11.10.12

Más que un templo

l tiempo pasa volando. Parece que fue ayer cuando hubo la visita a Barcelona de Benedicto XVI. Pocos días después su Eminencia Reverendísima el obispo y cardenal Lluís Martínez Sistach concelebró una misa con el párroco que hubo en mi barrio hasta hace unos días. Perdón por el inciso pero aprovecho para señalar cómo el arzobispado actúa meramente como La Caixa, o La Caixa como el arzobispado, cuando de vez en cuando mueve sus fichas en redondo y cambia los directores o los párrocos de sitio como las bolitas de los trilleros: éste aquí, el que estaba allí lo ponemos allá y el que estaba allá, aquí. Aquí le dediqué más que palabras al final de la misa: "Después de la misa Sistach nos dirigió unas palabras sobre la visita del Papa con motivo de la dedicación de la Sagrada Familia como basílica. Hubieron dos cosas que me llamaron la atención: la primera que insistió en el hecho de que el Papa a lo que vino a España fue a lo de la Sagrada Familia y que lo de la visita a Santiago fue sugerida "por el Gobierno" [sic]; la segunda, que el día 18 de diciembre habría una misa de acción de gracias en la Sagrada Familia por lo bien que había ido la visita del Papa y que había que pagar para entrar. Es cierto que dijo "pagando", con la boca encogida, pero lo dijo" (El celo de tu casa, 6 de diciembre de 2010, día de la Purísima Concepción de María).
Con todo seguridad para un ferviente ateo el tema le empezó a resbalar de la palabra "Benedicto", pero le pediría que siguiera considerando a la Iglesia como si fuera La Caixa, aunque para mí mentir o calumniar en sagrado y desde el altar es un pecado y hubiera deseado que la imagen de Nuestra Señora de la Merced que tenemos al pie de Cristo crucificado se hubiera sonrojado de vergüenza o de indignación. Pero no. Su Eminencia Reverendísima dejó dicho pues que el Papa lo que había venido a visitar en España era la Sagrada Familia y no uno de los tres centros mundiales de la cristiandad y de peregrinación, el sepulcro de Santiago de Compostela.
Ya sabemos poco más o menos que el sepulcro fue convenientemente usado en su momento para animar la fe del cotarro de la época, aunque aprovecha el viejo camino que efectivamente señalan las estrellas. Y que el camino tiene algún desvío cuando así se terciaba entre las partes interesadas, pero no deja de ser un importante punto de peregrinación no solo para los cristianos. Es decir fue incluso en algún momento un lugar al que ir podía ser lo último que alguien hiciera, porque no era fácil. La Sagrada Familia también es más que un templo. Más concretamente es un templo expiatorio y una basílica menor. Pero es uno de los monumentos más visitados por los turistas y eso a pesar de que la tarifa de entrada es no barata. Una persona que no se pueda adherir a ninguna de las condiciones ventajosas pagará 13 euros por entrar a la Basílica. Alguna vez Martínez Sistach libera la entrada a las hordas y forma unos follones colosales que si en vez de fieles fuera de asistentes a una megafiesta sería difícilmente manejable. El Ayuntamiento lo permite. En principio parece que la basílica tiene capacidad para más de 15.000 personas, pero cuando la visita del Papa probaron su resistencia con 10.000. Y aguantó.
En "A la flor del berro", mi extinto blog, le  dediqué por lo menos 3 posts a la Sagrada Familia, especialmente a su supuesta “originalidad”. Creo que soy una de las pocas barcinonenses o faventinas que piensa que la Sagrada Familia, tanto la que proyectó Gaudí como la que se está fraguando en las hormigoneras, es un engendro que no pasa de ser un folly como el de Ferdinand Cheval. Lo que ocurre es que los follies suelen estar en lugares retirados, y el nuestro lo tenemos dentro de Barcelona. El hecho de que se haya elevado a la condición de arte la acumulación de símbolos que soporta su estructura a mí no me impresiona, al contrario. Demasiados mensajes. El otro día, porque encontré una de esas personas con las que se puede hablar, lo comentábamos: lo ideal sería hacer tres o cuatro sagradas familias. Si se las encargamos a los chinos no las hacen en un par de años. Una de cada color. El exceso de significados y la veleidad pueril de pretender representar toda la Biblia y sus comentarios y hasta los evangelios apócrifos y esotéricos en las paredes no consiguen estimularme estéticamente. La afluencia de miles de turistas, de cientos de autocares, o la pretensión de batir el récord de beatos rezando la adoración perpetua, no me rozan ni la entretela más externa de mi negro corazón.
Hablando con el mismo señor al que me he referido, porque estábamos en el hospital donde trabajo, le dije yo: si aquí [en el hospital] montamos una visita guiada explicando qué es lo que hay detrás de cada puerta y qué significado tienen algunas rectificaciones de la obra original, o qué pasó aquí y allá y las razones, también podríamos atraer muchos turistas y hasta peregrinos y aventureros. Solo la máquina dispensadora de batas blancas ya sería un punto caliente o el producto estrella. Pero no nos dejarían. 

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