29.6.13

Subida al Monte Carmelo

De capa a sayo (sabatina)

Herru Santiagu,
Got Santiagu,
E ultreia, e suseia,
Deus adiuva nos

Codex Calixtinus

on el incremento de turistas que tenemos en mi ciudad desde el año 1992 es imposible que se pueda hacer una visita de los puntos a los que suelen acudir sin apreciar y lamentar que hay demasiados. Y por lo general son personas que tienen un comportamiento impecable. La mayoría de las veces su presencia solo inspira como sentimiento adverso la certeza de que son carne de cañón para los carteristas y descuideros, y que ingieren unos brebajes denominados "sangría" y demás de cuya composición tengo más que dudas. 
Otra cuestión digna de conmiseración, además de la ingesta de sangría y tener que padecer la atención de camareros temporales por profesionalizar, es la de verlos como zombies, de un sitio para otro haciendo colas y con la mirada a veces perdida y a veces abismada en mil reclamos. Alguno se ve quemado por el sol o con heridas en los pies, como fervientes peregrinos. Hace unos años una amiga protestaba porque había sabido que Manuel Fraga Iribarne, durante su presidencia de la Xunta de Galicia, había modificado algún tramo del Camino de Santiago, a favor de localidades mejor preparadas para la hospedería o por lo que fuera. Y yo le hice ver que el Camino, aunque tenía como objetivo el sepulcro del apóstol y se supone que seguía una constelación, no dejaba de ser una convención y un quítate ahí que me pongo yo como lo es todo. Si uno lee las ridiculeces que asevera el día de hoy la Wikipedia sobre el tema podrá ver la manera en que se mezclan medias mentiras con medias verdades, afirmaciones sin fundamento y datos históricos sin ningún problema. Si en la Catedral de Compostela hay un botafumeiro lo propio de la basílica de la Sagrada Familia sería poner el pebetero aquel que prendió el paralímpico arquero Antonio Rebollo el año de las olimpiadas, con todo el pulso de la ciudad parado y el alma en vilo.
A mí no me importa ir por lo que se llama un camino trillado o marcado, pero evito a toda costa esa especie de camaradería floja de la asiduedad, la fraternidad esa que se convoca a voluntad cuando se prenden mecheros o suena "Imagine", todo eso. Hice de mi capa un sayo, y de mi ruta jacobea un camino poco transitado y tuve la suerte de que nadie me dijera aquello de "ultreya". A lo que solo habría que añadir que esa especie de mística del camino acaba siendo una superchería para quien está tan inmerso en su grupo que va como en una burbuja, cosa que no es que esté mal, pero que nada tiene que ver con andar por el mundo adelante sobre los propios pies y no a zaga de otras huellas. La cuestión no es saber si lavarse los pies con Coca-Cola, como Carmina Ordóñez en una de sus últimas romerías al Rocío, es dar un paso en la aventura de vivir, sino si lo hacemos porque se ha telecinquizado, término que he decidido que sirve para designar la deshumanización o masificación de las personas. Hay tanto maestro Ciruela metido a filólogo que yo que medio lo soy ¿por qué no  yo también?
La alegría al pie de los autocares justo antes de empezar una excursión es incomparable con ninguna otra alegría. Pero también tiene sus alegrías "descubrir" por uno mismo íntimamente lo que otros ya descubrieron.
La telecinquización arrasa con Rayuela y todo cuanto se le ponga delante o no. Abundan en las redes las típicas fotos de casi siempre los mismos escritores (Saramago, Sampedro, García-Márquez, Proust) y sus frases célebres extraídas de libros que no sé si alguien lee. Es decir, mejor dicho: sé que no se leen.  Navego por el fárrago de Twitter y veo mis canales de noticias y entreverado el asinus asinum fricat del amiguismo, una mal entendida amistad de quienes hacen piña por o contra algo o que circulan como entre los camareros de un cocktail de tuit en tuit. A veces se cruza algún insulto. Odior e irracionalismo entre energúmenos escudados en el anonimato y asentados en el cinismo. En el mejor de los casos algo de ingenio, pero siempre implorando la aquiescencia del respetable que apoye con retuits y demás quincalla. Otra vez la masificación y el amiguismo, no la verdadera amistad.
*

Cuesta creer que haya gente por ahí en la cárcel y hasta muerta por amar a alguien de su mismo sexo, por amar, y cada vez resulten más habituales los insultos y desprecios y el odio. Eso se permite y hasta parece que se ve bien.

*
Hago de mi capa un sayo digo, como dice el refrán, hago lo que bien creo que debo hacer o sé y puedo hacer. Y me contento. Tal vez una escapada a Madrid, por ver Pissarro, el Jardín Botánico, Aranjuez, las exposiciones de PhotoEspaña. Pero algún día he de ir a Chile y a la India, al Japón. Un dineral.
*
Veo estos días con la mayor preocupación esa especie de epidemia de acosos de niños. No me refiero al que algunos niños padecen en sus colegios, sino al que los niños cometen con sus padres en mayor o menor medida, pero despreciándoles y haciéndoles la vida más difícil de lo que ya lo es algunas veces. Esperemos a ver. Deus adiuva nos.

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Agua

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24.6.13

La rara pura atención

"L'attention est la forme la plus rare et la plus pure de la générosité"
*
"La atención absolutamente pura y sin mezcla es oración"


