4.8.13

Los menos malos

"Em sap greu el que diré. Però dic el què penso. 
Potser als Bárcenas, Millets, i altra mena de fauna es mereixerien 
un ensurt en forma de terrible
 malaltia. Ja se que quedo fatal, però no esta bé que els dolents,
 defraudadors, corruptes i gent que no té honor se'n surti
 com si res . Disculpeu . Ja que la justícia no fa res, que
 ho faci la natura. Malaltia amb dolor.... Ara ja l'he liat...."
(Leído en Facebook)

a hace mucho tiempo hablaba con una tía mía que es como la memoria RAM de la familia. Aunque ya va siendo mayor aún goza de una buena memoria y aunque es la única hermana de mi madre que no ha tenido hijos vivió muchos años con sus padres y aún vive en la casa familiar, cosa que pienso que la hace ser un elemento central. Una discapacidad física consecuencia de una temprana poliomielitis, y de las operaciones que le practicaron, le impide moverse más allá de lo  necesario para su higiene, etcétera. Todo ello, como digo, me la hace ver como la memoria RAM de la familia. Y ya les quisiera advertir de entrada que no me merece la menor consideración el asunto llamado de las "constelaciones familiares" ni nada que tenga que ver con el o la Gestalt, un movimiento que en Barcelona goza de muchos simpatizantes pero que a mí me inspira una gran antipatía.
Una vez, ante una gran cadena de desgracias en otra casa le pregunté a mi tía-memoria RAM si creía que había una justicia divina y me dijo de una manera tan convincente que ya no me he vuelto a plantear nunca más ni una sola pregunta que se le acerque: "Dios no se mete en esas cosas". Y pienso que es así, que las intervenciones divinas tienen sus razones y que intoxicarlas con las nuestras es algo que solo demuestra una vez más nuestra ruindad. Mi amiga de Facebook apela a la naturaleza, la cual ya sabemos que es indiferente a nuestros sinvivires. Dios por lo menos hace algún milagro, la naturaleza no interviene. Siempre sugiero a quien me explica un problema o un disgusto grande que se acerque al mar o a una montaña, como si allí nuestros pesares adquirieran la proporción real y la naturaleza fuera capaz de responder a esas preguntas que se nos ocurren y de hacerlo personalmente. A falta de un buen paisaje se puede recurrir al cielo, pero solo por mirar sus colores, las nubes, la obra del sol. Mi amiga es una persona de buen corazón, incapaz de hacerle daño a nadie. Por eso es por lo que recojo su frase, aunque sé que esa misma frase con toda su literalidad punto por punto sería un asco en manos de una persona con otro fondo, o en manos de la selección española femenina de waterpolo.
Los malos, si se me permite una palabra tan ingenua, incluso en plena desgracia son capaces de sacar un gran rendimiento y hacerla valer a su favor y sacarle partido. El cáncer más terrible los hace "mejores" (otra palabra ingenua donde las haya), una cadena de muertes familiares tan inesperadas como trágicas la convierten en una experiencia de la que salen más redimidos que la leche y justificados para impartir dictámenes sobre el bien y el mal. Ya que hablamos de la desgracia, del bien y del mal, hay que recordar que con muchos años de ¿ventaja? nuestra poeta existencialista avant-la-léttre,  Rosalía de Castro, ya lo dijo: O mal do inferno é fillo: o ben, do ceo; / a disgracia, ¿de quén?». Rosalía de Castro podía hablar con propiedad porque conocía unas cuantas desgracias.

