4.6.12

Con pasión

ue el 19 de junio de 1987 en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona, cuando Joaquín Sabina dio uno de sus conciertos en Barcelona, que tantos no ha habido. Y es difícil de olvidar porque ese día hubo el atentado terrorista de Hipercor de Meridiana, perpetrado por la banda terrorista ETA. Hubo 19 muertos y 45 heridos "de diversa consideración". Me acuerdo de que era un viernes por la tarde y yo hacía dos años que trabajaba en el Hospital de Bellvitge. Nos trajeron algunos heridos por error, puesto que en Bellvitge no se pueden atender quemados, los llamados "grandes quemados", puesto que el hospital de referencia es el de Vall Hebron. Cosa que simplemente demuestra aquello de que con solo buena intención no podemos ayudar, que además hay que saber. Fui al concierto con mi colega de la Biblioteca del Hospital Vall Hebron, por lo que sé de muy buena fuente qué ocurrió poco más o menos en su Hospital, sobre lo que guardaré la más completa discreción.
A pesar de que fue uno de los ataques más atroces de ETA que se recuerden, yo recuerdo que algunas personas lo justificaban en razones de signo nacionalista. A nadie le extrañó que Sabina no condenara el atentado y a nadie se le ocurrió que lo suspendiera. Tal vez yo soy la única persona de toda la plaza de toros que reparó en ese pequeño detalle. Ese detalle me hizo sentir muy incómoda y algo conmocionada por la falta de sensibilidad hacia las víctimas de la deflagración y la asfixia. Pero quiero hacer constar que la tarde de los atentados de las Torres Gemelas me fui a ver "Mejor imposible", película que tal vez por esa razón siempre recuerdo como "Peor imposible".
Y estamos como en la Rue del Percebe, aquel bloque que salía en la contracubierta del TBO que dejaba ver todos los pisos con sus habitantes, en cada casa hay un mundo. Vivimos casi que en compartimientos estancos y apenas nos afectan las desgracias y las alegrías de los demás. De tal manera que como en aquella canción que compuso Julio Iglesias, , "unos que nacen, otros morirán", "La vida sigue igual". Y sin embargo, cada día, cuando abandono el hospital por la noche, pienso que "yo me puedo marchar" y que por difícil que haya sido la tarde siempre habrán otros que están peor. Idea que también suele suscitar la desgracia ajena, además de la comprensión y la compasión
Aunque la compasión tiene muy mala prensa y peor fotogenia, como de beatona farisaica, yo la defiendo con base etimológica, que es algo tan descabellado como si yo -con la mala puntería que tengo- quisiera ganar al billar haciendo un cálculo de probabilidades y dominando las carambolas y los ángulos matemáticamente. No, miren, la compasión es literalmente "padecer con", "dolerse con", "sentir con", porque tiene la misma raíz que "simpático" o "antipático"  mientras que la comprensión es algo que está muy bien pero que no va más allá de lo que alcanza la inteligencia, la voluntad, la memoria, la imaginación, cosas así.  Tal vez las personas (volviendo al principio del post) estemos mejor dispuestas a ayudar cuando no estamos emocionalmente implicadas con alguien, y tal vez haya personas que estén también mejor predispuestas a ser ayudadas, pero nunca podrá la comprensión ser una alternativa al compadecimiento y a la pasión compartida. Tendrían que cambiar muchas cosas en el mundo. Más.

"Elyssa", The Julie Project. (Fotografía de Darcy Padilla (Premio Eugene Smith 2010)

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