Simone Weil



acía tiempo que no nos encontrábamos con vidas paralelas y hoy he sabido que Simone Weil (1909-1943) y Simone de Beauvoir (1908-1986) llegaron a coincidir o en el liceo  o porque accedieron al parecer juntas a la Escuela Normal Superior como las dos mejores alumnas. Simone Weil murió durante la guerra a consecuencia de la tuberculosis. Extraigo la primera frase que abre el post de un documental que hizo Julia Hasslet ("An encounter with Simone Weil", 2010) pero añado otra que nos la sitúa más en la personalidad de la filósofa.
Releo estos días L'enracinement, uno de sus libros póstumos, que cuya edición textual debemos en parte a Albert Camus, quien le tuvo gran afecto y admiración. Aunque Simone Weil hizo muchas cosas en su corta vida, como por ejemplo trabajar en la Renault como obrera, empezó por dar clases. Por alguna razón que se me escapa, en mi entorno hay o hubo muchas personas que se dedican a la enseñanza en diferentes frentes: niños discapacitados, primaria, secundaria, formación profesional, universidad, educación musical, voluntariado, adultos, distancia. Sin embargo, las únicas apreciaciones que han dejado en el Facebook sobre la ley Wert entran dentro de lo que yo considero "irracional", es decir que apelan a la condena no razonada, a la descalificación  y sino a la bronca. Cuando he pedido que dada su condición nos participaran una especie de análisis de los puntos fuertes y débiles de la ley he obtenido el silencio por respuesta, cosa que yo evocaba ayer noche cuando oía los petardos. Petardos que sonaban como portazos desabridos entre silencios no menos estruendosos.
Aunque conozco un poquito mejor la obra de Simone de Beauvoir que la de Simone Weil, de ésta me atrae la condición en cierta manera intemporal o atemporal de sus textos, la frescura. Las observaciones de la Beauvoir tienen una honestidad intelectual que yo no pongo en duda pero pienso que Simone Weil aún estuvo más lejos de modas y tendencias, dicho sea esbozadamente y sin ninguna consecuencia.
Por su interés transcribo unos párrafos de la primera parte de Echar raíces:
"El segundo factor de desarraigo es la instrucción tal y como se la concibe hoy. El Renacimiento provocó en todas partes una escisión entre las gentes cultivadas y la masa; pero, aunque separó cultura y tradición nacional, al menos sumergió a la cultura en la tradición griega. Más tarde, sin haberse renovado los lazos con las respectivas tradiciones nacionales, también Grecia fue olvidada. De ello resultó una cultura desarrollada en un ámbito muy restringido, separado del mundo, en una atmósfera cerrada; una cultura considerablemente orientada a la técnica e influida por ella, muy teñida de pragmatismo, extremadamente fragmentada por la especialización y del todo privada de contacto con este universo de aquí abajo y de apertura al otro mundo.
En nuestros días un hombre puede pertenecer a los medios llamados cultivados sin tener, por un lado, idea alguna relativa al destino humano, y sin saber, por otro, por ejemplo, que no todas las constelaciones pueden verse en cualquier estación. Se suele creer que un pequeño campesino de hoy, alumno de la escuela primaria, sabe más que Pitágoras porque recita dócilmente que la tierra gira alrededor del sol. Pero, de hecho, ya no contempla las estrellas. El sol del que se le habla en clase no tiene para él ninguna relación con el que ve. Se le arranca del universo que le circunda de la misma forma que se arranca a los pequeños polinesios de su pasado obligándoles a repetir: "Nuestros antepasados los galos tenían el cabello rubio".
Lo que hoy llamamos instrucción de masas consiste en tomar esta cultura moderna elaborada en un ámbito así de cerrado, de viciado, de indiferente a la verdad, quitarle cuanto aún pueda contener de oro puro, operación denominada vulgarización, y hornear el residuo tal cual en la memoria de los desgraciados que desean aprender, a la manera que se da alpiste a los pájaros.
De otro lado, el deseo de aprender por aprender se ha vuelto muy raro. El prestigio de la cultura se ha vuelto casi exclusivamente social, tanto en el campesino que sueña con tener un hijo maestro  o el maestro un hijo universitario cuanto en las gentes adineradas que adulan a los científicos y a los escritores famosos.
Los exámenes ejercen sobre los jóvenes estudiantes el mismo poder obsesivo que el dinero sobre los obreros que trabajan a destajo. Un sistema social está profundamente enfermo cuando un campesino trabaja la tierra con la idea de que es campesino porque no es lo bastante inteligente para llegar a ser maestro".
Huelga añadir nada a lo que dejó dicho ahí Simone Weil. Pero sin embargo, con tal de retomar sus palabras ("Dios mío que solos se quedan los muertos") y sin pretender actualizarlas demostrar su actualidad, sí que creo que vale la pena volver a ellas, comentarlas. Lo primero que se me ocurre pensar es que seguramente las Ciencias y las llamadas Humanidades siguen estando en sendas torres de marfil como ajenas al polvo de los caminos y ya no digamos al barro de las togas. Y sin embargo el saber está confiado a gente que tiene casi exclusivamente una formación universitaria y ese saber está endogámicamente afianzado y con una clara determinación a perpetuarse. Alguna vez ya he señalado mi sorpresa y desconcierto ante la supuesta infalibilidad del método científico, cuando cualquiera de sus antropólogos estaría dispuesto a admitir y argumentar que el saber -como todo- está pasteleado por los intereses de los grupos dominantes. Cosa que nos llevaría a condenar no ya la falta de compromiso real de la mayor parte de los universitarios más influyentes con la sobreexplotación del medio natural y sus especies, sino incluso su participación proactiva.  Yo no me quedo indiferente ante proyectos tan deleznables como el de las Glowing plants o vegetales bioluminiscentes de ADN alterado, a manos de un aburrido y aburriente matemático, que pretende así substituir el no menos lucrativo negocio de las farolas. Se pueden comprar semillas en Etsy, que es una especie de tienda virtual donde lo mismo puedes comprar pulseras de jade que marcos de foto hechos con cuerno de antílope que papel de arroz que cualquier cosa que en teoría (según la mía propia) no tendrá problemas en Aduanas como si las tendrán muchas cosas que se pueden adquirir en E-bay. Lo que yo no comprendo es si esa luz que emiten algunos de los árboles de Glowing plants -ya que ni siquiera se garantiza que funcionen todos- puede ser manejada a voluntad. Es decir, si en un momento dado podemos apagar esas luces, no tanto porque temamos un bombardeo (sabemos que la falta de luz no es un freno para las armas de destrucción masiva) sino porque a veces  hay que participar en una de esas campañas de apagón contra el cambio climático. La Arabidopsis thaliana tiene la buena suerte o la mala suerte de haber sido la primera especie vegetal cuyo genoma ha sido secuenciado y eso la ha convertido en objeto de infinidad de experimentos, entre ellos el de la bioluminoscencia. Al parecer se eligió esta planta por su simplicidad vegetal, especialmente si la comparamos con la de un ser humano, y porque se la tiene por una "mala hierba".
Cuando Simone Weil se refiere al hecho de que a los niños polinesios se les enseñaba que sus antepasados franceses tenían el cabello rubio nos encontramos ante una de aquellas aberraciones del sistema educativo o de los sistemas educativos a los que a veces recurrimos. Lo comentábamos en abril, con un artículo de Xavier Pericay sobre los absurdos pedagógicos. Alguien en Facebook aseveraba que los niños de Barcelona son tan listos que lo mismo te hablan urdu que nauhátl que catalán que español que todo y todo muy bien. Pero quien defendía esa idea lo que defiende es implícitamente -no lo declara- que no se sostengan los derechos reconocidos por la ley para que los niños hispanohablantes reciban una enseñanza de su lengua propia. Se basa en la falacia de que el español ya se aprende por todas partes. La otra falacia, esta mendaz y malintencionada, es la de repetir hasta la saciedad que los niños catalanes tienen una competencia en castellano mejor y mayor que la de nadie más. No hace mucho aún le pude oír esta afirmación a la vicepresidenta Joana Ortega. Y en realidad, tal y como ha denunciado pormenorizadamente, con los exámenes en la mano, Convivencia Cívica Catalana el pasado 21 de junio, los exámenes de español o de castellano a que son sometidos los escolares en Cataluña son de un nivel más bien bajo y exigen una competencia inferior a los exámenes equivalentes para el catalán. El tema de la inmersión o sumersión lingüística y demás está tan infectado por los intereses políticos y económicos que prácticamente es intocable y es imposible evitar los resortes irracionales. A los ojos de Simone Weil, el hecho de negarles a unos niños el enraizamiento con la tradición de donde provienen sería un factor de desarraigo y por lo tanto es su degradación personal y atenta (no de "atención", de "atentar") contra derechos elementales no materiales pero necesarios para vivir y para la dignidad de las personas. No olvidemos además que el hecho de que los padres no puedan ser trasmisores de una cultura los coloca a su vez en una situación de correspondiente desarraigo y desasimiento con un panorama de humillados y/o ofendidos. Estoy pensando en mis padres, que recibieron su educación familiar pero que no pudieron transferirla. Pero mis padres fueron emigrantes de Galicia, ya humillados y ofendidos por sus respectivos sistemas educativos.
Cuando hace uns días la BBC ensalzaba el sistema educativo más efectivo y eficiente de Europa, el finlandés, señalaba que su puntal estaba no en la cantidad de deberes que se les mandaba a los escolares -que era menor- ni en los recursos que éstos contaban en las escuelas, sino en que los profesores eran los mejores preparados de todo nuestro viejo continente. Y a mí me parece muy bien que la gente que se dedique a la enseñanza sea la mejor y no la que no sirva para otra cosa, por decir algo, pero eso -en nuestras latitudes de intervencionismo y socialdemocracia mal entendida- puede ser una vía para negarle a las familias su papel. Está claro que el crecimiento de los niños culmina con lo que los freudianos llaman "la muerte del padre", pero también lo es que la madurez supone una comprensión del padre.