*
La justicia divina no existe, por lo menos a nuestra medida y comprensión, pero existe la justicia humana, falible y siempre cuestionada por el lodo y las maniobras de los psicofantes (falsas delaciones). Pensemos ahora en las protestas por el indulto de Mohamed VI de Marruecos de 48 presos españoles, y en especial por el de Manuel Galván, pederasta condenado hasta por apelación y casación. De hecho, la diferencia entre amnistía e indulto tengo entendido que estriba en que se amnistía a quien no ha sido todavía juzgado y solo puede indultarse a quien ha sido ya condenado. El indulto que Mohamed VI hizo coincidir con la visita de Juan Carlos I a Marruecos no es algo excepcional. Cuando nació su hijo el príncipe Mulay Hasán el año 2003 concedió el indulto a 47.988 presos y cuando nació el año 2007 su hija Lala Jadiya concedió el indulto a 33.054 presos. El indulto real tiene que ver con prerrogativas del soberano alauí, su clemencia. Por lo tanto podríamos creer que esas cifras corresponden bien a un cálculo fractal de su magnanimidad que responde a fórmulas arcanas y de una gran complejidad metafísica. O que simplemente responden a un corte arbitrario de la bolsa de penados. Parece que lo de Manuel Galván, condenado a 30 años de reclusión, fue un error, su indulto, y que el resto de indultados lo fueron por tráfico de hachís. De manera que dejamos ahí esbozado el tema de que la justicia se equivoca cuando castiga y a veces también cuando perdona.
Es conocido el brocardo o máxima jurídica del Derecho romano, "Dura lex sed lex" (la ley es dura pero es la ley). Por tiempo que pase me sigue resultando incomprensible que este axioma llegara a inspirar el nombre de la marca registrada de Duralex (R), un vidrio que es muy resistente pero que -por cierto- cuando se rompe un plato en la cocina puedes estar recogiendo pedacitos de cristal siglos enteros. El verre trempé Duralex asume tal vez el significado metafórico de la fuerza de la ley. Aunque a veces nos quejamos de los privilegios de los parlamentarios, cuyas causas si no me equivoco son juzgadas por el Tribunal Supremo y que gozan de inmunidad diplomática y de otras ventajas. Pero esta condición de ser aforado por estar en las Cortes, que en algunos casos ya se ve que constituye un abuso (pensamos en Silvio Berlusconi pero en nuestro país tenemos unos cuantos ejemplos), es estrictamente necesaria para contrarrestar otros abusos. Y es que si la condición de los parlamentarios fuera la normal de cualquier ciudadano tendríamos un día sí otro también entorpecidas las sesiones parlamentarias en su actividad legislativa y otras. Se les envolvería en querellas de querulantes, en falsas acusaciones con tal de entorpecer las votaciones en el Congreso y así impedir el normal desarrollo de las leyes. También los querulantes fomentan la calumnia, que es la forma más degradante de la venganza y/o del juego sucio.
Ya comenté en su momento mi desagrado ante técnicas de acoso y linchamiento como el escrache. El escrache entraría dentro de lo que sería tomarse la justicia por la mano e incluso  -mucho peor- al servicio de terceros, con forma superhipermegaguai de guerrilla lúdica. Y estos días me acordaba del escrache porque repasé el caso de "La vampiresa del carrer Ponent" (1912), hoy calle Joaquín Costa, nº 29. La vampira de la calle Joaquín Costa, proxeneta y asesina de niños muy pequeños, que a principios de siglo pasado murió linchada en la cárcel y no llegó a ser juzgada. Pero hay quien sospecha que no interesaba que fuera juzgada porque había gente de la alta burguesía que había solicitado sus servicios, fuera para usar sus ungüentos hechos con huesos y demás, sea porque usaban a sus niños secuestrados (de entre 3 y 14 años) como objetos sexuales. Enriqueta Martí era un monstruo. Cabe sospechar que el linchamiento fue hostigado por esos individuos de clase alta que veían amenazado su monstruoso bienestar social y familiar ante la posibilidad de ser acusados por haber disfrutado de los monstruosos servicios de Enriqueta y sus niños. Hubiera sido mejor un juicio. Siempre es mejor un juicio y no un juicio bufo o kangaroo.
Me estoy acordando también de "M, el asesino de Düsseldorf" (Fritz Lang, 1931), basada en una historia real de un asesino de niñas, que es capturado por la perfecta organización del hampa de la ciudad alemana, que por razones que a ninguno se nos escapará cuenta con sus propios recursos de investigación y orden. Consiguen adelantarse como es natural a los de la policía e incluso celebran un "juicio" inmediatamente después de la "detención" del monstruo de Düsseldorf (1:33:58). Ese juicio, además de que creo que es el primero de la larga historia de películas con un juicio reúne todos los temas que nos preocupan. El asesino, un Peter Lorre en una magnífica interpretación expresionista, les recuerda a los que le van a juzgar que ellos son unos criminales. El "abogado" del psicópata, que parece que es un jugador aficionado a la bebida o un bebedor aficionado al juego, defiende que no puede ser condenado un hombre que no controla sus propios actos. Que tiene que ser confiado a la Medicina. Verdaderamente M se excita cada vez que oye el fragmento de Peer Gynt (En la gruta del rey de la montaña) de Edvard Grieg, o cuando se excita silba Peer Gynt, que por cierto es la melodía que anuncia las apariciones de Gargamel y Asrael (los malos) en "Los pitufos". Una mujerzuela, que ha perdido a algún hijo no sabemos cómo, grita fuera de sí que le pregunten a las madres qué hay que hacer. Y en el juicio de verdad, el juicio legal, una de las madres cuya hija fue asesinada por M dirá la última frase de la película, que nadie les devolverá a sus hijas.
A veces ha estado de mi mano la revancha y nunca la he aprovechado porque nada podrá restituir lo que se ha perdido. Ni siquiera en condiciones normales me ha producido nunca el menor placer "ganar". Por otra parte, la venganza no proporciona placer alguno. La justicia sí, pero no porque es un derecho sino cuando se ejerce como un deber, por desagradable que sea. Y seguramente la mejor lección que podemos obtener todos es un poco de nuestra "Medicina", los más malos y los menos malos.

Fotograma de "M" (Fritz Lang, 1931)

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