17.8.12

Lo que no se dice


"Ese modo de concebir sus barcas, de expresar estéticamente
 el instrumental de un oficio que, por demás, tiende
 a constituirse en una definición del mundo, lo extendían
 los pescadores a todo lo que les rodeaba. De los mismos colores
 que las barcas pintaban los botecillos y los instrumentos
 de la mar, y las maderas de sus casas y los muebles, de modo
 que el conjunto consagraba una gama y configuraba
 un estilo. Ellos mismos eran de aquellos colores, enmarcados
 por el negro neutro y soleado, y de algún
 modo, estaban impregnados del sentido de aquellas
 formas. Un mundo cromático y formal
 que recuerda una cierta época de Braque. Es verdaderamente
 una lástima que tal paisaje no haya pasado
 ante los ojos de un pintor de veras,  que del paraíso
 de mii infancia no quede un testimonio pictórico
 digno de crédito, un solo cuadro como el de las barcas
 de Les Santes Maries de la Mer, de Van Gogh. Por
 desgracia, ese mundo no ha sido visto más que
 por el pintor Cabanyes y, en otra
 instancia, ¡ay!, por la cursilería levantina de Sorolla"
Carlos BarralAños de penitencia

ños de penitencia es un libro con las memorias de Carlos Barral entre 1939 y 1950. Hacía tiempo que no leía nada del género autobiográfico simplemente porque cada vez me resulta más difícil encontrar algo que ya no haya leído en este territorio literario. Hay dos factores que me lo hacen, si se me permite exagerar, aborrecible: la jactancia y los "sopars de duro", locución que tenemos en catalán para referirnos a las fanfarronadas o a presentar hechos con una magnificiencia que nunca tuvieron. Pero lo que me gusta mucho, que en toda prosa memorialística late una vida, que podríamos considerar una "obra de arte", me hace aquilatar los defectos y considerarlos a la luz de la creación literaria. Tal vez la autobiografía más precisa que he leído sea la de Marguerite Yourcenar, que sin embargo se retrotrae al siglo XV e incluso antes y sin embargo omite cuestiones que se podrían considerar las propiamente biográficas.
La lectura de Carlos Barral es deliciosa, rica, y sin embargo ya notamos desde el primer momento que su punto de vida, perdón, de vista, es sesgado, muy sesgado. En el capítulo de donde extraje la cita se refiere a la botiga que compró su padre en Calafell, que hoy es la Casa Museu Barral. Una botiga era un tipo de edificación cercana al mar donde los pescadores guardaban sus aparejos, redes y velas, con un solo ambiente. Barral cuenta como el padre hizo una serie de reformas, entre las que no sé si se puede contar -durante la guerra- la de poner unos letreros de Durruti que irritaron a las tropas marroquíes en su travesía victoriosa hacia el norte y defenestraron el contenido de la casa. La galería que se puede ver en la foto que enlazo es atroz, un pegote. Siempre me había parecido un poco ridículo su gorro de plato, de capitán y me hacía pensar en aquellos señores barrigudos que se podían ver en los paseos marítimos de la costa en vacaciones, tocados con tan noble y aclimatante elemento marino. También Rafael Alberti usaba una gorra que podía pasar por marinera pero con un cierto aire maoísta. Sin duda Carlos Barral tenía conocimientos del mar y sabía navegar, al menos por el Mediterráneo, cosa que fácilmente se desprende por su uso de términos de navegación del capítulo. Y sin embargo, tanto como escribe en él sobre la pesca de arrastre, nada dice de lo nefasta que fue y es para el mar. El caso es que una vez que acabaron con los fondos marinos de las costas catalanas algunos marineros tuvieron que emigrar por ejemplo a Galicia, donde introdujeron ese innoble arte de pesca, que de otra manera nunca hubiera sido posible. 
Esa omisión al daño de la pesca "de bou" la hubiera sabido disculpar (si se me perdona la arrogancia) si no fuera porque la cita con que abro el post remachara un notable desconocimiento de la pintura de los barcos. Pero, como él mismo reconoce, era un "señorito". En Galicia se podía ver a lo lejos hasta hace unos años qué marineros trabajaban para el mismo patrón por el color de las pinturas de las casas, que hasta podían estar pintadas de rojo. No hay motivos estéticos sino puramente económicos. Y lo que me ha parecido definitivo para decidirme a poner en evidencia la inconsistencia de Barral es su desprecio por Joaquín Sorolla. Yo no sé si Sorolla sirve para documentar la faena marinera del Levante, pero... ¿cursi? Tal vez le servía como contraste a su referencia líneas atrás a Braque, tal vez es una boutade. No lo sé, pero no tiene gracia.
*
Si se pensaban que hoy se libraban de Henri Fantin-Latour es que no. El cuadro que ilustra la entrada de hoy está en el museo Gulbenkian lisboeta, pero se pudo ver en una exposición que hubo en Madrid el año 2009. De todos sus cuadros de lectoras éste es el que más me gusta. Michel Deville llevó al cine "La léctrice" el año 1988, a partir de la novela de Raymond Jean. Esas novelas llevadas al cine no sé si salen ganando o perdiendo. En cualquier caso lo que pase es irreversible. Y en esta película tenemos la sensación de que la lectora se desenvuelve para lucimiento de la actriz que la interpreta, Miou Miou.
Pero el tema es el de la infinidad de lectoras que hay en la pintura y hasta en la fotografía, en una postura bastante tipificada pero que nada tiene que ver con el precedente de las imágenes de santos con un libro en la mano sea como atributo, sea como símbolo de la inspiración divina y la fe revelada. En "La lectura", las figuras de quien lee y quien escucha, aunque más bien posa, parecen pertenecer a realidades diferentes. Hasta se diría que hay un corte señalado por la penumbra que se declara a partir del ramo de flores y que prácticamente se disipa entre los vivos colores de la figura principal. Ese lazo azul y ese chal rojo magníficos, brillantes, el guante de la mano derecha, remarcan además otra clase social.
Una historia de la lectura nunca omite el papel que tuvieron o tuvimos las mujeres en el desarrollo de la novela como género, ya que la incorporación "masiva" y pasiva de las mujeres a la lectura fue primero a través de los libros piadosos, y después a través de los libros de poesía y de relatos. 
El siguiente capítulo del libro Años de penitencia es "Clases de literatura". Pronto sabré si se refiere a que recibió unas clases o a que hay una diferentes tipos de literatura, ya que una tercera opción (social) se me antoja que no es el objeto del libro.

