15.1.13

Felones y falaces

"Embolica que fà fort" (*)
Refrán catalán
"A strawman sockpuppet is a false flag pseudonym created to make a particular point of view look foolish or unwholesome in order to generate negative sentiment against it. Strawman sockpuppets typically behave in an unintelligent, uninformed, or bigoted manner and advance "straw man" arguments that their puppeteers can easily refute. The intended effect is to discredit more rational arguments made for the same position.[34] Such sockpuppets behave in a similar manner to internet trolls" (Suckpuppet, Wikipedia, consultado: 15 de diciembre de 2012 a las 19:51)

igue siendo un tema candente el de la propiedad intelectual. De vez en cuando sigo el pulso de las tendencias y aunque tengo una postura más o menos fundamentada, no estoy encastillada más que en algunos puntos vitales y eso para que siga habiendo creatividad, difusión y rigor o vigor, que es de lo que se trata. De manera que aunque no siento la menor simpatía por los piratas sí era fácil adherirse a un activista de internet como Aaron Swartz, que encontraron muerto hace un par de días, cuando solo contaba con 26 años de edad. Es cierto que ya con 14 años había colaborado en la creación de la tecnología RSS de agregadores o actualizadores de contenidos. El año 2011 se le acusó de haber hackeado JSTOR, un servicio de distribución de revistas académicas, y de haber liberado cosa de 5.000.000 de artículos. Como estos días anduve poniéndome al día sobre la llamada Primavera académica, y por cuestiones de mi oficio, tengo muy presente la insostenibilidad del actual modelo de publicación científica, fui sensible a esta noticia  luctuosa. Con el actual modelo se paga dos veces, una cuando se financia la investigación, otra cuando se documenta o publica, en una atmósfera donde los grandes distribuidores (Elsevier, Springer y Willey) se llevan unas ganancias inauditas a costa de los autores, cuya actividad depende en gran medida de lo que publican. Otro día, quieran o no, la cosa es así, volveré acá y les explicaré gran parte de lo que yo he podido saber sobre el vitriólico negocio de las revistas académicas lucrativas. Las hay que están adheridas al movimiento open access,  por eso empleo un oxímoron, ya que se podría suponer que lo académico estaría reñido con la usura, tema que también tiene otras derivas.
Un tema tan transversal como el de la propiedad intelectual demuestra todos sus ejes en lo que el mundo anglosajón llama ghosting o ghostwriting (para designar a la actividad de los "negros" de toda la vida). Y hay mucho ghostwriting farmacéutico en las publicaciones científicas renegridas o por decirlo más claro: hay empresas farmacéuticas que pagan a negros para que escriban artículos que favorecen sus intereses. Me imagino que habrá negros cuya identidad conocemos y otros cuya identidad verdadera nos es desconocida. Así que de ahí viene la acepción fantasmagórica del inglés y el haber adoptado un término que hace referencia a esa condición por así decirlo desencarnada y sombría.
Una vez, aunque no lo puedo demostrar porque olvidé la fuente, leí un comentario de un  señor que se jactaba de haber ensayado ser otra persona en el ámbito virtual para ver qué ocurría. Es decir, había querido comprobar qué respuesta obtenía a su misma manera de escribir cuando usaba otro pseudónimo diferente del que ya usaba habitualmente. A mí todo esto, además de producirme una especie de mareo existencial me resulta un tanto pueril y al mismo tiempo retorcido, insano. De hecho, por otra parte, me hizo recordar un conocido que me confesó haberse hecho pasar por mujer en un chat para comprobar con qué peligros se podían encontrar sus hijos. Luego, semanas después, me confesó que era homosexual y que le gustaban los jovencitos. Yo todo esto lo soporto o lo paso apacible y parsimoniosamente, porque creo que hay que ser comprensiva con todo lo que no sea malévolo o perjudicial. Pero también soy muy práctica y prefiero apañármelas con mi identidad real, que ya bastantes problemas puede dar si no se maneja con prudencia y firmeza.
Tengo dicho aquí y allá, en El Blog del Crítico Constante o en el de Esperando nacer, que la autoría es importante porque implica una responsabilidad. A mí lo de la literatura comprometida, como anda tan cerca de las nociones de clientelismo, o como se diga, es algo que nunca me ha llegado a impresionar. Una literatura responsable implica para el caso lo mismo, pero detenta un significado por el cual más que abogar por la  coherencia -que vendría siendo un lastre como la virginidad o algo inservible como el honor- se aboga por aquella condición que nos permite defender una idea y resistir sus consecuencias. El memo o el grupo de memos que elaboraron el texto que rodó por las redes y se atribuyó a Julia Otero, no puede hacerse responsable de ese texto porque no podría defenderlo porque es un churro hecho con trozos de materiales descontextualitzados sacados de fuentes que (en el mejor de los casos) solo se podrían calificar de propaganda; y porque aduce una mezcla de opiniones, ideas híbridas, pulsiones y falacias cuya amalgama tiene la consistencia regurgitante de un polvorón de canela y de un canelón de pólvora.
Cuando Julia Otero denunció que se le hubiera atribuido ese pergeño yo me alegré porque le había estado dando vueltas a la singular aclamación que había obtenido y estaba yo en la completa certeza de que aquello no lo había escrito una persona. Esas creaciones o memes, como tantos que circulan en internet, se suelen atribuir a un famoso, sea Jorge Luis Borges, Mahatma Gandhi, etcétera, con lo cual se apropian de un prestigio adquirido. En este caso además, lo pueden ver en el texto que reproduzco, se ponía en marcha el alambique de la destilación del veneno puro y duro que corroe al tiempo que acaricia la idea de que Franco y Fraga eran gallegos, para ir a parar a otra trampa cognitiva o lógica, el de que se puede ser gallego y no ser malo (!) hasta prácticamente llegar a pedir perdón por ser gallego. El meme ilustraría muy alambicadamente la famosa falacia llamada del hombre de paja, muy usada por la exvicepresidenta Mª Teresa Fernández de la Vega.
Pero... ¿cómo le explicas a quien ya tomó partido que detrás de todos esos textos pendencieros y apasionados hay un impostor o suckpuppet, es decir alguien que se inventa algo con el objeto de promover el enrarecimiento de una determinada postura? ¿A quién favorecía el texto supuestamente atribuido a Julia Otero? ¿A la causa independentista? 
De acuerdo con la definición inicial de straw man suckpuppet (que vendría siendo una cortina de humo, espantapájaros y fantoche a la vez), un texto falsamente atribuido podría ser no solo el de alguien que se quiere apropiar del prestigio de una persona con autoridad sobre un tema, sino que podría ser un texto que fácilmente podrá ser rebatido por un coro de personas que acudirán como títeres a desmontar unos argumentos cargados de estereotipos y paradojas. Por enrevesado que parezca, habrá que empezar a tener en cuenta que dentro del gremio de los negros hay los suckpuppets,  siempre dispuestos a hacer lo que el troll pero discriminadamente y a favor de alguien, con una sumisión que no sé si podrá conmovernos por su incondicionalidad.
Por todo ello yo escribo y lo firmo y escribo lo que me viene de gusto.





La letra capital de hoy es de Serena Chen.

(*) Refrán o expresión con la que indicamos que al intentar aclarar una situación aún la complicamos más.

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