7.5.13

Post 986: Leones y gorriones

No bars are set too close, no mesh too fine
To keep me from the eagle and the lion
Whom keepers feed that I may freely dine.
This goes to show that if you have the wit
To be small, common, cute, and live on shit,
Though the cage fret kings, you may make free with it.
Howard Nemerov, "The sparrow in the zoo" (*)


ara quien esté interesado en el asunto de los felinos y antílopes de Aqualeon de Albinyana (Tarragona) le remito a un enlace de internet donde se explica lo difícil que ha sido colocar los tigres, leones y demás en otros lugares de España, que es donde en primer lugar se ha intentado darles un lugar de acogida a las bestias. En los años 90 los animales habían pasado por orden judicial a la Generalitat, que se pudo ir desprendiendo de algunos ejemplares hasta llegar a los que aún allí vivían, que suponían un gasto de unos 250.000 euros al año en alimentación y otros cuidados. La web del parque no refleja nada de todo ello ni mucho menos, e indica que en invierno se pueden hacer visitas de grupo pero que el parque acuático no se abrirá hasta el 15 de junio.
Hasta donde llegan mis conocimientos de zoología yo diría que ni las águilas ni los leones están interesados en los gorriones. Los leones que vi en Albinyana cuando el asunto se llamaba Rioleón Safari y fui con el colegio, en los años 70, estaban notablemente drogados y para darse cuenta de ello no había que ser Jane Goodall ni Félix Rodríguez de la Fuente ni nadie, que es lo que éramos nosotros y seguimos siendo algunos. Luego, aunque pasé buena parte de B.U.P. en el Zoo porque me gustaba estar con los paquidermos, siempre he sentido una aversión justificada por los establecimientos zoológicos, aversión que se me agravó o mezcló con las lipotimias de mis 16-18 años. Un quelónido de 400 o 500 quilos no huele bien. No huelen bien ni los de media libra, van a oler bien los añosos...
Aunque la mitología nos ha dejado textos miríficos antiguos y modernos sobre las metamorfosis (pienso en Ovidio y en Kafka), obras como las de Aristófanes y Maeterlinck, y hay muy bonitas y ejemplarizantes fábulas sobre zorras, liebres y perdices, en general todo esfuerzo por equiparar nuestra conducta y la de los animales no deja de ser desgraciado. Por lo que respecta a nuestros compañeros de viaje soy exactamente de la misma manera de pensar que el poeta W. H. Auden: “Si bien es cierto que no podéis engendrar / un genio como Mozart, / también lo es que no // infestais la tierra / con tontos genialoides como Hegel / o con listillos repugnantes como Hobbes” (W.H. Auden, “Discurso a los animales”, Gracias, niebla).  
Me cuidé siempre mucho de tildar a nadie de cerdo porque fuera sucio, o de rata, perro, burro, mosca, víbora y demás por alguna condición que se suele asociar a estos animalitos.  Pero no veo otra manera de referirme a los parásitos si no es como parásitos. Últimamente me pregunto qué habrá sido de aquellos subvencionados que han perdido con la crisis una parte de sus ingresos o incluso sus ingresos sin más. Mi pregunta no es tanto por su supervivencia material como por saber si mantienen sus simpatías políticas, si se han exacerbado aún más, si esperan acaparar posiciones cuando la economía se haya recuperado o -en el caso de mi comunidad autónoma- si se forma un Estado catalán. Contemplo esa posibilidad de soberanía como muy remota. En primer lugar porque en mi opinión quienes han instigado el independentismo de los últimos meses lo que persiguen no es más que un pacto fiscal. En segundo lugar porque es inviable, no ya a la vista de la respuesta de la Unión Europea o de España, sino incluso por una materia que siempre me ha puesto los pelos como escarpias como es la libre circulación de maleantes y terroristas ante el vacío de tratados de extradición y un marco de seguridad. El pacto nuclear con China que propuso Jordi Molins en TV3 o la infantería del Centre d’Estudis Estratègics de Catalunya pertrechada con su nivel C de catalán normativo, no inspiran mucha tranquilidad, qué quieren que les diga. A los indecisos, líquidos,  bizcochables, tontos varios y demás habrá que decirles, en los términos de Nemerov, que no es lo mismo la jaula del león en Albinyana bajo la tutela de la Generalitat de Cataluña por orden judicial, que la jaula del león en Santillana. Santillana del Mar (Cantabria). Un zoo de titularidad privada. Hasta un gorrión lo sabe.
*
Coda
Conocí por primera vez a Nemerov no por el gorrión en el zoo sino a través de un ensayo sobre relatos. Transcribo la cita a través de ese texto: "Los relatos no son más que trucos de salón [...] unos aparatitos para inducir a producir reconocimientos y cambios de opinión [...] Que tanta de nuestra experiencia, o el estereotipo que se hace pasar por ella, sea tratado por medio del relato es quizá un síntoma, que se puede percibir en otras partes del dominio público, de un cinismo desagradable con respecto al carácter humano." Lo que no sé si llegó a saber Nemerov es que el cinismo con el tiempo iba a confundirse con la ironía de tal manera que casi ya son indistinguibles. La ironía sería un león que se hace pasar por gorrión y el cinismo un gorrión que se hace pasar por león.

Bufago y búfalo (fotografía de Gianni Borghesan)
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(*) No hay barrotes tan estrechos, ni una malla tan fina | que me mantenga alejado del águila y del león | que los guardianes alimentan para que yo pueda comer libremente. | Esto demuestra que si tienes el ingenio | de ser pequeño, ordinario, vivaz y de vivir sobre la mierda, | aunque la jaula inquiete a los reyes | se puede sacar provecho de ello (Howard Nemerov, "El gorrión en el zoo").

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