27.1.13

La limpia mirada del colirrojo tizón

"En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre; las curtidurías, a lejías cáusticas; los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo; el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de la vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor."
Patrick Süskind, El perfume: historia de un asesino. 



aya, pues resulta que el papel de Carlos Mulas en la Fundación Ideas ya había sido noticia en el "ABC" hace más de un año: "El director de la Fundación Ideas del PSOE —resultado de la fusión en 2009 de las hasta entonces fundaciones Pablo Iglesias, Ramón Rubial, Jaime Vera y Progreso Global — es también administrador único de una empresa que ha facturado 50.000 euros a la fundación en 2010 y 2011". Nos lo recuerda el blog de Arcadi Espada en "El Mundo".  Desconozco si en el buen periodista hace más una buena memoria, el manejo de la hemerografía, los contactos o su habilidad en las redes sociales, todo. Por mucho que se haya facilitado en los últimos diez años la labor de documentación, eso no quita para que esa fase sea descuidada o saldada con dos patadas.
La declaración de Óscar López desde el PSOE usando el apelativo "golfo" para referirse a los manejos de Carlos Mulas, doctor en Economía y profesor titular en el Departamento de Economía Aplicada II de la Universidad Complutense, sí que se sale de lo habitual. Desde el paraíso catalán (*) la palabra "golfo" suena un poco como de otra época, como "apandador" o "querida" y otras palabras por el estilo. En mi opinión personal pienso que tal vez las maniobras de Mulas resultarán al cabo blindadas por alguna triquiñuela legalista y todo quedará en nada y solo permanecerá como mucho el matiz vaudevillano o vodevilesco que le confirió la entrada en escena de Irene Zoe Alameda. De hecho, la existencia de las fundaciones se ve justificada por poder hacer dentro de la legalidad lo que en otros entes con personalidad jurídica más incómoda sería ilegal. No pagar IVA por ejemplo (recaudarlo).
Lo que no suelo aceptar bien es que se diga que todos los politicos y toda la sociedad está corrompida. Yo quiero pensar y pienso que no es así, que hay gente honrada. Por eso, como cuando Süskind -en su célebre principio de El perfume- se refiere al hedor que todo lo impregnaba el siglo XVIII, aunque parezca que todo el mundo estire más el brazo que la manga y tenga las manos aún más largas, sostengo que hay algunos políticos y muchas personas que no robamos.
Los resquicios y hasta socavones legales conocidos no solo se abren en las fundaciones, sino que salen al paso en prácticamente todas las administraciones locales, que es donde más han medrado los empleados dedísticos sin carrera en la función pública. Son funcionarios porque cobran del Estado y sus administraciones, pero no lo son propiamente porque no tienen una plaza adquirida por un procedimiento selectivo público y competitivo. Por cierto, me extraña que un periodista veterano como Fernando Ónega tan a menudo confunda las dos condiciones, de manera que se refiere por "funcionarios" tanto a los que accedieron por méritos y unas pruebas de acceso por lo general duras e inhumanas como a los que han accedido a dedo y jurando por Snoopy. Al final pensaré que lo que desliza Ónega a través de esa confusión es verdaderamente una duda ofensiva y deliberada. No puede ser tan ignorante.
Desde mi modesta posición he visto como estoy haciendo una labor por la que solo he conseguido el reconocimiento de cosa de 8-10 categorías más abajo de la que en realidad desempeño. En los últimos tiempos, después de la funesta dilapidación del presupuesto público en manos del Tripartit, nos han ido retirando ventajas que nos habían concedido a falta de darnos un sueldo correcto, días "de antigüedad" en mi caso. Como el rendimiento de cada cual se mide en un porcentaje fijado también por el rendimiento de su destino, dado que se considera que no se ha llegado al objetivo general, tampoco se reconoce que cada sujeto haya llegado a su objetivo propio, y por lo tanto ese sistema de emular la "paga de beneficios" ha dejado nuestra "dirección por objetivos" (también conocida como "depeós" o "depeores") en la mitad de lo que fueron.  No hará falta que les recuerde que no percibimos la paga doble de diciembre, cosa que a mi entender perjudica al consumo y por lo tanto revierte en todo el tejido social y económico. A algunos de esos personajes a los que Ónega llama "funcionarios" pero que son enchufados puestos a dedo vemos ojipláticos que les están recolocando oficiosamente en lugares singulares bajo el ala de directores o el gerente, para protegerlos de algún redimensionamiento de lo que sí está en el catálogo oficial de lugares de trabajo.
Lo único que me bastaría por decir desde la modesta posición desde la que hablo es que me parece muy llamativo que en mi sector, la Sanidad, las manifestaciones, protestas y demás que se han organizado apenas han conseguido la adhesión de sus trabajadores y casi ninguna por parte de los usuarios. Y si ustedes se asoman a la lista de espera quirúrgica de los hospitales o a las urgencias, o a los establecimientos de farmacia, o a los hospitales de crónicos, verán que hay buenos motivos para que los enfermos y sus familiares, todos los contribuyentes en general, nos opongamos a la merma de recursos en salud pública.
Si yo estoy tan frustrada o desmoralizada ante lo que veo y me toca, ¿cómo se sentirán los que no tienen ni lo que yo tengo? En Galicia, por ejemplo, se cuentan 62.000 familias que no pueden comer carne o pescado dos veces o tres por semana y ya no digamos poner la calefacción. Por un decir.


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