29.6.13

De capa a sayo (sabatina)

Herru Santiagu,
Got Santiagu,
E ultreia, e suseia,
Deus adiuva nos

Codex Calixtinus

on el incremento de turistas que tenemos en mi ciudad desde el año 1992 es imposible que se pueda hacer una visita de los puntos a los que suelen acudir sin apreciar y lamentar que hay demasiados. Y por lo general son personas que tienen un comportamiento impecable. La mayoría de las veces su presencia solo inspira como sentimiento adverso la certeza de que son carne de cañón para los carteristas y descuideros, y que ingieren unos brebajes denominados "sangría" y demás de cuya composición tengo más que dudas. 
Otra cuestión digna de conmiseración, además de la ingesta de sangría y tener que padecer la atención de camareros temporales por profesionalizar, es la de verlos como zombies, de un sitio para otro haciendo colas y con la mirada a veces perdida y a veces abismada en mil reclamos. Alguno se ve quemado por el sol o con heridas en los pies, como fervientes peregrinos. Hace unos años una amiga protestaba porque había sabido que Manuel Fraga Iribarne, durante su presidencia de la Xunta de Galicia, había modificado algún tramo del Camino de Santiago, a favor de localidades mejor preparadas para la hospedería o por lo que fuera. Y yo le hice ver que el Camino, aunque tenía como objetivo el sepulcro del apóstol y se supone que seguía una constelación, no dejaba de ser una convención y un quítate ahí que me pongo yo como lo es todo. Si uno lee las ridiculeces que asevera el día de hoy la Wikipedia sobre el tema podrá ver la manera en que se mezclan medias mentiras con medias verdades, afirmaciones sin fundamento y datos históricos sin ningún problema. Si en la Catedral de Compostela hay un botafumeiro lo propio de la basílica de la Sagrada Familia sería poner el pebetero aquel que prendió el paralímpico arquero Antonio Rebollo el año de las olimpiadas, con todo el pulso de la ciudad parado y el alma en vilo.
A mí no me importa ir por lo que se llama un camino trillado o marcado, pero evito a toda costa esa especie de camaradería floja de la asiduedad, la fraternidad esa que se convoca a voluntad cuando se prenden mecheros o suena "Imagine", todo eso. Hice de mi capa un sayo, y de mi ruta jacobea un camino poco transitado y tuve la suerte de que nadie me dijera aquello de "ultreya". A lo que solo habría que añadir que esa especie de mística del camino acaba siendo una superchería para quien está tan inmerso en su grupo que va como en una burbuja, cosa que no es que esté mal, pero que nada tiene que ver con andar por el mundo adelante sobre los propios pies y no a zaga de otras huellas. La cuestión no es saber si lavarse los pies con Coca-Cola, como Carmina Ordóñez en una de sus últimas romerías al Rocío, es dar un paso en la aventura de vivir, sino si lo hacemos porque se ha telecinquizado, término que he decidido que sirve para designar la deshumanización o masificación de las personas. Hay tanto maestro Ciruela metido a filólogo que yo que medio lo soy ¿por qué no  yo también?
La alegría al pie de los autocares justo antes de empezar una excursión es incomparable con ninguna otra alegría. Pero también tiene sus alegrías "descubrir" por uno mismo íntimamente lo que otros ya descubrieron.
La telecinquización arrasa con Rayuela y todo cuanto se le ponga delante o no. Abundan en las redes las típicas fotos de casi siempre los mismos escritores (Saramago, Sampedro, García-Márquez, Proust) y sus frases célebres extraídas de libros que no sé si alguien lee. Es decir, mejor dicho: sé que no se leen.  Navego por el fárrago de Twitter y veo mis canales de noticias y entreverado el asinus asinum fricat del amiguismo, una mal entendida amistad de quienes hacen piña por o contra algo o que circulan como entre los camareros de un cocktail de tuit en tuit. A veces se cruza algún insulto. Odior e irracionalismo entre energúmenos escudados en el anonimato y asentados en el cinismo. En el mejor de los casos algo de ingenio, pero siempre implorando la aquiescencia del respetable que apoye con retuits y demás quincalla. Otra vez la masificación y el amiguismo, no la verdadera amistad.
*

Cuesta creer que haya gente por ahí en la cárcel y hasta muerta por amar a alguien de su mismo sexo, por amar, y cada vez resulten más habituales los insultos y desprecios y el odio. Eso se permite y hasta parece que se ve bien.

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Hago de mi capa un sayo digo, como dice el refrán, hago lo que bien creo que debo hacer o sé y puedo hacer. Y me contento. Tal vez una escapada a Madrid, por ver Pissarro, el Jardín Botánico, Aranjuez, las exposiciones de PhotoEspaña. Pero algún día he de ir a Chile y a la India, al Japón. Un dineral.
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Veo estos días con la mayor preocupación esa especie de epidemia de acosos de niños. No me refiero al que algunos niños padecen en sus colegios, sino al que los niños cometen con sus padres en mayor o menor medida, pero despreciándoles y haciéndoles la vida más difícil de lo que ya lo es algunas veces. Esperemos a ver. Deus adiuva nos.

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