10.4.13

El ojo ajeno

A Marité Domínguez, amable conversadora

"Ahora, veinte años después de mi ingreso en la Unidad de Vigilancia Intensiva de Cardiología del neoyorquino hospital Mount Sinaí [sic] recuerdo con claridad y extrañeza mi despreocupación ante lo que pudiera sucederme. Asombro y curiosidad sí, pero ninguna inquietud, como si el seriamente enfermo no fuese yo. Y a pesar de que previamente mi recorrido hospitalario en la silla de ruedas que me recogió del taxi había sido un laberíntico recorrido a lo largo de sucesivos corredores, bajando varios pisos en un ascensor para ascender luego en otro, cruzándome con camillas ocupadas, atravesando recintos con enfermos en espera de atención médica y leyendo letreros alusivos a terapias o enfermedades."
José Luis Sampedro, Fronteras. 

i ejemplar de Fronteras es el de Aguilar en formato pulga, de apenas 9 cm, en la colección Crisolín. Lo escribió entorno a su nombramiento como académico, que fue el año 1991, por lo que su estancia en el Hospital Mount Sinai no puede ser anterior. El texto que cito lo publicó por primera vez el año 1995. Años después, cuando renovó su imagen pública como simpatizante del 15M y prologuista del libro de otro nonagenario, Stéphane Hessel, ¡Indignaos!, se estrenó en el mundo del powerpoint al que nos referíamos el otro día, con el calambur No se aburra.  Una de sus frases más glorificadas rueda estos días por las redes sociales: "El tiempo no es oro. El oro no vale nada. El tiempo es vida." Obviamente ya no se acordaba de la cifra a la que ascendió su factura por los dias de estancia en la UVI de un hospital neoyorkino como lo es el Mount Sinai, donde está Valentí Fuster creo que como director aún. Y obviamente, casi con total seguridad, cualquiera que hubiera podido pagar esa cifra no hubiera dudado en hacerlo si con ello hubiera prolongado y mejorado su condición vital. 
Siempre podremos remitir a aquella frase de Lucas 6, 41-42: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?". La frase surca el panorama a través de los siglos y siempre sigue vigente en toda situación. Tempus aurum est, decían en Roma, en ese precioso idioma donde también podías decir Aurum est tempus y obtener el mismo significado, solo que al variar el orden de las palabras le daban de alguna manera mayor fuerza a la primera. Pero Sampedro, un iconoclasta como lo fue también Saramago, cosa que les ha valido muchas simpatías, estaba ideológicamente o estéticamente (viene siendo lo mismo) en la postura anticapitalista y demás. No hace falta por otra parte defender una frase que se aguanta sola: el tiempo es oro. Claro que sí. Que nadie nos lo haga perder y no se lo hagamos perder a nadie. Esa es una ley no escrita pero fundamental.
El ojo ajeno que ves no es ojo porque tu lo veas, es ojo porque te ve, si se me permite parafrasear otra frase célebre, ésta con un cierto olorcito bergsoniano pero estúpida a todo lo que da. Y tampoco hace falta defender su inconsistencia. Pero, siguiendo adelante en el tema de no ver la viga en el ojo propio y sin embargo ver diáfanamente la paja del ojo ajeno, no se salva nadie. Por eso quien eso dijo también dijo algo así como que quien esté libre de culpa que eche la primera piedra. Y en verdad en verdad les digo que no dejo de maravillarme de cómo los que más se quejan son los que menos razón tienen. Y de que la boca del hombre habla de lo que rebosa el corazón.
Variante del ojo ajeno es el "y tú más", hoy tan lamentablemente de moda a causa de las múltiples fechorías de una buena o mala parte de nuestros políticos. Algún día alguien con tiempo o dinero o las dos cosas se encargará de tabular todas esas fechorías y colocar los totales en euros y en pesetas, de manera que podremos saber quien robó más, y así no queden las cuentas desenfocadas e igualadas por el tamaño de los titulares de la prensa aclienteleda.
Ayer decía, "qué raro, no hay dos sin tres". Si se ha muerto Sara Montiel y Margaret Thatcher, ¿quién será la tercera? Y es que esto va a rachas. En mi pueblo tuvieron que abrir una segunda funeraria porque se les morían de tres en tres y la funeraria daba para dos difuntos. Aunque ustedes no lo crean la muerte tiene su lógica interna. Luego resultó que en efecto se había muerto José Luis Sampedro, solo que habían aguardado a que estuviera incinerado para dar la noticia. Todo cuadra.
Un placer.

Pollo de la especie onagadori ("pollo de cola larga") (Colección de Okinawa Soba)

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