22.9.13

Fuera de contexto (2)

“Un escritor no debe hablar sino escribir; el lector lee lo que ha escrito y punto;
lo que ni has puesto en el libro no vale la pena decirlo de palabra.”
Alberto Vázquez-Figueroa



ubscribiría totalmente esta frase en el caso de que yo misma fuera una escritora. Obviamente los escritores sí deben hablar, pero no de lo que escriben. La frase del novelista canario fue tomada de "El País", pero la tengo fuera de contexto y solo puedo suponer que estaba en una entrevista, aunque no tan larga como la que le hicieron el otro día a Jorge Bergoglio, que desalienta toda intención de una lectura atenta. Pero la frase de Vázquez-Figueroa antes me recuerda a otra de Vicente Aleixandre, si no recuerdo mal, a quien le preguntaron una vez que qué quería haber dicho con unos versos que había escrito años antes, a lo que repuso poco más o menos que había querido decir exactamente lo que había dicho porque si hubiera querido decir otra cosa la hubiera dicho. Esta respuesta, incluso sin la menor sombra de insolencia, yo sé que puede caer, y que la mayoría silenciosa o no de los escritores intentará soslayar como mejor pueda un percance del género porque en mi opinión es molesto.
El hecho de que algunas personas gracias a internet hayamos tenido la oportunidad de difundir nuestros textos sin necesidad de acudir a todo el aparato editorial, se ha visto además favorecido por la posibilidad de que cualquier persona del planeta puede en tiempo real dejar un comentario, una observación, una crítica adversa o hasta una impertinencia o majadería a pie de texto. La blogosfera es una red social como lo es Facebook o Twitter, solo que el emisor tiene más privilegios: puede elegir el color del fondo, puede eliminar comentarios, puede escribir sin límite de palabras cuanto quiera y la gente puede visitar o no su bitácora. La plataforma Blogger o Blogspot, si esto les consuela, es más respetuosa con los comentaristas de lo que lo es por ejemplo Wordpress, que concede al editor un dominio total, permitiéndole incluso editar (!) los comentarios de quienes tienen a bien decir alguna reflexión o vituperio sobre los posts. 
Los community managers, que son como una especie de animadores-moderadores de una cuenta determinada en una red social de una marca o institución, saben que Facebook y Twitter o tantas otras redes sociales como hay son en parte un eco de la web que promocionan. Es decir, una empresa tiene una web y a través de Facebook y Twitter difunde sus actualizaciones, sobre todo cuando la web no admite interacciones. Y a través de Facebook, etc., es donde también difunden otras informaciones del mismo medio o participan en las fuentes de esas otras informaciones. Pero idealmente se persigue que la atención no se disperse ni repetir lo mismo en varios sitios.
En los últimos años me he encontrado con que he recibido una parte de los escasos comentarios que recibe este blog en Facebook o en Twitter, como si se inadvirtiera que hay un lugar para los comentarios en el propio blog. He considerado sin más que tal vez muchas personas no querían exponerse a un medio con un espacio abierto al mundo, como lo es un blog, y que preferían restringir el eco de sus observaciones a los muros de nuestras cuentas personales. Es una cuestión que no tengo resuelta, aunque surgieron en determinado momento unos widgets que permitían ver en el blog los comentarios que recibía un enlace en Facebook. Pero, como es fácil suponer, esos widgets se incrustraban en los blogs sin el permiso de los comentaristas, que a lo mejor no querían salir de la seguridad del muro blanquiazul.
Al lado de este efecto, para mi entender un poco distorsionador, de lo que en realidad persigo, también me he encontrado con personas que me escribían directamente a mi cuenta de correos sobre un post o incluso indirectamente me daban a entender en un wasap (!) o en nuestros encuentros reales en el mundo no virtual que algo sabían de lo que había escrito, pero eso siempre dejando mi espacio bitacórico para los comentarios más desangelado que ya les diré yo qué. Me cuesta explicarles lo decepcionante que me resulta cuanto les cuento porque mi centro de operaciones es el blog y secundariamente Facebook, donde intento participar siempre que puedo y debo, pero donde no deseo ensanchar ni establecer mi trayectoria literaria.  No sé si queda claro. 
Por una parte no deseo dispersarme, por otra parte estoy totalmente de acuerdo con lo que dijeron Vázquez-Figueroa y Aleixandre: escribir es una cosa y hablar es otra. El hecho de que de forma programática o como factor de estilo yo elija escribir como hablo (en clara oposición además de los que hablan como escriben), no significa que fuera de lo que es en propiedad el soporte donde yo me expreso desee crear un eco o una prolongación. Y eso porque el quehacer de escribir se dirime donde le corresponde y de otra manera no entiendo lo que ya dijeron el novelista y el poeta.
Me he acordado del blog de Antonio Muñoz Molina, Escrito en un instante, y de allí vengo para explicarles que ha eliminado el campo de comentarios. La última vez que estuve los había y en gran número, de la manera más sorprendente porque nadie podía esperar no ya que le contestaran sino incluso que le leyeran su observación. Este escritor y otros tienen cuentas en las redes sociales que no atienden, o que son atendidas por community managers. Y es que además de todo cuanto llevo dicho, está otra cuestión no menor, que hay que valorar el tiempo que se puede dedicar a lo que verdaderamente no es nuestra labor. Hay escritores -estoy pensando en uno norteamericano de bestsellers- que por el contrario han decidido dejar de escribir de la manera convencional y empeñan todo su tiempo en Twitter, donde escriben tuits de 140 caracteres que son como deposiciones cuya regularidad recuerda la de un churro pastelero que deja masas de galleta en una cadena industrial. 
Puede parecerle a quien no tiene la necesidad de escribir que el escritor centrado en su labor literaria tal vez teme la improvisación o es elitista, pero doy fe de que paradójicamente, las relaciones sociales que establecemos son una fuente de estímulo y de inspiración para la escritura. Pero, ¿verdad que si alguien nos pregunta por teléfono si nos ha gustado una película le contestaremos por ese mismo medio? ¿O es que le corresponderemos con un silencio penoso y le contestaremos por wasap? No descartando que en lo sucesivo, recordando una conversación, le remitamos a alguien un enlace interesante y lo hagamos de la manera que nos resulte más cómoda o directa, sí que parece anómalo que nos comuniquemos cada vez más para menos.

 "En internet, nadie sabe si eres un perro" (Peter Steiner)

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