"Saturno devorando a su hijo" (Francisco de Goya, 1819-1823)

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23.6.13

Familia: Verbenaceae

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20.6.13

Post 1004: Subiendo por las paredes

(Merlín el Encantador sobre su búho Arquímedes)

hora los magos salen por la televisión y echan las cartas y le dicen a la gente si va a encontrar un trabajo o si su pareja volverá o no su lado, pero hubo un tiempo en que los magos tenían el poder de transformar en sapo o en una sartén al más pintado. De aquellos tiempos trata "Merlín el Encantador" (Wolfgang Reitherman, 1963), de la factoría Disney, que en Hispanoamérica se llamó "La espada y la piedra". Y el duelo de magia entre Merlín y Madame Mim, en que se van convirtiendo a sí mismos en diversos animales yo creo que dio origen a otras muchas escenas de la ficción, aunque mucho más sofisticadas. Cuando Madame Mim se encuentra convertida en un dragón morado, Merlín se convierte entonces en un microbio muy infeccioso y acaba con ella.
Sin embargo no nos es dada la capacidad de transformarnos como Madame Mim (magia negra) ni como Merlín (magia blanca), ni las galletas de Alicia nos empequeñecerán ni engrandecerán, ni impresionaremos a nadie girando la cabeza en redondo 360º y pasada de vueltas, como la niña de "El exorcista".  Entre las armas de seducción o camuflaje del ser humano no se encuentran el cambio de color ni el despliegue de un hermoso plumaje apabullante, pero sí que están a su alcance los tintes y los peinados, el maquillaje y productos ortopédicos como lo son los tacones de vértigo. Yo no voy a discutir sobre el dudoso gusto de los hombres que se sienten invocados por el presunto sex appeal de unos tacones sobre donde unas pobres mujeres se tambalean como pueden y someten a sus pies a un martirio continuado que les llevará con los años a sufrir terribles dolores de espalda y demás. No sé si consiguen adivinar que más allá de esas estilizadas pantorrillas hiperextendidas hay unos pies deformados y enfermos, porque el placer que les debe proporcionar el sometimiento desvalido de una mujer que confía su equilibrio a un par de stilettos, cuya huella solo es capaz de imprimir la huella de un pubis y un ombligo, debe ser proporcional al puntal de su hombría. Y, como se suele decir, Dios los cría y ellos se juntan.
En nuestra época se han desarrollado dos... ¿adicciones?, entre varias, que a mi entender son destacables. Una es la judicialización de los conflictos familiares o de la vida privada. Otra la cirugía plástica. He observado que hay una primera vez y que luego hay una serie de personas que confían sus dificultades de adaptación a los tribunales o a los quirófanos, e incluso habrá quien va dando tumbos entre las salas de lo civil o lo penal y las de la cirugía plástica y estética. De la misma manera, por seguir con el paralelismo, quien se casa por lo civil también se separará por lo civil y lo de la custodia de los hijos y demás también lo llevará a los juzgados, eso si no hay alguna otra contrariedad de algún lío. No se crean ustedes que es tan raro que las mujeres que se han quitado pecho luego se quieran poner.
A mí me encantaría poder cambiar de color, pero como los camaleones, no con El Corte Inglés.  O como en "El tigre y el dragón" (Ang Lee, 2000), subir por las paredes y volar. A veces hasta me gustaría desaparecer.

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19.6.13

Flor de cactus

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Tuttle y Buttle

"Spencer percibió en su sonrisa, así como
en sus palabras, aquella delicada ironía, tan característica ella,
que le parecía ver en la mitad de las cosas que decía.
Era una ironía carente de acritud,
cuyo origen exacto era una imaginación desbordante,
y nada tenía que ver con los sarcasmos baratos
que se oyen en boca de la mayoría de las
gentes que se mueven en la buena
sociedad, gentes que pugnan por labrarse
una reputación de inteligencia,
siendo así que ninguno la posee en
grado alguno"
Henry James, El rincón feliz


l error u horror fiscal sobre las 13 fincas que supuestamente vendió la Infanta Doña Cristina de Borbón me recordó uno parecido que tuvieron aquí en el catastro de Barcelona con mi padre, al que le atribuyeron 5 pisos que nos costó Dios y ayuda probar que no le pertenecían. Descubrimos el error por casualidad, al ir a comprobar otra cuestión y recuerdo que el funcionario o eventual de turno ante nuestra sorpresa o desconcierto usó una frase un tanto sarcástica. Mi madre les había dicho desde su lado del mostrador: "Pero ¿cómo iba a tener mi marido 5 pisos?", a lo que el tipo repuso: "Ah ¿y usted qué sabe qué es lo que tiene su marido por ahí?". Mi padre por aquel entonces lo que tenía básicamente era un diagnóstico de Alzheimer firme, por lo que el comentario no dejaba de traslucir además de lo que los anglosajones llaman "lack of professionality" una consideración cafre y desafortunada.
Por lo que estoy oyendo desde ayer en la radio el error sobre las supuestas propiedades de la Infanta es semejante al que hubo con mi padre, al que le habían asignado 5 propiedades por la sencilla razón de que el sistema informático había vinculado al nombre de mi padre todos los pisos de contribuyentes que se llamaban igual y cuyo DNI no había sido registrado o se había asimilado al suyo. El caso es que este error no se podía no ya probar -que esa es otra cuestión que nos entretuvo varios días- sino incluso rectificar, porque la chapuza del sistema informático del otrora llamado catastro estaba y está más blindado que un búnker de hormigón armado. Lo que no sé es si la opinión pública será capaz de pensar más allá de la noticia de lo de la Infanta y ver la cantidad de errores sistemáticos que hay o habrá por ahí. Excuso decir que si los 5 propietarios de los 5 pisos que le atribuían a mi padre no hubieran pagado sus contribuciones religiosamente Hacienda hubiera ejercido toda su capacidad de apremio y embargo sin piedad y sin atender a lo que salta a la vista, que tienen una plataforma informática que no es mejor que la del ministerio de Información de la película "Brazil" (Terry Gilliam, 1985). En la película una mosca cae en un informe durante su impresión y hace que la palabra Buttle se transforme en Tuttle, nombre que se corresponde con el de un terrorista. El desafortunado Archibald Buttle muere durante su interrogatorio, si no recuerdo mal, de un infarto de miocardio.

