15.5.12

Perdón

"No pido perdón,
¿para qué? si me va a perdonar
porque ya no le importa..."
Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches

stuve estos días fabricándome un mix para cuando salgo a hacer ejercicio, con música con mucho ritmo y demás. El segundo día que lo usé, tal vez porque era lunes, me dio por atender a la letra y pocas canciones soportaban el más mínimo análisis racional. No ya por las variaciones sobre el mismo tema, en torno a "sin tí no puedo vivir" o "sin tí no soy nada" o "quiero que vivas solo para mí" sino por otros razonamientos de la esfera llena de aristas del desamor. Pero si examinamos con ojo crítico las ideas en que abunda el patrimonio musical de Occidente, incluso el operístico, encontraríamos buenos ejemplos de la perpetuación de ideas  y costumbres amorosas que son además de un error un horror.
Hay gente que da las gracias y pide perdón al tuntún. Al parecer en la cultura japonesa tradicional dar las gracias a lo tonto puede producir una situación embarazosa puesto que el agradecimiento supone reconocer que se ha recibido algo y coloca al que lo da en una condición incómoda. Por lo tanto me figuro que se adoptan modos y maneras para de alguna manera darse por agasajado o lo que sea pero no hasta el punto de sonrojar al que nos favoreció y arrojarlo en un estado poco honorable de que le debemos algo o de que lo que nos hizo o nos dio excede lo que era debido. No conozco más que muy superficialmente los usos del Japón, pero sé que lo de los regalos está muy codificado, cosa que por otra parte nos releva de tener que pensar qué regalar en cada ocasión. Pues lo mismo debe ocurrir con el agradecimiento. Y me figuro que con el perdón. Alguna forma de perdón habrá, puesto que parece que el perdón es una noción común a todas las religiones.
Siempre he experimentado el perdón sobre todo como una experiencia íntima, aunque no tengo ninguna dificultad en mostrar mi pesar cuando me he equivocado de medio a medio o he hecho algo mal hecho. Pedir perdón tiene el valor de demostrar que se siente lo que ha sentido el otro y tiene el valor de permitir aclarar un conflicto. Usarlo para pedir permiso para seguir molestando es una de las perversiones más frecuentes. Usarlo con despreocupación, como si  depusiéramos en los demás la condonación de nuestras responsabilidades, otra.
A veces todo esto me resulta parecido a cuando alguien afirma "fulanito es inteligente" o "menganita es más inteligente que zutanita". Y es que para decir algo así puede uno creer tener a su vez una cierta inteligencia ¿Cómo, de otra manera, sería capaz de valorar la inteligencia ajena? Podría hacerlo desde la admiración, se me dirá. Pero muchas veces esa valoración ocurre desde la aprobación o la presunción. Le damos el Premio Cervantes a Ana Mª Matute y no el Premio Ana Mª Matute a Cervantes. Y pienso que pedir perdón en algunas personas es una forma de transferir el "problema", como si además al tomar la iniciativa se arrogara una cierta superioridad afectiva, moral o religiosa ante la que no hubiera más respuesta que la aceptación incondicional.
Aunque alguna vez sabemos por la prensa de algún indulto, lo que más vemos en las noticias son venganzas y es que generalmente, como dije atrás, el perdón es sobre todo una experiencia íntima, por heroica que sea.

Fotografía de Gregory Colbert

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1 comentario:

  1. En cualquier caso lo más importante para mí siempre son los actos, incluso cuando -como suele ocurrir- los contradicen las palabras.

    Bueno, si tomamos la "compasión" en su sentido original, de "padecer o apasionarse con", vamos más allá de la comprensión, que no está en sí nada mal, todo lo contrario. Por eso, supongo, decía la poema "no llores por mí, llora conmigo". Pero es difícil reintegrarle ya a compadecerse el sentido primigenio, puesto que está cargado de lástima y demás.

    Pienso que cuanto más de igual a igual es el trato entre dos personas, mejor nos va.

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