18.8.12

A zaga de tu huella

"Nosotros creemos pues, que el hombre verdaderamente bueno
y prudente soporta dignamente todas las vicisitudes de la fortuna
y actúa siempre de la mejor manera posible, en cualquier
circunstancia".
Aristóteles, Ética nicomáquea

 zaga de tu huella" leemos en el Cántico, ese poema admirable que cada día aprecio más y más. Miralles, un profesor de Literatura de los Siglos de Oro que tuvimos en la Facultad, nos decía que está entre las cinco primeras obras literarias mejores de la humanidad. Yo aún diría más, pero como en aquel momento no se me ocurrió preguntar cuales eran las otras cuatro obras, ya pasó la ocasión. También se suele decir que en la literatura hispánica en lengua castellana hay una gradación desde Herrera, pasando por Garcilaso, hasta llegar a San Juan de la Cruz, donde cada vez la lengua se hace más luminosa. Y es cierto que Herrera es más recio, si lo comparamos con San Juan. Pero para cuando yo ya conocía a los tres autores descubrí -es un decir- los Milagros de Nuestra Señora y ahí me parecía tocar la medula del castellano antiguo. 
En todo esto pensaba y me perdía ayer cuando pretendía decidirme por estudiar este año gallego o italiano. Sopesaba entre otras cuestiones que el gallego se ha convertido en una lengua invivible con una presión normativa tan atenazante o más que la que se cierne sobre el catalán. En Cataluña se confunde la norma con la lengua. Yo en Galicia hubiera seguido la huella de Álvaro Cunqueiro, que para que ustedes se sitúen es el equivalente de Josep Pla en casi todo, incluso en su saber gastronómico. Hace nada pude ver un vídeo de un periodista gallego que habla un registro normativo supongo que correctísimo pero sin ningún acento. Ni sombra de lenición celta, ni una gheada ni que fuera con ínfulas expresivas, nada, todo de acuerdo con el gallego de TVG. Se debió desprender del acento porque nunca lo tuvo y porque anda mucho por la villa y corte y allí el acento podría ser un lastre a no ser para cuando se habla de mariscos y esas cosas entrañables que se han reservado para mi terruño y para las sobremesas. Yo conozco a personas que han vivido muchos años en Galicia y que aún no saben distinguir entre quienes les intentaban hablar en español y quienes hablaban en gallego. Es una de las cosas que me apenan porque revela una insensibilidad lingüística brutal y un complejo lingüístico no menos lamentable. Para los que nunca hablaron gallego (por no parecer rústicos) me imagino que les resultó más fácil incorporarse a esa norma que aborrezco y que en el fondo no deja de ser como el llamado "italiano de la RAI", que es otro engendro pero que en realidad por lo menos tenía su apoyo en Dante y Petrarca, en el dialecto de la Toscana prevalente.
Pero el tema de hoy no es mi elección sino la tiranía de los medios, una especie de desnaturalización de la realidad. Hoy hojeé el diario haciendo calas en el caso Assange, en el de las rusas punk sacrílegas y el tercer grado para uno de los etarras que tuvo a Ortega Lara 532 días en un zulo que para quien lo fue a ver hubo un antes y un después en su vida. Me doy cuenta, nos damos cuenta, de que todo eso si no fuera por la tele o no sería igual o incluso ni sería. Lo de las rusas y lo de Assange, especialmente en manos del exjuez Garzón metido a abogado, ni sería. Una de las punks se ha puesto para el caso una t-shirt con el emblema "No pasarán". Una puesta a punto televisiva impecable. Si hasta Sánchez Gordillo y el SAT se presentaron en los supermercados ya con las cámaras de la televisión preparadas ¿Y qué hubiera sido del 15M si no se le hubiera dado la cobertura que se le dio?
Creo en la espontaneidad, sí, a pesar de todo. Recuerdo cuando el 11M, que una médica fuenlabreña de nuestro Hospital de Bellvitge (Eva Rodríguez) estaba allí creo que por asuntos familiares. Y hasta creo que estaba ya para entonces embarazada de pocos meses. Prudentemente, unos días después de la masacre la telefoneé y me contó que todo el mundo colaboró y que lo hacían coordinadamente y mejor que si no hubieran hecho otra cosa en toda su vida. Creo que alguien comparó esa buena organización con otras situaciones extremas como la de Guerra de la Independencia. Pero esa armonía ocurre más veces de lo que somos capaces de ver y de admitir, aunque como la mayor parte del tiempo hay demasiados mandos, palos en las ruedas, cámaras, trastiendas, mares de fondo, y todo lo demás, es imposible que surja la espontaneidad. Y, si se me permite, la verdad.
Con el papanatismo cultural de que somos presa se permite la supremacía sentimentaloide de lo que se ve en las series estadounidenses y tras el advenimiento de las fiestas-pijama ya se están empezando a considerar de lo más normal las fiestas de graduación, cuando en la mía -mi graduación- se suponía que era mi obligación estudiar y acabar con bien, sin nada de fiestas ni pollas en vinagre. Ya saben que solo empleo una palabra altisonante cada 18 meses. Pues hoy tocaba. Además de ese papanatismo gregario se adhiere la desintegración del sistema de salud pública, con lo cual cada vez será más habitual que como en EEUU la gente haga públicas y ostentosas sus dolencias y sus pulseras rojas y así se conseguir recursos para la investigación y demás. Al sniggling, el happening, los performances y el llamado "arte activo" se añaden ahora otras payasadas para redibujar la delgada línea nacarada que separa la vida pública de la vida privada. 
A mí ya me iba pareciendo raro que los etarras no tuviera cáncer, más que nada estadísticamente hablando, claro. Que le den el tercer grado a Mikel Uribetxebarria me parece bien sobre todo porque se hace de acuerdo con nuestra legislación, nada más. Las leyes, como las normas de buena educación, están para los casos difíciles y nos liberan de deliberar y de darle vueltas a la cabeza. Como decía la canción, "el Ser Supremo los  juzgará". Y como decía otra canción, "El diario no hablaba de ti ni de mi".


"A zaga de tu huella,
las jóvenes discurran al camino;
al toque de centella,
al adobado vino,
emisiones de bálsamo divino".

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