Aunque estos días se habla del adelgazamiento y racionalización de la Administración pública no tengo ninguna fe en que se consiga nada e incluso creo que puede ser peor. Aparte del cafrerío supuestamente irónico y la chapuza que tanto abundan, y a los que más que referirme de lleno he apuntado y ejemplificado con un caso muy particular, está la capacidad que tiene la función pública o funcionariado de absorber o asimilarse parásitos, políticos e inútiles y molondros varios. El administrado no distingue entre un funcionario de carrera, que ha accedido a su puestecillo de trabajo tras superar una serie de pruebas a cual más absurda, y un molondro enchufado. Además la administración tiende a crear departamentos que acaba desatendiendo para crear otros que tienen exactamente la misma función pero que lanza  como el no va más del más allá entre lluvias recias de purpurina y campañas de adelgazamiento burocrático y modernez. Esos nuevos departamentos a su vez son  olvidados y tenemos varios departamentos inservibles cuya liquidación es improbable cuando no imposible.
Sería injusto no referirse a personas que acceden a la función pública para hacer el trabajo de funcionarios públicos que están promocionados pero que no saben hacer el trabajo por el que los han promocionado ("inertos", una fusión entre el inepto reunionólogo y el inerte reunionista). En el mejor de los casos, esa clase de profesionales que se ganan la vida cubriendo la ineptitud de los injustamente promocionados "inertos" se ve de alguna manera reconocida. Pero siempre crea un malentendido, el de que el enchufado vicariante hace el trabajo de uno o varios funcionarios, cuando en realidad lo que está haciendo es impedir que acceda a ese puesto un funcionario que estando preparado para ejercer esa función nunca podrá aspirar a desarrollarla porque eso supondría una amenaza para el que fue promocionado sin tener prendas. No sé si me explico.
De manera que si el Ejecutivo consigue metabolizar esa continua fuente de ironía y cafrerío, y transformarla en algo con su cierta racionalidad, nos podríamos dar por satisfechos, pero es cosa que no creo ni remotamente. Todo lo más, lo único que el Gobierno de España puede pretender es que la proporción de cargos políticos a dedo, esbirros y trabajitos chapucillas externalizados pagados como oro puro sea algo menor de lo que viene siendo, algo asfixiante.

Henry James (fotografía de William M. Vander Weyde)

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18.6.13

Las alas de las mariposas

ubo muchos años en la casa familiar una especie de cuadro con mariposas disecadas que nos trajeron los tíos del Brasil. Las mariposas eran del Brasil y los tíos también, todo era del Brasil. Recuerdo que el año de las mariposas cenaron una noche en casa y como no les esperábamos hubo que improvisar y en gran parte lo que comimos fueron unas sardinas en escabeche que mi madre había preparado y que a mi tía le supieron a gloria. A mi me gustaba mucho que vinieran mis tíos del Brasil, con mi primo, porque se reunía toda la familia y porque íbamos a recibirlos al aeropuerto de El Prat donde otro tío nos llevaba a mi hermano y a mí a ver la clépsidra que sigue en el pabellón de toda la vida. Con los años esa clépsidra no ha perdido valor ante mis ojos, como sí ocurrió con la fuente de surtidor del patio del parvulario, la cabeza de un león de cerámica esmaltada verde.
Con el tiempo la colección de mariposas fue destiñéndose porque, de acuerdo con la antigua tradición o maldición familiar, a los Domínguez siempre se nos rompen los objetos de vidrio y ya no digamos los de cristal y aquel marco había llegado con su correspondiente e inesperado resquebrajamiento en la parte posterior, cosa que a mi entender permitió una degradación mayor del color de los ejemplares. La mariposa morpho, que había tenido un azul centelleante que ni niquelado estaba hace dos años que parecía su sombra y otra amarillo limón parecía color mostaza y se había quedado en las venas, si atendemos a la morfología de las alas, que habla de "venación". 
A pesar de mi atracción por el cristal, ni más ni menos que como todo el mundo, es material bellísimo que evito desde que al querer trasladar un vidrio se me resquebrajó más o menos por la mitad, como un rayo, y me quedé con un trozo en cada mano y temiendo por mis piernas, por lo que tomé todo el impulso posible y lo estrellé a distancia y por delante de mí. Pero mis tías eran mucho peor porque yo creo que con solo mirar una copa la rompían, mientras que yo las rompo al cabo de unos días de usarlas. Se caen en superficies donde es imposible que algo resbale o tambalee. Se estremecen si un vientecillo cierra de un golpe una puerta y todas se rompen, las más finas y las de Duralex. Cuando nos damos cuenta de estos refinamientos del destino y de otros, de que la fatalidad existe y se confabula hasta genéticamente para perpetuarse y asegurarse no ya imponderables sino que lo más previsible del mundo se trunque y malogre, ese día ya tenemos mucho de ganado. 
No querría con todo y con eso defender -ni tampoco atacar- la más mínima idea relativa a la existencia de un orden o lo que creo que se ha dado en llamar "el plan de Dios". De hecho, si existe un orden no es el orden alfabético ni ningún orden que puedan captar los sentidos humanos, o una más que cuestionable inteligencia, incluso poniendo mucho de su mejor voluntad, cosa de la que últimamente también dudo. De lo poco que no dudo yo es de la mala suerte. La mala suerte existe.
El I Ching se basa sin duda en la sincronía o ucronía de cuanto pasa, de ahí que consultado en un determinado momento todo surgirá a tenor de lo planteado. Lo malo, según se suele decir, es que no sirve para las grandes preguntas, cuestión que me deja atónita. O sirve o no sirve. Y lo que yo digo es que una vez que cada cual sabe con lo que cuenta lo mejor es obrar en consecuencia, y que yo no pienso comprar ni una sola copa más. ¿Para qué?

"Blue morpho butterfly" (Martin Johnson Heade, s.a.)

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14.6.13

Ramo de novia

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No he sabido encontrar más datos de esta especie y en esta ocasión no aporto su nomenclatura.

