13.9.12

Y punto

o sé si se ha emitido en alguna de nuestras cadenas televisivas la serie Desperate Romantics, sobre la vida privada de la Hermandad Prerrafaelita. La principal musa de estos artistas fue Elizabeth Siddal (1829-1862), que fue la modelo de la obra más famosa de John E. Millais, Ofelia (1852), y de muchas de Dante G. Rossetti. Ofelia representa el personaje de Hamlet después de haber perdido completamente la razón en todos los sentidos de la palabra razón. El detallismo del remanso en el que flota el cadáver y de la naturaleza es lo más celebrado del óleo, para el cual Siddal, de soltera Siddall, posó en una bañera hasta llegar -como es fácil comprender- a una pneumonía de la que fue resarcida por una módica cantidad de dinero. 
Sin embargo el primer conocimiento que tuve de Elizabeth Siddal, aunque ya conocía el cuadro, fue por el enfrentamiento con su esposo (Dante G. Rossetti) a causa de su dedicación a la poesía. Luego he tenido la ocasión de leer algo de lo que se salvó de la rivalidad o la envidia de Rossetti y me atrevo a decirles que en mi opinión no tiene mucho más valor que el de testimoniar su afición al láudano, su naturaleza atormentada y uno de esos matrimonios desiguales en lo económico, cuñadas incluídas, que consiguen arruinar el humor de la persona más alegre. Pero tal vez mi competencia en inglés es insuficiente para hacer tamaña valoración. Su aspecto, labrado por la especial metereología y gastronomía de Inglaterra, era ideal para los prerrafaelitas, posh tirando a melancólico-místico, y con una cabellera en un tono imposible. Luego estas tísicas tuvieron otro momento de gloria en el Modernismo decadentista.
Aunque en nuestro país le llamamos "rubio" o "pelirrojo" a todo, en los países donde abundan estos pigmentos de pelambre es más común determinar o ir más allá de  referirse al famoso rubio platino. Me gusta particularmente el llamado rubio veneciano, que es ambarino. Hasta hace unos años vivía en mi bloque una niña, de madre burgalesa y de padre que decía (?) que era inglés pero que en realidad era irlandés, que tenía el pelo de ese color. Había días que parecía pelirroja muy clara, pero en realidad ese rubio era el rubio  que como les digo en inglés se conoce como strawberry blond, Venetian blond o honey blond. A lo que solo me resta añadir que sé que era irlandés porque me lo dijo un día su mujer. Entre los trastornos identitarios se ven, más que en los cabellos, de todos los colores.
Otra artista de la que tuve noticia a través de su rivalidad con el marido fue Alma Mahler, nacida Alma Marie Schindler, de quien tengo por aquí su autobiografía o su biografía. Se suele decir que en los términos del matrimonio había la claúsula de que ella debía abandonar sus afanes artísticos y musicales. De manera que se dedicó a hacer de copista de su primer marido hasta que a causa del malestar por esa opresión Mahler tuvo a bien ceder aunque no sé en que términos, y nos quedan una parte de los lieder que compuso a partir de aquel quiebro. Sobre el matrimonio Mahler planea la duda de si alguna de las obras o compases del compositor proceden de la época en que la cuerda invisible a la que estaba atada Alma Mahler solo llegaba hasta la puerta o las habitaciones de los niños. Como recordarán, algo así aparece en la trilogía de Kieślowski, en "Bleu", cuando todo aquel magma cerúleo de absolución o liberación se ve mezclado con el presentimiento de que la obra que deja inconclusa a su muerte el marido de la protagonista es en realidad de ella misma. Yo diría, "allá ellos", y no me metería en camisa de once varas. Son historias de matrimonio. Qué buena, "Azul".
Alma Mahler tuvo una vida privada o amorosa trepidante, se consideró la mujer más bella de su tiempo creo que en Viena y parece que hizo todo cuanto quiso hacer, que es de lo que se trata. Ayer precisamente le decía a Hernán, de Esperando nacer, que me he arrepentido alguna vez de lo que no he hecho, pero nunca de lo que he hecho. Si acaso lo habré lamentado. No digo "je ne régrette rien" (*) como quien "prend garde à toi" o "por mí que les parta un rayo", sino como quien hace lo que tiene que hacer y punto.
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Fotografía: André Kertész

Non, rien de rien, non, je ne regrette rien
ni le bien qu'on m'a fait, ni le mal
tout ça m'est bien égal
non, rien de rien, non, je ne regrette rien
c'est payé, balayé, oublié, je me fous du passé
Avec mes souvenirs j'ai allumé le feu
mes chagrins, mes plaisirs,
je n'ai plus besoin d'eux
balayé les amours avec leurs trémolos
balayé pour toujours
je repars à zéro
Non, rien de rien, non, je ne regrette rien
ni le bien qu'on m'a fait, ni le mal
tout ça m'est bien égal
non, rien de rien, non, je ne regrette rien
car ma vie, car mes joies
aujourd'hui ça commence avec toi

"Je ne régrette rien", Let. Michel Vaucaire

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2 comentarios:

  1. Tengo, o mejor dicho tenía, el pelo de un color negro intenso que ha quedado invadido por una legión de canas que se distribuyen a capricho y en determinadas zonas con especial intensidad. Teñirlo sería además de poco natural mucho más feo, lo que convertiría mi cabellera en un ala de cuervo.

    No creo que lo haga ni me arrepienta por no hacerlo, mantendré mientras dure este "entreverao-black".

    (Curiosa la opción de poder moderar la publicación de comentarios en el interesante link que referencias)

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  2. Yo creo que las canas suavizan los estragos del tiempo y que, al contrario de lo que se persigue, un teñido lo que hace es acusarlos. He visto resultados que parecía que el sujeto llevaba una boina, de ese negro tan opaco que les queda.
    La opción de Hernán es óptima pero su única desventaja, que un comentario se queda sin contrapartida o réplica, es lo que me ha hecho postergar indefinidamente el adoptarla. La posibilidad de que algún día los publique todos, los comentarios que guardó y tienen autorización de sus autores, es también muy sugerente. Gran persona Hernán.

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