9.5.13

A mucha honra (o no)


eleí ayer un cuento de Nathaniel Hawthorne, El joven Goodman Brown (1835). Y tal vez aún lo he de releer porque observé que en todo el relato se apelaba mucho a las sensaciones auditivas. También porque he sabido que el tema, en torno a las brujas de Salem, no le era ajeno a Hawthorne, ya que su abuelo había participado en el juicio del caso. Se llamaba Hathorne y Hawthorne se hizo poner una w en el apellido y escribió el cuento para purgar la historia, que debió de ser sonada cuando hasta una obra de teatro y una película se hizo. Al parecer lo que hubo fue un consumo de cornezuelo del centeno, algo que luego se consiguió sintetizar en los laboratorios como LSD, pero con consecuencias más bien deletéreas y totalmente imprevisibles. La narración no repara en esas cuestiones sino que se centra en crear una atmósfera tenebrosa y de desengaño ya que los participantes de una misa negra son puritanos durante el día y adoradores de Satanás por la noche. No se puede uno fiar de nadie. Si acaso lo de alucinar es algo en lo que Goodman Brown repara o en lo que se ampara por explicarse la posibilidad de haberlo soñado todo y dejarlo en mera pesadilla. Llamarse Goodman Brown (Buenhombre Marrón) nos dice mucho.
No tengo datos ni las ganas de buscarlos para saber porque Hawthorne se puso la w ni porque en vez de ponerse una letra no se quitó una letra o se la cambió. Tal vez ese particular está previsto por ley así. Con muchos jueces en esa familia acabarán por llamarse Haiwgthournoughtlyblue. En España el apellido más común es García y para quien no lo crea está la página del Instituto Nacional de Estadística, donde lo podrá verificar. En Barcelona hay 136.617  personas con García como primer apellido y 139.376 de segundo apellido. Hay personas que son García por los dos costados. Y sin embargo no sé si es tan fácil verificar cuantos casos hay de personas que deciden por ejemplo transformarse el apellido y formar un compuesto (p.e. García-Valladares) o anteponer el segundo apellido al primero, si es que se considera que es menos común. Es decir, que hay gente que en mi caso, como si el apellido Domínguez no fuera tan bonito o más que Schwarzenegger, adoptan el nombre de la madre: Senra Domínguez. No digo que yo no me cambiase el nombre si me representara un serio problema de convicencia o bromas continuas. Tal vez sí, pero cambiar "Domínguez" por "Senra" me parecería una estupidez y formar un primer apellido Domínguez-Senra me parecería pretencioso y ridículo. En mi ámbito profesional muchos médicos han adoptado esa fórmula pero lo hicieron para publicar porque de otra manera en las revistas internacionales les convertían el primer apellido (que ellos consideran materno) en una inicial.

Fotografía de Zoe Strauss "Woman with red hair" (Madrid, 2009)

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