13.6.13

Diente de león (3)

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Flora y fauna (2)

ace unas semanas hablábamos de la azucena de Proust en la solapa, el botonier. Es famoso el retrato de Salvador Dalí con su bigote tocado por dos jazmines, foto que le debemos a una serie que le hizo Philippe Halsman. Y los tocados de Frida Kahlo son algo que, ya que no pretendemos agotar el tema, lo ilustran más que bien. Las flores que pintó Frida Kahlo encarnan la fuerza telúrica mexicana y un esencialismo naïf, luminoso, vital que poco tiene que ver con el que buscó y encontró Georgia O'Keefe, en gran parte para escapar a los pesados de la iconografía y el simbolismo.
Iba a decir "la pintora norteamericana Georgia...", pero tanto O'Keefe como Kahlo eran norteamericanas. De hecho la estadounidense se bajó a Nuevo México y pasó allí gran parte de su larga vida. Imposible y odioso sería compararlas, a no ser que pensemos que la incorporación de las flores a sus pinturas las hace firmes candidatas a esos análisis iónicos de simbologías uterinas que tanto gustan a los freudianos y a una parte del feminismo. El Black Iris III de Georgia O'Keefe (1887-1986) vio la luz el año 1926, un año después del accidente en que Frida Kahlo (1907-1954) se destrozó la pelvis, una pierna, la espalda y fue el principio de un largo calvario de más de 35 operaciones y un dolor que le acompañaría siempre. A Georgia O'Keefe, como intento explicar, no le gustaron nada las interpretaciones psicoanalíticas sobre el parecido del iris con la anatomía de una vulva, cejada en el vestíbulo genital y en el parecido con las flores que, sí, efectivamente son los órganos reproductores de las plantas. Y hasta luego la O'Keefe pintó una manzana en toda su supuesta simplicidad como para dar fe de que el arte no iba por donde decía la crítica, que tiene más parte que arte. Supongo, no lo sé, que al final acabó por desprenderse de esas historias, como uno se tiene que desprender de la modorra a media tarde si quiere aprovechar lo que le queda del día.
Hace un tiempo vi unas fotos de Alfred  Stieglitz, que fue el marido de Georgia O'Keefe, a ella misma y también a Rebecca Strand, con quien tuvieron una relación amorosa ambos. Primero él, cuando Rebecca Strand aún estaba casada con no sé quién, y después Georgia O'Keefe, cuando ya no estaba casada con Stieglitz. Estos líos a mí más que nada me demuestran una de las frases más inmortales de El cuarteto de Alejandría, que abre la tetralogía y que sin embargo pertenece a Sigmund Freud:
"Empiezo a creer que todo acto sexual es un proceso en el que participan cuatro personas. Tenemos que discutir en detalle ese problema".
La frase la salva sobre todo su tono reflexivo y hasta enigmático. Procede de su epistolario y Lawrence Durrell podía muy bien haberla dejado recortada en la palabra "personas". Pero ese retazo que le cuelga le da una frescura indiscutible.
Y sin embargo los artistas se resisten a pasar por el cedazo de una especie de tabla de equivalencias en que cada color y cada forma y cada motivo tienen su significado asimilado, como si se tratara de un código. No. Precisamente, ya lo tengo dicho aquí por lo menos tres veces, lo que me irrita de la Sagrada Familia de Gaudí es el abuso de símbolos, la persecución de pretender abarcar toda la historia sagrada, desde la paloma que lleva la ramita de olivo cuando se acaba el diluvio hasta prácticamente la escatología. 
Por eso el post de hoy, en vez de verse ilustrado por uno de los cuadros de Georgia O'Keefe o de Frida Kahlo, se ven honrado con una preparación secada  gracias al buen hacer de Elisabet Miró Casas de una muestra de un Trifolium campestre, vulg. trébol, recogida no muy lejos de nuestro centro de trabajo en el Hospital Vall d'Hebron. Hay numerosas fotografías del trébol amarillo en internet, donde se puede apreciar muy bien la flor.


Trifolium campestre, trébol

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12.6.13

Filfas y escogorcios

"Aprés dormir deu hom denegar son cors de les superfluïtatz en él multiplicades, no tan solament are avelan ho urinan, mas encare en altres maneres, axí con tussén, escupén, mocan, lo cap pentinan, la cara e les mans ab aygua tèbea tota via lavan.
[Del ajustament carnal, què val o nou al cors.] E carnal ajustamén, qui a profit de natura és hordonat, se deu fer aprés dormir, con lo cors és atemprat. Aquels, emperò, los quals an les junctures frèvols, e aquels que an morenes decorrens ho sordes, se deuen guardar diligentment que, mentre agen fam de menjar, ne encara aprés mengar, encontinent no agen cura d'ajustament carnal, e mayorment si natura per si matexa no o requeria, cor tots temps deu hom esperar que natura ho requeria"
Arnau de Vilanova, Regiment de Sanitat, cap. VI
eo que la Luna se aleja cada año 3,8 cm de la Tierra y que eso tendrá sus consecuencias en la duración de los días, en las mareas, etc. Me ha recordado un día que vi un profesor de secundaria de ciencias muy alterado porque ante él alguien había hablado de la influencia del satélite sobre la vida en la tierra. Me abstuve de intervenir, a pesar de que no tengo ninguna duda sobre el efecto que ejercen las mareas en la pesca, y de las fases lunares en las cosechas y demás. De hecho hasta había leído por aquel entonces algo sobre los Stradivarius, cuya madera se cortaba durante la fase lunar oportuna al objeto de que tuviera las condiciones ideales para la perfecta afinación de los violines. Y por mi parte había observado el comportamiento del polvo durante el cuarto creciente, cuando no se forma polvo alguno pero también es imposible retirarlo con eficacia. Esto requeriría una explicación tan prolija y tan poco asistida por razones de peso u otras consideraciones de relevancia científica, que prefiero dejarlo estar. De hecho llevo a mis espaldas los años suficientes para haber visto que este tipo de observaciones acaban por ser descubiertas en los laboratorios, como lo de los perros que huelen el cáncer o la pasteurización, técnica de conservación que se empleaba desde tiempo inmemorial incluso en mi propia familia. Por no decir nada de los ejercicios del periné que se atribuyó Arnold Kegel (1948), para reforzar el suelo pélvico de las mujeres añosas, que no son otra cosa que el mulabhanda, una llave yóguica que al menos hasta hace bien poco las mujeres de la India trasmitían a sus hijas para prevenir el prolapso uterino, la falta de tonicidad vaginal, las hemorroides ("morenes" diría Vilanova), etcétera. 
Que haya saberes que gocen de más prestigio que otros es algo no solo transversal, de un oficio a otro, de una profesión a otra, sino incluso dentro de un mismo sector. Por ejemplo, en general, los pianistas miran a los guitarristas no diré que como a hijos de un dios menor, pero algo parecido. Se considera que la guitarra es un instrumento de escaso repertorio, sin cuajo, para las tabernas y los centros parroquiales, útil solo para expresar sentimientos bastante elementales y poco elaborados.  Hasta la acústica de la guitarra se presta a poco más que la intimidad. 
De ahí suponemos que cada cual haga por establecer una jerga propia, que ayuda a aislarse y a crear un mundo aparte, más o menos como ocurre con los Amish, que conservan el alemán (un alemán además arcaizante) en medio de un entorno donde es poco probable que prospere no ya un idioma sin televisión sino incluso un idioma que solo pretende perpetuarse y ayudar a la cohesión de un grupo humano peculiar. Por esas cuestiones u otras parecidas, es por lo que me imagino que el lenguaje de las publicaciones de Enfermería y el de las publicaciones de Medicina transita en mundos paralelos, aunque aparentemente traten en muchos casos sobre el mismo tema o coinciden en alguna de sus facetas, que resulta al cabo irreconocible a no ser para quien como yo tiene que estar al caso de todo y no saber nada de nada.
La apropiación del lenguaje llega a que incluso, por poner un ejemplo, está prohibido al menos en Cataluña que los colectivos que ofrecen el aprendizaje o la práctica del chi kung, el tai chi, el yoga y otras técnicas de la tradición oriental, usen la palabra "salud" en sus estatutos, en su difusión y en sus clases. Todo lo más se les permite que emplean la palabra "bienestar", y eso a pesar de que ya hace muchos años que la Organización Mundial de la Salud admitió como indudables los efectos beneficiosos de tales ejercicios por lo menos en determinadas afecciones. Podemos admitir también nosotros que la Generalitat arbitre sobre qué es lo qué es salud y lo que no, y sobre qué profesionales se consideran fiables u homologados. Lo que ya me cuesta más entender son cosas como -pondré otro ejemplo- que un grupito de enfermeros elabore un protocolo para incorporar el tai chi en la rehabilitación de bla bla bla sin tener ni la más repajolera idea de qué es el tai chi ni el chi ni nada.
Hace unos años, cuando el método Pilates se convirtió en marca registrada o algo parecido (es que pereza me da comprobarlo, lo prometo) las hordas del yoga se plantearon hacer algo parecido, ya que en realidad Pilates se ha apropiado de muchos asanas yóguicos, se los ha hecho suyos, los ha comercializado o mercantilizado y encima -a la vista de lo que yo conozco- los ejercicios han perdido en gran parte sus virtudes y efectos beneficiosos, cuestión que puedo defender con conocimiento de causa y extensamente. Pero dentro de los principios del yoga, de forma parecida a como ocurre con el tai chi y el chi kung, se establece que es una tradición, que se trasmite tradicionalmente y que nadie puede apropiárselo. Que se haya permitido que el método Pilates se haya apropiado y haga un mal uso de un saber milenario se debe al hecho de que la gente del yoga es pacífica, desinteresada y demás. Por lo menos hasta ahora. La actitud normal es seguir preservando la tradición y lo otro ya sucumbirá bajo su propio peso. Y en ese punto andamos.
A veces el conocimiento se confunde con su formalización hasta tal punto que en muchos casos más allá de la formalización nos cuesta encontrar substancia, meollo y fundamento. En los últimos años, gracias a las tecnologías en gran parte, se ha podido transcribir el flamenco, su cante, su guitarra, se ha puesto al alcance de todo el mundo ( y cuando digo "todo el mundo" lo mismo digo Barcelona que Corea). Así que la preservación del saber es un bien, pero tampoco nos pasemos.
El texto de hoy pertenece al Regimen Sanitatis de 1308, de Arnau de Vilanova, uno de los médicos más importantes entre el siglo XIII y XIV, por no decir el más importante, no ya en la Corona de Aragón sino en Europa entera. Para quien no conozca otros textos de la época, que tantos no había, tal vez le llamará la atención no ya la familiaridad con los fluidos humanos, sino que se reparara en materias que la moderna Medicina considera objeto de la Higiene. De afirmaciones como que es mejor tener el "trato carnal" habiendo dormido porque el corazón está templado, estaba el mundo lleno. Y cuando nos reímos de un texto así es porque nos podemos reír prácticamente de todo cuanto se escribe y es tan perecedero.

