12.6.12

Cebollitas, bengalas y triquitraques

"Cuando Ben estuvo rendido, Tom había negociado ya la próxima oportunidad con Billi Fisher por una cometa en buen estado, y cuando esté se cansó, Johnny Miller le compró el puesto por una rata muerta y un cordel para balancearla. Así se iban sucediendo los chicos, hora tras hora. Y cuando mediaba la tarde, de ser un pobre chico hundido en la miseria por la mañana, Tom había pasado a nadar en riquezas. Poseía, además de las cosas que he mencionado, doce canicas, parte de un birimbao, un trozo de cristal de botella azul, que le servía de lente, un cañón hecho de un carrete, una llave que no abría nada, un fragmento de tiza, un tapón de cristal de una garrafa, un soldado de estaño, un par de renacuajos, seis triquitraques, un minino muerto, un picaporte de latón, un collar de perro -pero sin perro-, el puño de un cuchillo, cuatro trozos de pellejo de naranja y un viejo bastidor dilapidado de una ventana de guillotina".
Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer
raigo hoy al álbum un recuerdo. Propiamente el triquitraque al que se refiere Mark Twain cuando enumera los tesoros que Tom Sawyer consigue a cambio de que le pinten la valla de tablas sería más bien una especie de traca, aunque algunos le llaman triquitraque a los mistos de la imagen de hoy. Verdaderamente la pirotecnia es otro de los temas que se me escapan, aunque sí recuerdo haber usado los rasca-rasca. Y es que los rasca-rasca eran lo más parecido a los fuegos artificiales que nos dejaban usar a los más pequeños y a las niñas, para quien también estaban las bengalas y las cebollitas o "bombetas" y poco más. Como a algún niño le dio por comerse los mistos y al parecer eran altamente tóxicos, los acabaron por prohibir en los ochenta, pero estoy segura de que aún hay mucha gente que los recuerda bien. Se frotaban contra la pared y producían chispas y una fulgurante incandescencia que duraba poco, pero todo iba junto al olor inconfundible del fósforo y el chasquido de las centellas y la sensación era intensa y rotunda. Había que separarlos de uno en uno, habrá que aclarar. Pero no hará falta que añada que pasaba como con las cebollitas, que en la noche de San Juan se echaban a la hoguera para añadir más vida al fuego.
El negocio que hizo Tom Sawyer fue a consecuencia de convertir lo que era un castigo en algo envidiable. Es decir, consigue que sus amigos se desvivan por hacer lo que a él le tocaba hacer por haberse portado mal, pintar una valla de treinta yardas (unos 28 metros), y que incluso pagaran por hacerlo. Aunque este libro lo leí en mi niñez varias veces soy consciente de que no le saqué todo su jugo, de que debería haber aprendido más. En cualquier caso todo cuanto consigue reunir Tom tiene todo lo más el valor que tienen las cosas en la infancia. O tenían, que esto no lo sé, puesto que veo que los niños llevan ahora objetos hasta sofisticados y muy tecnológicos. No obstante, hasta donde yo recuerdo, las cosas que solíamos acumular niños y niños hace más de 40 años eran normalmente lo que los adultos llaman "caca".
En mi barrio, cuando hay más de dos días seguidos de fiesta mucha gente hace limpieza de cajones o armarios y se ven restos de cosméticos o de juegos o de libros o de apuntes u otros cachivaches varios. También es fácil distinguir cuando tiran cosas que pertenecieron a una vieja o un viejo. Las cosas que pertenecen o pertenecieron a los niños tienen su impronta, su huella. Ellos además organizan las cosas de una manera muy especial. Así también los ancianos. Cuando murió mi padre dejó bien poca cosa, de lo que destacaría unos recortes de prensa con victorias del Depor. Nunca antes los habíamos visto, pero los tenía como oro en paño.
Los ajuares de las novias de antes, los tesoros almacenados en la cueva de Alí Baba, los álbumes de los coleccionistas pertenecen a otra dimensión y poco tienen que ver con esos trozos de nuestra vida a los que ni siquiera nos aferramos ni nadie tomará interés en heredar ni en robar. 
Estos días se muestra en el Monasterio benedictino de Montserrat una exposición temporal con los donativos recibidos entre los años 2010 y 2012. Hay importantes obras de arte, de las que Francesc Fontbona hace una breve reseña en el semanario "El Temps". Creo que fue el abad de Montserrat, o tal vez alguno de los monjes designado como conservador, a quien hace unos días le oí en la radio aclarar que mucha gente desea legar su patrimonio artístico a Montserrat porque consideran que la Iglesia es una institución duradera. Más allá de que es cierto que sí, que tiene más de 2000 años, lo que se señalaba sobre todo es la cuestión de que además de duradera es estable. Hay gente que también le donaría al Barça sus cosas, antes que dárselas a la Generalitat de Catalunya o al Estado, o a sus sobrinos, los cuales a lo mejor o peor no las van a apreciar en su valor. Otros se las llevarían al otro mundo, pero no pueden.

 Imagen de "Fósforos de rascar" (El Kiosko de Akela)

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