"Ce que je vois tout d'un coup
à la manière dont une sorte de brouillard occupe 
ses yeux, pourtant très beaux et très
clairs, à son air surtout de regarder à côté de moi
 au moment même où elle paraît me dévisager.
Eh oui, dit-elle, la cataracte! La façon dont elle prononce
 ce mot est si belle, si roulée, si
 pleinement slave cette fois, qu'il n'y
 a plus de doute sur ses origines. Sa passion
était la lecture. Mais pas la lecture de
n'importe quoi. Il faut que je le sache bien, puisqu'elle
attend de moi que je supplée à la défaillance de ses yeux.
Non, pas n'importe quoi. Ses auteurs
 favoris, et essentiellement, l'un d'entre eux: Marx"
Raymond Jean, La lectrice



"La lecture" (Henri Fantin-Latour, 1870). Museu Calouste Gulbenkian

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2 comentarios:


  1. De acuerdo en lo que comentas de Barral. Leí sus años de penitencia hace ya mucho tiempo, ya se me han desdibujado, pero sí que recuerdo bien su sobreactuación o quizás no como marinero y no es culpa suya sino simplemente que él era un "señorito".

    No conocía este cuadro de Fantin-Latour, me gusta mucho. Si supiera coser( una de las cosas que lamento no haber aprendido en su momento)me haría mi ropa, vestiría a mi gusto que está inspirado por el arte, por algún traje popular, por alguna escritora ( V. Woolf), los libros siempre los he llevado puestos.El vestir Zara lo evito aún sin ir a Zara.

    Goat

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  2. A lo mejor solo se puso el gorro dos años, pero es la imagen que quedó de él, cosa que suele ocurrir mucho, que le recuerden a uno por lo que menos esperaría ser recordado. Las fotos ayudan mucho a esa labor perversa.
    A lo mejor un pescador no sabe lo que es el moco del bauprés ni distingue un pailebot de un lo que sea, pero los marinero de la marina recreativa me dan como asquirri, cosa en la que supongo que tiene mucho que ver que buena parte de los hombres de mi familia fueron pescadores. Su labor como editor y supongo que lo poco que haría como senador no tienen tacha y todos somos hijos de nuestra época.
    El otro día me compré una blusa en las rebajas de Zara (entré porque iba con una amiga que precisamente navegó con el Rey aunque no sé si en el mismo barco o regata, y a la que constantemente habría que "disculparle" su pijez). Creo que tuve un momento tonto, porque es un estampado con cabecitas de perro labrador y ya veremos si luego me la pongo. Es una estupidez de blusa. Yo no sé ni coser un botón, eso sí como cosa alguno aquel botón nunca más podrá ser descosido.

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