"On the trail" (Winslow Homer, 1892)

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9.6.13

Papiros

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Post 999: El oído musical interno

on oído musical propiamente dicho solo conozco una persona. Es decir, es alguien capaz de distinguir una nota aislada y sin más referencias con total facilidad. Si oye caer una hoja seca de un árbol puede determinar si el sonido reproducía un mi o un re. A mí me lo pareció, que tenía muy buen oído y un día le hice la prueba del tono del teléfono, aprovechando que la mayor parte de las personas no saben que es un la. Ella lo distinguió casi sin esfuerzo alguno. Es más fácil distinguir una nota cuando está en relación con otras, pero no en forma aislada.
Lo que yo desconocía es que hubiera un oído musical que los médicos relacionan con el llamado síndrome de Charles Bonnet, que tiene que ver con alucinaciones visuales o sonoras en individuos sin dolencia psiquiátrica alguna. En el caso de las alucinaciones sonoras suele darse en enfermos aquejados de sordera o hipoacusia y en nuestro país se ha descrito recientemente un caso, en el Hospital Clínico de San Carlos, en Madrid. La paciente en cuestión oye música de cabaret. Cath Garmester, en Inglaterra, escucha "Happy birthday". Según su médico normalmente las personas con síndrome de Charles Bonnet oyen himnos ("God save the Queen") y canciones de Navidad y piezas por el estilo. Para Nick Warmer, psiquiatra, estas alucinaciones pueden distraerse escuchando música externa. Más interesantes me parecen las conclusiones que han dejado los neurooftalmólogos del HCSC, ya que justifican las alucinaciones como una especie de compensación del cerebro ante la discapacidad sensitiva y en la búsqueda de piezas o canciones que inspiran confianza o certidumbre.
El año 1993 sufrí una intervención quirúrgica de urgencia a media noche y por lo tanto fui inducida al sueño con la anestesia justa para el trance. Esto quiere decir que aún en el quirófano empecé a despertarme y que era consciente, tenía alguna sensibilidad en la piel y toda la del oído, a la que me aferré. Y allí me estaba esperando una canción que había estado escuchando unas semanas antes. Era "Aya Dwar Tumhare", en hindi, que se puede traducir como sigue:
Rama, he venido hasta tu puerta.
Cada vez que tu discípulo está en peligro
tú lo salvas siempre.
Hay una sombra en mi espíritu
y la oscuridad lo rodea.
¿Quién llegará a avivar la luz?
Mi vida es como un barquito en la tempestad.

El bhajan lo había estado oyendo semanas antes de mi operación, pero no había atendido la letra, al menos hasta donde yo recordé. Semanas después de la operación, de la que tardé en recuperarme un mes, me acordé del hecho y busqué el disco y la letra de la canción que era ni que pintada para el caso porque era a vida o muerte, ya que había perdido mucha sangre.
El bhajan estaba allí en mi mente, como cuando se nos instala un sonsonete o cualquier canción sin poder evitarlo. Fuera lo que fuese el caso es que consiguió apartar mi atención de las sensaciones cada vez más vívidas en mi vientre y en mi piel. Y cuando el personal médico se dio cuenta ya pusieron ellos el remedio habitual. Así que muy bien.

