14.7.13

Las casillas

A Toni Aznar

"Mi casilla, mi quietud, mi güertecillo y estudio"
Félix Lope de Vega

Teño unha casiña branca
na Mariña entros loureiros
Teño amores, teño barca
estou vivindo no ceo.
Adiós á miña casiña,
portelo do meu quinteiro,
auga da miña fontiña,
sombra do meu laranxeiro.
(Trad. gallega) (*)

nte el Real Decreto 235/2013, (... de 5 de abril, por el que se aprueba el procedimiento básico para la certificación de la eficiencia energética de los edificios) cualquiera se da cuenta de que se pretenden incorporar más intermediarios al negocio de la construcción. Se supone que la gente que construye edificios conoce su oficio y tiene que hacer que sean eficientes energéticamente, que no se caigan al primer portazo aunque suene como un interrogante enorme. Pero así andamos. Y quien siembra viento recoge tempestades.
Ayer hablaba de calores y pienso en la ineficiencia energética de mi casa, eso a pesar de lo que he hecho y no he hecho por conseguir un microclima o lo que sea. Veo la casa en la que vivió Lope de Vega los últimos años de vida y pienso que aunque es un decorado, que no es fidedigna al cien por cien, tiene mucha eficiencia energética. Cuanto más repito la frase "eficiencia energética" más rabia me da. Por algo será. El caso es que sí que se aviene con las ideas generales que una tiene del mobiliario de los siglos de oro para las casas de los ricos y en general el grupito de los no pobres: paredes blancas, sobrias, algún tapiz, ventanas y contraventanas, nogal oscuro para los muebles, esteras de atocha, algún escritorillo o bargueño, arca en el zaguán y, en menor medida, una librería. El retrato que vemos en la foto de la Casa-Museo de Lope de Vega es de un pintor anónimo y lo representa más viejo que en el que suele circular en internet.
Tal vez el mueble más usado de la casa hoy en día es el sofá, un invento tan infernal como el aire acondicionado, un lugar donde apalastrarse (**) y desriñonarse y contracturarse. El sofá, que es el centro de muchas teleseries, cuando no lo es el cabezal de la cama o el office, es un lugar donde despatarrarse y ver la televisión, oír música, recibir a las visitas, cenar, wasapear o todo a la vez. Da más de sí que un triclinium. Permítanme decirles que yo creo que en el sofá se pueden obtener muestras de ADN y todo tipo de microbios, virus, trozos de queso, pan de molde, fritos de maíz y demás. Es asqueroso. Una vez encontré en el mío una pluma estilográfica que hacía tres años que no veía y eso porque no lo había limpiado tan a fondo como para profundizar en las capas más intersticiales y pelágicas de mi tresillo. Pero yo creo que se puede encontrar cualquier cosa que antes se haya puesto, claro.
Digo "triclinium" pero más bien pienso en el estrado de las damas, un lugar donde -también durante nuestros siglos de oro- se reunían "damas, dueñas e infantes", que era donde transcurría la vida familiar y donde aún se sentaban "a la morisca", sobre cojines, en un estrado ligeramente elevado sobre el suelo y tapizado, donde las mujeres hilaban, cuidaban a los niños, recibían, y sin salirse de las costumbres más decorosas (como no lo es ver Telecinco o a Monegal), pasaban el rato.
Las segundas residencias (otra expresión al estilo de la "eficiencia energética") me recuerda el lío que se hacen los arquitectos con los jardines. Y es que la típica casa patricia romana, que lo que es a mí me quita el hipo, o incluso la casa tradicional japonesa, deja el jardín para la parte más íntima de la casa, aunque habría que decir que la casa romana y la judía o la cordobesa también tenían un espacio central fresquito, el patio, un sitio donde verdaderamente era posible restablecer las fuerzas y conquistar la calma. La casa tradicional japonesa tiene un espacio zen donde ya hay que descalzarse pero donde puede ser recibido cualquiera, conforme nos adentramos en la casa el nivel de intimidad es mayor y ese punto lo alcanza el jardín, que es fresquito, silencioso y donde no hace falta morirse para estar en paz. El jardín que encontramos en las segundas residencias recuerda la entrada del jardín de "Mon oncle" (Jacques Tati, 1958). Las casas rodeadas de terreno a veces reservan una especie de backyard a huerto, pero me temo que después tienen unas cosechas de calabacín que exceden con mucho las necesidades familiares, especialmente cuando como dijimos la vichyssoise ha perdido su verano de gloria.


_____
(*) Tengo una casita blanca, | en la Mariña entre laureles. | Tengo amores, tengo barca, | estoy viviendo en el cielo. | Adiós a mi casita, | cancela de mi terreno, | agua de mi fuente, | sombra de mi naranjo.
(**) Apalastrar en mi Diccionario de X.L. Franco Grande gallego es "moler a palos". No encuentro esta palabra que me gusta mucho en el DRAE, pero la incorporo como propia.



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