1.10.12

La cuna

"Están siempre cautelosos y prevenidos
los ruines pensamientos, la desesperación cobarde
y la tristeza, esperando a coger a solas
a un desdichado para mostrarse alentados
con él, propia condición de cobardes en que juntamente
hacen ostentación de su malicia y de su vileza"
Francisco de Quevedo, Los sueños

yer, como les advertí, estuve en Llivia y Puigcerdà. Allí los precios de los numerosos chalets que se han edificado fácilmente partían de un precio de venta de 300.000 euros, por lo cual no es de extrañar verlos rodeados con setos de tuya y bojes recortados por arte topario. Han inaugurado recientemente en el exclave transpirenaico un parque que tiene todo tipo de equipamientos para patinar, jugar, merendar y todo aquello, pero vi -por poner un ejemplo- un maravilloso álamo blanco usado como linde y cosa molesta, cuando tendría que haber sido (si en vez de un parque hubiera sido un verdadero jardín) el centro de atención. En general, tanto por Llivia, como luego al hacer el paseo de Rigolisa, lleno de castaños y avellanos, noté que los árboles estaban algunos enfermos y todos tristes. Decir que un árbol está triste no es tan descabellado como decir que un cepillo de dientes está enfadado. Sobre todo después de un estudio científico (!) que se hizo en la Complutense, donde se demostró que las plantas sufren y gozan y además -aunque en un umbral acústico no perceptible por el oído humano- lo manifiestan.  Se me ocurrió tocar suavemente la croca o erizo de un castaño al poco de llegar a Llivia y otra soltó su fruto a mis pies, una de aquellas castañas bordes que se han puesto de moda como amuletos.
Así que ayer estaba deseando llegar a casa y me interesaba mucho más el atardecer que la cháchara del autocar, y cada vez me interesa más la luz y la muerte que lo que no tengo otro remedio que vivir, dicho sea de paso. Al llegar al barrio de mi madre nos cruzamos con una pareja, ella china y con uno de aquellos vestidos que cuando los ves piensas "¿Quién se pondrá eso?". Iban la mar de contentos y a punto de caramelo. Más adelante había un local que han ocupado una comunidad evangélica gitana para hacer sus reuniones. El líder estuvo con su mujer y dos niños pequeños vendiendo droga en un piso del barrio, también como ocupas, hasta que los vecinos consiguieron legalmente desalojarlos. Además del piso habían tomado la luz, el agua y pienso que el gas.  Y además, como les digo, se dedicaban a vender droga. Justo pasé por el centro evangélico tomado cuando se despedían en la puerta.
Pocos minutos después me crucé con una conversación muy simpática entre dos dominicanos. De filosofía. Y en la esquina donde el metro un grupo de chavales paquistaníes con unos como palos en sus manos bajadas miraban al otro lado del paseo. Crucé el semáforo y los del otro lado del paseo parecían ser una banda de lo que llamamos "latinos", pero cuyo emparentamiento con Cástor y Pólux es tan remoto como el que pudieran tener con Haensel y Gretel.  Estaban decidiendo si enfrentarse o no con los de enfrente. Bajé la calle ya cada vez más cerca de mi casa  me di cuenta de donde provenían aquellos palos. Eran las lamas de una cuna que estaba donde los desperdicios. Es bien cierto que cuando nos da en ponernos tristes todo nos da la razón. 

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