20.4.13

Las sensaciones

n julio o así da a luz una amiga que espera gemelas. Me dijo hace unos días por el whatsapp que tenía pensado llamar a la que se vio primero en la ecografía Marta. Yo le dije: "Muy bonito". No creo que se le ponga por mí, o no lo sé, creo que se lo pondrán porque les gusta el nombre. Luego se vio a la hermana y ahora mi preocupación es que no le pongan "Marta" a la que no es. Más que preocupación, si soy precisa, diré que es inquietud. Al final pienso que alguna sensación, algo, en el momento adecuado les dirá quien es quien. Todo esto de lo que yo hago un problema seguro que tiene una solución altamente tecnológica, como la tiene casi todo. Pero la intuición, que se nos suele atribuir a las mujeres y que no goza del prestigio de otras armas de análisis -como por ejemplo la ironía de mierda- suele ser bastante despreciada o, peor aún, ni siquiera tomada en consideración. La intuición no es magia, en realidad es un análisis muy rápido de muchos factores reconocidos. El contrario o complementario de la intuición es la comprobación. Cuanto más se ha observado, más intuitivo se puede ser.
Leo en la prensa de hoy que un ginecólogo está preparando a mujeres invidentes para  percibir pequeños tumores de mama con su tacto, de fina sensibilidad. Yo estuve trabajando algunos años en el Hospital de Bellvitge en el mismo departamento que una enfermera que decía que olía el cáncer. No lo decía así, claro. Cuando llegaba a la planta algún ingresado al que había que someter a una batería de pruebas para ver qué le pasaba, porque el diagnóstico no era claro, ella notaba por su olor si era cáncer o no. Luego he visto que hay perros adiestrados en ese sentido; salió en la prensa hace cosa de un año o año y medio. El olor de los enfermos es algo de lo que no se habla porque su condición ya es bastante penosa, pero a la exploración física no hay que olvidar ese dato ¿Cómo se llamaba el protector de Melissa, en El cuarteto de Alejandria? Cohen, sí.  El peletero. Al que había que raspar la lengua y hedía horriblemente. Pero su enfermedad, creo que renal, que le llevaría a la muerte, es solo un ejemplo extremo, hay olores más sutiles.
Así, el otro día, cuando me regalaron dos varas de orquídeas (un total de 23 flores), me di cuenta de que aunque no olían al acercarse a la corola, si que iban formando con el tiempo en el lugar en donde estaban un halo donde se podía distinguir la fragancia, aunque como un tufillo acre donde no me hagan explicar cómo se había exudado la esencia más selvática de la planta. Es fácil decir que olía a lianas y a la sombra de las lianas, como los percebes saben a la espuma del mar. A veces he visto en alguna de esas orquídeas que les venden a los enamorados en una cajita, que guardan perigonio abajo algún insecto. Se nota al tacto. Un crujido. Pero se suele decir que las orquidáceas no son insectívoras, y es verdad. A pesar de todo yo tiendo a pensar que alguna cosa les aprovecha de esos pobres insectos que van a ellas a polinizarlas y se escurren irreversiblemente embriagados en medio de tanta belleza. Se olvida que "orquídea" viene del griego ὄρχις [orchis], testículo (por la orchis ustulata, cuya raíz los asemeja). Por eso yo les suelo llamar a las orquídeas "cojonáceas".  Entre los miles de orquídeas que hay creo que la más consumida es la que produce la vainilla, ese fruto que a mi entender es ultrajado cuando se mezcla con el chocolate. Pero esto que digo, que tal vez puede sorprender a los amigos y adictos del cacao, es porque pienso que la fragancia de la vainilla es finísima, comparada con todas las sensaciones que impone el chocolate, entre las cuales no es la menor la de la defecación.
Un estado que agudiza mucho las sensaciones es el embarazo y en general la maternidad. A esta amiga mía, cuando solo pasaba por las primeras semanas de su estado, le ofrecí aquel nido que me encontré, porque da clases de Ciencias Naturales. Pero también le dije que no se lo enseñaba porque debido a su embarazo lo mismo le provocaría repugnancia que hambre, lo mismo le podrían venir ganas de vomitar que de comérselo de un par de bocados. Las madres como pilares biológicos en donde descansa todo el funcionamiento del mundo, son capaces de percibir un peligro del que aún no hay ninguna evidencia no ya en el mundo real sino incluso en el de la preternaturalidad. Las madres saben no ya cuando uno se ha comprado un móvil nuevo sino incluso cuando simplemente les pasó la idea por la cabeza durante unas décimas de segundo que ni siquiera serían perceptibles para un sistema de electroencefalografía de última generación. Armas de intuición masiva.
Sorprendentemente, la intuición es relegada por la intelectualidad y si es objeto de algo como la Psicología seguro que lo es para domeñarla, para edulcorarla con las creencias de esa pseudociencia, y para salvarnos de nosotros mismos como si no fuéramos lo mejor que tenemos.
El día que anduve haciendo fotografías macro de las orquídeas no, pero al día siguiente, cuando me lavé la cabeza noté que se me desprendía del cabello todo el olor que había absorbido al haberme acercado tanto con la cámara. Eso y el maravilloso mundo de las manchas de aceite flotando en el agua de los platos del fregadero me interesó más hoy que la prensa, la verdad.

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