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8.6.13

Patos

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Rollos negativos

"A pesar de que trabajó como niñera en Chicago durante más de cuatro décadas, la fotografía fue para Vivian Maier la pasión a la que dedicó toda su vida. Sus estampas en blanco y negro son un singular testimonio de la vida callejera de Chicago y Nueva York de los años 50 y 60. Bajo el título 'Vivian Maier, Street Photographer', la Sala Municipal de Exposiciones San Benito de Valladolid acoge hasta el 8 de julio la primera gran exposición a nivel europeo que se realiza con esta, hasta ahora, desconocida fotógrafa norteamericana." (Metrópoli)
"Aunque trabajó como niñera durante casi toda su vida, Vivian Maier fue descubierta por John Maloof como fotógrafa de calle y de viajes en 2007, en una casa de subastas locales en Chicago. Siempre con una Rolleiflex alrededor del cuello, Maier se las arregló para acumular más de 2.000 rollos de película, 3.000 fotografías impresas y más de 100.000 negativos que, aparte de ella, prácticamente nadie más contempló durante su vida. Sus fotografías en blanco y negro son imágenes indelebles de la arquitectura y la vida callejera de Chicago y Nueva York, sobre todo de los años 50 y 60." (El Mundo)
e resisto a extractar o referirme a la  vida de Vivian Maier  sino es enlazando la Wikipedia para que ustedes puedan recibir la impresión sin mi mediación.  Verán que las dos citas que al buen tuntún recojo ambas hacen mención a su condición de niñera. Vengo de ver la web de donde al margen de los derechos de explotación intelectual, cosa que solo he transgredido en dos ocasiones, he tomado una de sus fotos para el Álbum. Hay 40 autorretratos. Y de los 100.000 negativos de la Rolleiflex a que se refiere "El Mundo" apenas se han positivado la mitad. Pero de lo que llevo visto siquiera ahí en la web mencionada, me resultaría extremadamente difícil elegir por un decir 10 fotos. Todas son muy buenas o debería decir que todas me gustan mucho.
Debo también decir por delante que a mí todos los datos sobre la existencia de la artista, aunque trasluzcan una vida que a algunas personas les resultaría peculiar, para mí no son más que un material tan precioso como lo es el de todas nuestras pobres vidas. Estos días en que se le ha concedido el Premio Príncipe de Asturias a Antonio Muñoz Molina y se ha enaltecido su coherencia y su corrección política, estos días en los que se ha celebrado los 115 años creo del nacimiento de Federico García Lorca y se ha usado para engrandecer su posición en medio de la locura de entreguerras, yo sigo creyendo y pensando que el verdadero artista nunca se justifica por su coherencia ni por su posición. Les confieso que el uso que se ha hecho de Antonio Machado o de Miguel Hernández me impide, al menos temporalmente, no sé ya si para siempre, disfrutar de su obra como la había disfrutado en algún momento. Que se haga de los poetas un uso partidista entra dentro de la dinámica de estos tiempos. Por lo demás, el hecho de que Rosalía de Castro padeciera de un cáncer de ovario o sobreviviera a dos de sus hijos (si no recuerdo mal) no la hicieron mejor ni mayor poeta. Curiosamente la secularización de la sociedad ha trasvasado la borra hagiográfica de los santos y mártires a los intelectuales, músicos y poetas que se han prestado o no a ocupar las hornacinas de Nuestra Señora de la Santa Indignación, el Sepulcro de la Eutanasia Llevadera, el Sagrario de la Alianza de las Civilizaciones y la Reverendísima Solidaridad.
Hay 40 autorretratos de Vivian Maier, digo, como si no se subrayara su identidad más genuina a través del resto de sus miles de fotografías. Alguno es un reflejo sobre una superficie cóncava, donde aún destaca más su prominente nariz, otros son su mera sombra como una interferencia no evitada en el encuadre. Estoy pensando en las meras fotos de perfil por ahí por las redes sociales en que muchos se muestran tras una cámara. O tantos autorretratos en que el hombro delata con qué mano se hizo cada cual su foto. Estoy pensando también en "Orlando" (Sally Potter, 1992), en cada vez que Tilda Swinton, cuando cambia de ser hombre a ser mujer o de ser mujer a ser hombre, mira a la cámara a sabiendas de que trasciende la escena, de que hay un rodaje que a su vez es el símbolo del futuro. Las piernas de Marlene Dietrich en "El ángel azul" y esa mirada de Tilda Swinton no tienen equivalente en la historia del cine. O tal vez sí, pero no ahora en este preciso momento.
La mirada de Vivian Maier, madre francesa, padre vienés, su vida entre Nueva York y Chicago, no es por supuesto la mirada de la niña de la foto que finalmente elegí, una mirada directa, la mirada del presente que tanto envidiamos a los niños (algunos van quedando). Vivian Maier mira el presente pero con una cierta rigidez, como de quien se para para tomar esa instantánea que en realidad tomó y para captar el momento. La mirada de la niña es puro presente y establece otra dimensión diferente a la del espejo. En ese eje gira el quehacer fotográfico. Hay fotografías muy bonitas en internet, cada vez más, algunas retocadas, con los colores o el contraste intensificados, con paisajes grandiosos que dan fe de grandes viajes y del paraíso terrenal. También hay fotógrafos que pretenden denunciar los horrores de este mundo, pero suman y siguen cuando eligen lo que conviene ser mostrado. Algunas de estas fotos no diremos que estén retocadas pero sí que muchas veces son tendenciosas y nos empujan sin rubor alguno a determinarnos a favor o en contra de algo. Fotos bandera. Para mí ni los cromos de la Virgen del Pixelado ni los bodrios del Cafrerío (que no Cofradía) de la Devota Prensa Procesionaria no son lo que yo busco en fotografía. Por cierto, ahora el "The New York Times" lleva unos días que no ha hecho nada en su campaña contra España o su marca. Pero esto, claro está, es una apreciación personal.

Autorretrato de Vivian Maier (©Maloof Collection)

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5.6.13

La vida es sueño

o sé si quedará por ahí alguien que sepa aún que "La vida es sueño" fue una obra de Calderón de la Barca y la frase es además parte del monólogo de Segismundo, aquel que acaba:  Yo sueño que estoy aquí | destas prisiones cargado, | y soñé que en otro estado | más lisonjero me vi. |¿Qué es la vida? Un frenesí.| ¿Qué es la vida? Una ilusión,| una sombra, una ficción,| y el mayor bien es pequeño: | que toda la vida es sueño, | y los sueños, sueños son.

Lo que no sabrá casi nadie es cuando fue la última vez que se representó Calderón en Barcelona, pero ese es otro tema. El de hoy es de la llamada mirada periférica que propone el zen. No el de Huang Carlos Aguilar, el maestro shaolín  (o "txacolí", decía ayer Rosa Vélez en Twitter), que se ha sabido que tiene una afección tumoral en su pobre cabeza. Me refiero al zen de toda la vida. Aunque mi conocimiento de la filosofía budista zen es mucho peor que rudimentario y superficial, sí que tengo visos de que renuncia al análisis, a la mirada escrutadora y metódica, y se entrega a una mirada periférica que lo abarca todo y nada porque se parte de la base de que es imposible y además indeseable abarcarlo todo, y de que además no se persigue la habilidad o la inteligencia, elemento que también aparece en el Tao Te King, libro que lo es insondable, penetrante, que no se debe "consumir".
A mí, que todo me gusta adaptarlo a mi propia vivencia, me parece que ese acercamiento del zen a la naturaleza, al mismo tiempo vacío y penetrante, me desembaraza de muchas de las dudas y tensiones que impone la dialéctica a la que estamos acostumbrados y malacostumbrados. Simplemente la manía de discutirlo todo, de enfrentar opuestos, ya es toda una revelación de nuestro conflicto permanente hasta con nosotros mismos y ya no digamos con los demás. Y eso a pesar de que cada vez tenemos a nuestro alcance más saberes que nos proponen un vuelco de todo enfrentamiento hacia un nuevo entendimiento. Pienso por ejemplo en el  Ho'oponopono ancestral hawaiano, por el cual se viene a decir incluso o sobre todo que cuando asistimos a determinadas desgracias, dificultades y porfías que sentimos como ajenas en realidad no lo son. Hasta una enfermedad de alguien, por mucho que no la sintamos como nuestra, lo es. Pero de la misma manera que no hay que llevar el individualismo a los extremos que todos conocemos, tampoco habría que asumir la compasión ("sufrir juntos") hasta donde la imaginación nos lleve ni literalmente, solo en su justo término.
Si yo consiguiera ni que fuera durante una semana seguida admitir que me voy a morir sin haber conseguido "algo", como cosa natural, me daría no con un canto en los dientes, porque hace un par de años me los arreglé, pero sí que me daría por satisfecha o contenta, que quiere decir "llena". Al fin y al cabo no se trata de conseguir "algo" ¿O sí? Tomo consciencia de que a mi alrededor un sucedáneo de la felicidad o de la tranquilidad o de un monstruo sintético concebido por engendros similares, nos hace perseguir una vida lineal en la que todo tiene como contadores. Número de seguidores en Twitter, amigos en Facebook, el sueldo (y los sueldos sueldos son), el cuentaquilómetros del coche, días de vacaciones, número de créditos de las asignaturas, cifra de cursos realizados, puntuaciones, rankings de las universidades, porcentaje de intereses bancarios, primas, déficit, cociente de colesterol total, años vividos, metros cuadrados de la casa o el piso, suma total de los viajes realizados a Nueva York, a París, a Roma y a Londres, calorías que se comen de más. Pero sabemos que la vida no es eso.

