11.6.12

Las puertas de los campos (2)

«"Se ha detenido la hemorragia pero se deberá continuar actuando y aplicando la medicina para curar al enfermo", ha indicado en rueda de prensa desde la Generalitat tras una reunión del presidente catalán, Artur Mas, con los líderes sindicales Cándido Méndez (UGT) e Ignacio Fernández Toxo (CC.OO.)» ("La Vanguardia" recogiendo las declaraciones del portavoz de la Generalitat de Catalunya, Francesc Homs)
n el modismo del día, sección que le hemos abierto a la Generalitat de Catalunya, a su President, al portavoz y a algunos consellers, hoy seguimos con nuevas muestras del lenguaje figurado y su empobrecimiento. Me recuerda al rollo de la manzana podrida que nos largaba el director del colegio el día de su cumpleaños.

Pasando del lenguaje connotativo al que solo pretende ser denotativo, seguimos a lo nuestro. A la entrada de los Jardines Costa i Llobera, en el Parque de Montjuïc, hay varias matas de lantana de dos colores naranja-rojo y rosa-amarillo. Estas últimas, que son la imagen de hoy en el álbum,  recuerdan los helados de vainilla y fresa clásicos. En mi visita inesperada el domingo pasado a los Jardines Joan Maragall, que rodean el Palacete Albéniz, me sorprendió gratamente el buen estado de las plantas. A principios de 2011 tomé varias fotos de este otro jardín de cactáceas o xerojardín, con las que hice un clip que está en Youtube. El jardín mostraba un imagen inmejorable. Lo acababan de abrir tras 3 años de obligado cierre a causa de un desmonte brutal del terreno, que sucumbió a una bolsa de agua o algo así. Ahora presenta un descuido y un abandono que tampoco son normales. Se dirá que habiendo lo que hay en la Sanidad y en la Enseñanza, los famosos recortes no se iban a notar menos en los parques públicos y sus florecillas. Y sin embargo, el deterioro que salta a la vista en poco más de un año, me permite suponer que no todo lo ha hecho la naturaleza. Los Jardines de Miramar, que están a la entrada, en una planicie antes del morro bajo el cual está el microclima de los de Costa i Llobera, no están mejor. Tal vez las rosas, las fimosias, las brugmansias, las jacarandas, los ombús, el olivo de Bohemia y el roble australiano resisten mejor el abandono. Los cactus no. Nadie lo diría.
En los jardines Miramar hay un hotel que amplía el edificio en el que se alojó la sede de RTVE en Barcelona. También está el telesférico que baja hasta el puerto (Torre de San Sebastián, en el Paseo Juan de Borbón), que no hay que confundir con el moderno teleférico ni con el funicular que enlaza con el metro de Paral·lel. Pero, claro, el Palacete Albéniz además de ser la residencia oficial del Rey en Barcelona cuando viene, es un lugar donde se celebran recepciones oficiales. De ahí su cuidado, supongo.
Los contrastes que van de un jardín a otro, de una parte de Barcelona a otra, con unas calles barridas y fregadas hasta el paroxismo y otras en las que una colilla o un calcetín de tenis como los que lleva Bob Esponja puede estar años atrancada en un rincón, serían -por poner un nombre- los contrastes de latitud. Mi calle, que está no ya en el límite de dos barrios, sino de dos distritos, tiene un lado impar que tiene más mierda que el palo de un gallinero, pero el lado par (que pertenece al otro distrito) está mejor y por no tener no tiene ni coches aparcados.
Yo -aunque mi opinión no vale un comino-ni siquiera creo en que se puedan justificar más mejoras en el dichoso corredor del Mediterráneo porque ya está desarrollado, sino que más bien creo en un sistema de comunicación más igualitario y equitativo aunque no sea tan rápido. Se habla mucho del AVE, que por cierto gasta muchísima electricidad, cuando a lo mejor a nuestro país le convenía más una red de buenos trenes rápidos y seguros sin más. No hace falta que corran a 300 km por hora. A lo mejor, con ir a 200 todos ya hacíamos. Total, como ya intenté exponer el viernes, los que tienen más prisa (partiendo de la base de que su tiempo vale más y es mucho mejor) suelen tener más poder y ya encuentran situaciones ventajosas. En la estación de Sants el vestíbulo al AVE es tan privilegiado, que se ha comido media estación y no hay que subir ni bajar ni un peldaño, pero eso es a costa de que las otras líneas de cercanías y de largo recorrido han perdido espacio y accesibilidad.
Además, tenemos los contrastes detiempo, claro. Hace unos días, Carmen Vela, secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, tuvo una de sus desafortunadas declaraciones, en la que por una vez yo creí estar algo de acuerdo con ella. Decía poco más o menos, si me permiten la imprecisión, que tenían que hacerse menos edificios y sin embargo dotar mejor lo que ya había: «Todo el dinero irá al investigador, no a edificios ni estructuras administrativas». Y en lo que estoy de acuerdo, y hablo desde mi modesta experiencia como trabajadora en la Sanidad Pública en diversos frentes (docencia, gestión, asistencia, investigación) es en que se va mucho dinero en construir. Y a veces se va incluso a raudales y se escapa entre los dedos y en los forros de los bolsillos, por adoptar ese lenguaje que ya hemos dicho que no nos gusta, de modismos. 
Es un mal consabido de la administración pública que se abren chiringos y que luego no se mantienen y quedan como aquellos japoneses de la guerra del Pacífico, los san ryu scha, que estuvieron escondidos años porque nadie les había podido avisar de que la guerra en la que participaban hacía tiempo que se había acabado. No podían hacer frente al deshonor (bushido) de la rendición y tampoco nadie los buscó. Y así hay bibliotecas no dotadas, hospitales con obras de ampliación que "cierran" camas, investigadores sin ratas, ratas sin investigadores y todo cuanto se les ocurra. En un momento dado hay una inauguración que alguien se pone en su haber, incluso hasta dos y tres veces, aprovechando ínfimas reformas hasta nominales, y luego aquello se muere de asco. Esperemos que el Jardín Costa i Llobera aguante los recortes.

Lantana Camara. Jardins Costa i Llobera (Montjuïc, Barcelona)

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