". Lo sé de veras porque me he pasado así muchas noches enteras.


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5 comentarios:

  1. Me estoy haciendo una breve lista de mínimos a cumplir no muy tarde, y entre de ellas se encuentra viajar a América (con toda su amplitud), aunque me falta París, Berlín, Roma (que no la conozco de Italia) y Siracusa a modo de capricho, entre otras muchas otras partes.
    ¡Qué inmenso es este mundo!

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  2. Aunque este mes de julio pasado estuve 3 días con sus 3 noches en Berlín no paró de llover y no pude ver lo que yo considero fundamental: el ambiente. Excusa para volver. París y Roma me las conozco medio bien porque he estado 3 veces en cada una de ellas. Adoro Roma. No me importaría nada vivir en Roma una buena temporada. Si me pierdo es que estoy allí. Nueva York también me gusta mucho pero es invivible, je je. Pienso, vaya.

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  3. Buenas noches,

    Estaba haciendo una historia de mi familia y he leido que tu bisabuela era Carmen Marcote, creo que podríamos ser familia lejana. Podria contactar contigo por algún método para compartir información?

    Un saludo

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  4. Podríamos. Lo que ocurre es que no tengo ninguna información. De mi bisabuela tengo la llave de hierro de un baúl que ya no existe, nada más. Mi correo-e es aaoiue@gmail.com. Un saludo, Marta

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  5. Me acabo de dar cuenta que cometí por lo menos un error, mi bisabuela no se podía apellidar Marcote sino Canosa (Marcote era su marido, el padre de mi abuela, Josefa Marcote Canosa). Se llamaba Carmen Canosa Valdomar y era hija de Pablo Canosa. :-)

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