15.3.13

La singularidad

My mistress' eyes are nothing like the sun;
Coral is far more red than her lips' red;
If snow be white, why then her breasts are dun;
If hairs be wires, black wires grow on her head.
I have seen roses damask'd, red and white,
But no such roses see I in her cheeks;
And in some perfumes is there more delight
Than in the breath that from my mistress reeks.
I love to hear her speak, yet well I know
That music hath a far more pleasing sound;
I grant I never saw a goddess go;
My mistress, when she walks, treads on the ground:
And yet, by heaven, I think my love as rare
As any she belied with false compare.
W. Shakespeare, Sonnet CXXX (*)

ías atrás vi no sé en cual diario ("¿El País?") un titular que decía poco más o menos que Hilma af Klint era la precursora del arte abstracto, y que su obra es anterior a la de Kandinsky, quien a su vez se había proclamado como el primer pintor abstracto de la historia, por lo que parece. En la hoguera de las vanidades arde como un ave fénix, constantemente, el asunto de las primicias, los gestos y los récords. Mismo estos días -aunque ando un tanto alejada de la "rabiosa actualidad" por una pequeña migrañilla- observo lo mucho que se atiende al aparato externo del temperamento y hábitos del Papa Francisco I, que si es vegatariano o no, que si toma el autobús o el colectivo o no, que si procede de Buenos Aires sur, etcétera. La emotividad de las hordas se mueve por estos trazos gruesos efectistas y por las sensaciones más codificadas por el uso y la costumbre. No pude oír la misa que ofició Bergoglio creo que aún como cardenal o no sé si ya como pontífice, pero ahí está el qué, en cómo se queda el cuerpo después de una misa. Tal vez se le piden demasiadas habilidades y virtudes a quien no deja de ser un hombre por mucho que cuente con el espaldarazo del Espíritu Santo. Por lo demás, ese personalismo no deja de ser algo por lo que no nos deberíamos dejar contaminar los que somos un poco católicos. No deja de tener un punto idolátrico que viene acaso a compensar la vomitera iconoclasta que nos cae cada dos por tres (seis) a los que tenemos a Manolo por pastor y cordero.
Yo no sé si la pintora sueca Hilma af Klint fue la primera pintora abstracta; pienso que no, pero no porque lo fuera en su lugar Kandinsky u otro pintor sino porque la pintura abstracta debe de haber existido siempre ya que es una necesidad. Reconozcámoslo.  Hoy leo que Miss Mary Lawrance, de quien nos quedan cosa de 90 grabados con rosas, fue la antecesora de Pierre Joseph Redouté. La inglesa publicó A collection of roses from nature el año 1799, mientras que los tres volúmenes de las rosas de Redouté, espléndidas, son algo posteriores, como veremos en algún post en el futuro. Hoy en el álbum, como homenaje a la inglesa Mary Lawrance, que me parece que por no tener no tiene ni una página en la Wikipedia (!), le dedico una pequeña selección en este pobre blog con sus láminas.
Al cierre de este post no tengo la certeza de si algunas de las numerosas sociedades de amigos y amantes de las rosas o alguna sociedad científica le ha concedido los nombres de Lawrance o de Redouté a alguna de las no menos numerosas especies que tenemos en la Tierra. Lo desconozco. Pero tanto la inglesa como el belga se lo tendrían bien merecido.
Me imagino los ratos que pasaron con las rosas, con los especímenes individuales, donde encontrarían como Shakespeare en la mujer a quien dedicó su soneto 130, su singularidad, en cada una de ellas. Qué horror cuando dentro de unos días veamos por Sant Jordi las rosas clónicas, metidas en frigorígicos para conservar una frescura de la que en realidad nunca gozaron.

A Collection of Roses From Nature (Mary Lawrance, 1799)




NYPL (Pierre Joseph Redouté, Les roses, 1817-1824)

(*) Trad.  al catalán de Salvador Oliva : La meva amant té un ulls que estan lluny de ser un sol; | el vermell dels seus llavis ho és molt menys que el corall. | Els seus pits no són blancs com la neu, i no em dol. | Si els seus cabells són fils, negre n'és l'escampall. | Són blanques i vermelles les roses damasquines, | però, a les seves galtes, no hi veig roses així; | hi ha en molts perfums delícies i olors molt més divines | que les del seu alè quan és ben prop de mi. | M'agrada quan la sento parlar, pro sé molt bé | que la música sona amb un so molt més dolç. | No sé pas com caminen les dees; ara bé, | la meva amant camina trepitjant terra i pols. | I tot i això, pel cel, és molt més excel·lent | que les que símils falsos descriuen falsament. (Els sonets de Shakespeare)

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