4.9.13

La gestión de la ignorancia

"El amarillo indio se presume que originalmente fue producido recolectando
orina de ganado alimentado únicamente con hojas de mango. 
Los pintores holandeses y flamencos de los siglos XVII y XVIII
 apreciaban el pigmento por su luminosidad. El tinte moderno 
de Amarillo Indio es una mezcla de pigmentos sintéticos 
y se comercializa con el nombre de Amarillo Azoico".

"Pigmento" (Wikipedia)

 
Suele ser esa explicación de la Wikipedia la que se trasmite, y de hecho yo estaba familiarizada por "La joven de la perla" (Peter Webber, 2003), la película sobre la novela sobre el cuadro de Vermeer. Este no va a ser un post sobre la película sobre la novela sobre el cuadro de Vermeer, ni siquiera será sobre el cuadro de Vermeer ni sobre la novela sobre el cuadro de Vermeer.  La anadiplosis como figura literaria me encanta y por eso la traigo, pero nada más. Ni Vermeer, ni Chevalier ni Webber. Y lo del pipí de vaca es una historia bonita, aunque me temo que es un cuento y que la versión está mejorada en otro artículo de la Enciclopedia, el que han hecho y hacen sobre el Amarillo indio, en particular cuando se introduce la hipótesis de que la laca amarilla de la India procedía de los cálculos biliares de camellos, elefantes y búfalos. La primera vez que oí la palabra bezoar, que es de origen persa, fue porque en el Hospital de Bellvitge teníamos unos cuantos casos de gente que tenía la manía de comer pelos (tricotilomanía), cucharas, tenedores, hojas de afeitar y otras rarezas. No eran faquires, eran maníacos. De los pelos se acababa formando en el mejor de los casos un bezoar, un tricobezoar si queremos ser precisos. Les prometo por la gloria de mi canario Trini que estos ojos vieron radiografías de gente que había ingerido hasta 8 hojas de afeitar Gilette. Yo me irrito sobremanera cuando alguien se horroriza porque me como un escamarlán entero, aunque es cierto que se me puede desgarrar algo el intestino o quedárseme una cáscara en un rincón hasta la intemerata. Pero lo de un tenedor de los de comer el segundo plato, es algo espectacular de ver en una radiografía digestiva simple.  No comprendo porqué en la pica (que es el nombre que recibe el trastorno por el cual se ingieren cosas que no son nutritivas) se incluye la tierra y el yeso. Tanto yo en mi primera infancia, como mi canario a lo largo de su vida, ingerimos yeso. Y sé que una arcilla especialmente preparada para la vía oral también es hasta terapéutica. A mí me lo permitieron, lo del yeso, porque pensaban que es que necesitaba calcio (?), lo malo es que lo consumía directamente de la pared, de la cabecera de mi cuna, y llegué a hacer un buen agujero a fuerza de arañar un surco.  A Trini le colgábamos un hueso de jibia o sepia y consumía a discreción, nunca de una forma que nos hiciera pensar en algún trastorno psiquiátrico. 
En mi segunda infancia me gustaba después de la comida central del día, mascar un pedacito de pastilla de caldo Avecrem, cosa digna de señalar porque la carne no la podía ver ni en pintura. Supongo que mis padres hicieron la vista gorda precisamente por mis dificultades para ingerir bistecs de ternera y demás. Como hice de pinche de un cocinero chino en mi voluntariado durante un mes en Toronto el año del conejo de 1999, puedo decir y digo que en la gastronomía china hay todo tipo de alimentos. Es una cocina prodigiosa y mal valorada. De hecho creo que fue Álvaro Cunqueiro -un escritor que parece haberse olvidado bajo el palio de todas las ínfulas de tanto escritor tipo IESE-Badson y demás-, fue él, digo, quien dijo que los chinos y los gallegos nos parecíamos en eso, en que nos lo comíamos todo. A ver: todo todo no. Todo no. Pero es que con el Génesis en la mano los judíos ortodoxos no pueden comer ni marisco ni pulpo ni mejillones ni cerdo ni muchas cosas. Cosa que me recuerda una frase del padre de un amigo mío, hippy, que decía: "Cuantos más homosexuales y vegetarianos, mejor para nosotros".  Espero de verdad que nadie se tome a mal ni lo de que los chinos y los gallegos se lo comen todo ni la última frase, porque si ya no podemos decir eso es que ya no se puede decir nada. Se dice con todo el respeto por los cerdos, por los chinos, por los gallegos, por los hippies, por los vegetarianos y por los homosexuales.
Y total el llamado amarillo indio tal y como viene señalado en la Wikipedia yo no lo veo exactamente en los maestros flamencos ni en ese pareo que hoy me compré por 6 euros en Índigo, una tienda que importa ropa del gigante asiático y algo de Etiopía. El llamado amarillo indio en la Wikipedia es como el que aparece con el verde y el blanco en su bandera, calabaza claro. Y el amarillo caca de oca no sé si es bien bien el de Vermeer y el de mi pareo. Por cierto, aprovecho para ofrecerles la escala de heces de Bristol, por si les pudiera ser de utilidad en alguna ocasión, aunque es una tipología que se ordena por texturas o consistencias y no por tonos. Las reproducciones del célebre cuadro de "La lechera" que me devuelve Google tienen unos tonos como los de los colores del parchís y la cultura cretomicénica, cuando en verdad yo recuerdo un amarillo más fermentadillo él, con un punto agrio y otro luminoso. Las imágenes digitalizadas adquirieron un matiz como cúrcuma y algo opaco. Si yo no sé porqué me mato, un día de estos fotografiaré el paño a la luz del día y verán ustedes. Ahora, que como encuentre el nombre exacto del color...

Dedico el título de mi entrada de hoy a invertir esa disciplina que se da en llamar "Gestión del conocimiento", habida cuenta de que a lo largo de mi vida -dedicada a la búsqueda de la humildad y la no-violencia- no he conseguido avanzar un solo paso. Incluso se diría a veces que voy a peor, que en todo caso hago como aquellos coches que ruedan en su socavón y profundizan en un agujero del que difícilmente saldrán como no les empujen o arrastren. Paciencia.

Fotografía de Garry Winogrand

Post registrado en SafeCreative *1309045713388