Los efectos no ya de la anestesia, sino simplemente de un mero comprimido de 500 mg de paracetamol nos permiten entrar en un sopor bastante beatífico, mejor si cabe que la ensoñación, ya no digamos el de una siesta bien organizada, con su babita y su oreja planchada y todo. Pero el sueño de los justos poco tiene que ver con una percepción flotante de la realidad, la llamada "mirada de gato", tan dispersa y sin embargo tan atenta, como los fragmentos a su imán. La sensación de caminar en el monte a oscuras, si conseguimos alejarnos del áura lumínica de las ciudades, es de las pocas sensaciones que consigue avivar nuestros adocenados sentidos sin irritarlos, nos convierte poco menos que en panteras, capaces de percibir en las tinieblas nuestro camino mejor que si estuviera marcado como un autopista.

"Children doing handstands" (Somalia). Chris Steele-Perkins, 1980

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4.6.13

Miraestels

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Desde la última vez que vi las boyas del Maremagnum creo que las han repintado y además les han puesto aquellos pinchos antipalomas. Solo se ven si les da la luz de determinada manera. Muy fino.


3.6.13

La tranquilidad

eleo y releo en la prensa que el autodenominado "maestro" y monje shaolín del templo budista Océano de tranquilidad, Huang Carlos Aguilar es sospechoso de haber dejado en coma a una mujer y está siendo investigado porque se han encontrado en su gimnasio o dojo restos humanos procedentes de diferentes cuerpos. Gente que buscaba con él "superar su instinto animal y entrar en otro plano [...] espiritual, de sabiduría o trascendencia". Ya hace tiempo que vengo observando que hay una proliferación inaudita de maestros, iluminados varios, masajistas, echadoras de cartas, terapeutas por lo reiki de toda índole y de las trescientas mil escuelas que lo trasmiten. Aunque servidora ha practicado yoga y taichi durante muchos años y ha conocido a personas impecables, también es verdad que he conocido algunos pelagatos, caraduras y chalados de diverso jaez a los que nunca les faltó una tropa de fervientes seguidores dispuestos a creer a pies juntillas cualquier idea, sobre todo si es exótica, si le representa un desembolso que está dentro del margen que cada cual está dispuesto a perder en imprevistos y caprichos y si le procura algún rendimiento.
Para quien me conozca ya se habrá dado cuenta que no suelo meterme mucho con la gente que ha optado por una forma de ganarse el pan que puede ser cuestionado pero que muy dañoso no es. Al fin y al cabo, si quitamos a los agricultores, a los marineros, a los maestros de primaria y secundaria, a los dentistas, a los podólogos, a los bomberos y a pocos profesionales más que no sean por definición terciaristas, parásitos, comisionistas y demás, casi no nos salvaríamos nadie. Mi trabajo es prescindible, aunque debo admitir -cosa que me declara como idiota- que he ayudado con él a promocionarse a mucha gente, a descansar en mí labores de una cierta dificultad técnica que no podían confiar a nadie, más que nada porque no hay tantos idiotas que tengan la tenacidad de cumplir con diligencia, esmero y escrupulosa pulcritud con faenas tediosas y de detalle. Pero gente realmente necesaria hay poca, seguramente. Y pienso que estas hordas de vendedores del elíxir de la perpetua tranquilidad y la paz espiritual total  son perfectamente obviables, además de una plaga. No tenemos bastante con los profetas de verdad como para tener que soportar a los otros.
La tranquilidad dije un día es para mí preferible a la felicidad, como si fueran dos deseos o intereses opuestos. Cualesquiera de las corrientes espirituales, filosóficas y hasta económicas del mundo occidental y oriental sabe que el mucho desear causa inquietud. Una ansiedad terrible. Y los maestros del zen, de la doctrina cristiana y del yoga nos han advertido que la ambición espiritual no es mejor que la codicia material. De hecho, para los que han cursado el camino de perfección son lo mismo. Lo dijo Patañjali, lo dijo San Juan de la Cruz y de alguna manera subyace en el taoísmo. 
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Descendiendo a otro nivel, el del mero bienestar cotidiano, observo en mi entorno que hay nerviosismo, irritación, burn out, ansiedad y que hay personas que -buscando un cierto sosiego- acuden a sesiones de yoga, shiatsu, diferentes tipos de masaje, chikung, danza del vientre y bailes de salón. Y no se trata de personas que tengan dificultades familiares o un colchón social sórdido. A veces, incluso, cuanto mayor es el nivel económico, mayor es también el desasosiego, la agitación, los nervios. Le es imposible relajarse y una relajación profunda solo consigue colocarles en un estado de crispación que es mucho peor porque ha rozado tensiones que estaban aprisionadas bajo capas y capas de ideas no menos contracturadas que sus trapecios. También se encuentra un cierto alivio en licores y fermentos que consiguen sofronizar las aspiraciones que nada puede colmar, pero todos sabemos que la mezcla de la ansiedad y el alcohol tiene consecuencias adversas. Tal vez comer una tableta de chocolate o una bolsa de medio quilo de snacks calma el animalito al que se refería Huang Carlos, pero entonces es posible que se convierta en un monstruo debilitado y exigente, procaz, compulsivo, insaciable.
Tingshas o címbalos tibetanos

En esto como en todas las cosas, si me perdonan que exprese mi opinión, hay que optar por hacer -como diría Santa Teresa, por lo que nos haga amar. "Lo que os haga amad, eso haced". Y aparte de eso hay que mirar por la salud, sin pasarse, y por no tirar el dinero porque cuesta mucho ganarlo. En otro orden de cosas, la valeriana va muy bien.  Y menos tele y más caminar. Marta dixit.

P.S. Por cierto, he perdido mi disco de cuencos tibetanos. He rebuscado en todas las cassettes de todos mis otros discos y no sale.

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Acca sellowiana

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