6.11.13

El triple embudo

A Sergio D.

Pienso que si les digo "Michael Crawford", el nombre no les dirá nada, pero si les digo que era el protagonista de la serie que emitieron en TV3 hace unos cuantos años, "N'hi ha que neixen estrellats" ("Some Mothers Do 'Ave 'Em", BBC, 1973-1978). "Los hay que nacen con estrella y los que nacen estrellados" es una frase que viene muchas veces al magín cuando pienso en la suerte de algunas personas. La suerte es algo que distingo muy bien. Aunque las sectas psicológicas y la psicología clínica nos repiten a diario que las costumbres inveteradas forjan el destino, no es menos cierto que la suerte existe. Ayer se me cayó en el pie el tetrabrik de batido de soja y hoy se me volvió a caer. Esto les parecerá a ustedes que todo lo más que conduce a extraer es que estoy atontolinada, y no digo que no. Pero es bien cierto que hay muchas cosas que me ocurren dos veces. A veces alguien me regala un conejo de peluche y al día siguiente o a la semana me regalan otro. Dos agendas. Dos pulseras exactamente iguales. Si a alguien se le cae un abanico en el metro, cuando haga transbordo a alguien más se le caerá su abanico. He llegado a ver accidentes bastante cruentos idénticos, a mi paso, con la diferencia de 3 días. Esa duplicidad en mí es tan constitutiva de mi ADN (palabra de moda hasta que se vaya al carajo, como se fueron otras), es tan constitutiva, digo, como lo es el color de mis ojos o la forma de mis uñas.
No descarto decirles que al principio de mi juventud, cuando advertí esas dualidades o duplicidades pensé en que tenían un significado. Incluso alguna de esas víctimas o héroes de las sectas psicológicas me previno de que eso podía ser una forma que tenía la vida de extenderme sus lecciones. Pero la vida pienso que nos da las mismas lecciones a todos, solo que unos no las atienden y otros sí. Hay quien ni se entera. Hay quien se cree muy bueno, hay quien se cree muy malo.
La imagen de hoy viene a cuento de mis tres primeros días de vida. El segundo día ya estaba bautizada y con las dos orejas perforadas y dos dormilones de oro en sendos orificios. Mi madre tuve a bien nacerme en la Clínica de la Virgen de Lourdes, que estaba regentada por las Siervas de la Pasión. A mí este nombre siempre me ha causado un poco de guasa, habida cuenta de que además de estar en el barrio de Gracia antes había sido un hotel, el Hotel Odeón. Según la Graciapèdia, de donde extraigo estos datos, la clínica se tuvo que cerrar el año 2003. Y creo haber leído que se convirtió en un geriátrico, pero no sé si esta noticia es una confusión con la residencia que está en la calle Vilafranca, también en Gracia, a unos 10 minutos. En el número 212 de Torrent de l'Olla ahora lo que hay es la Residencia Erasmus, donde lo menos que se asegura es que Gracia es a Barcelona lo que el Soho a Nueva York (!). No pinta mal: "La Residència Erasmus Gràcia ofrece una amplia gama de servicios: desayuno, Internet gratuito, parking de bicicletas y de coche, máquinas de vending, lavandora, secadora y plancha, solarium y consigna de equipajes."
Como los becados -que no pecados- de Orgasmus, digo Erasmus, son dignos descendientes de los goliardos iríamos así de broma en broma si no fuera porque creo que sobre esta clínica cae la sospecha de que en ella pudieron haber desaparecido bebés. Cuando dependía de la parroquia de Sant Joan de Gràcia. A mi madre si la dejan le gusta explicar que el año de mi advenimiento habían ingresado 17 novicias gallegas para profesar entre las Siervas de la Pasión, por lo que con gran alborozo al enterarse del parto de otra gallega acudieron a hacernos los parabienes (una adoración en toda la regla) y a llevar a la parida chocolate y demás. Yo, por mi parte, gusto de transformar el cuento y verlo como mi presentación a las 17 vestales llegadas de una tierra en la que no abrí los ojos, básicamente porque nací en Barcelona y porque ya venía con un ojo abierto desde ni se sabe. Ese ojo a veces se me abre cuando duermo y causa una impresión imperecedera, no la menor que la que causara un cíclope o nuestro Tonenili de ayer.
El celo de las Siervas por la buena crianza les viene ya desde su fundación:
"Nuestros objetivos son fundamentalmente tres:
  • Procurar, de forma audaz y creativa, la defensa de la vida natural del niño y su incorporación a la Iglesia a través del Bautismo.
  • Atender de forma integral a las futuras madres y a las que ya lo son, sometidas a situaciones personales o sociales especialmente difíciles.
  • Cuidar a los enfermos, tal y como hizo Teresa Gallifa arriesgando su propia vida"
Como a mí se me trató bien no quisiera ser injusta ni ingrata, ni siquiera al haber mencionado las investigaciones que han iniciado algunos niños que tuvieron otra suerte. Pero déjenme apuntar que a lo mejor desde la mejor intención se toman decisiones equivocadas y que lo de las "situaciones personales o sociales especialmente difíciles" puede ser un embudo que nos recuerda al que atribuyen a Sócrates. Se dice que Sócrates decía que antes de afirmar nada había que saber si era verdad, si era bueno y si era útil. Si de algo no se está seguro, o puede resultar perjudicial o no sirve para nada (¿ni siquiera para desahogarse?), según Sócrates, era mejor no mantenerlo en silencio y para sí.
No sé si se dan cuenta, como me doy cuenta yo, de que es muy pero que muy difícil tener la total certeza de que algo es verdadero, bueno y útil o siquiera una de las tres cosas. Además, a veces el silencio apesta.
En materia de menores pienso que aún se añade el factor de que estamos decidiendo sobre una vida que no nos pertenece. Ayer salía en los medios un post sobre la madre de un niño crudivegano: "Médicos y miembros de los servicios sociales aseguran que esta práctica  [comer vegetales crudos] está limitando el crecimiento de Tom y puede causar daños irreparables en su organismo, por lo que tratan de quitar a Kenter la custodia de su hijo." Mucha gente se preguntará si también hay que quitarle la custodia de sus hijos a padres que les dan de comer chuches, comida-basura, o les apuntan al Barça nada más nacer, o les hacen hacer la Primera Comunión o les apuntan a violonchelo, judo, o lo que sea. Yo conozco un señor que llevó a sus pequeños -cuando sumaban entre los dos 16 años- a una sesión de ópera de Wagner en nuestro Liceo. Una de aquellas óperas de Wagner que puede durar 5 horas o más (si contamos los descansos). No era "Tannhauser", que creo que es además la más corta. Ustedes me dirán que entre esto y ofrecer a los niños propios a pederastas hay un abismo. Sí que lo hay, claro que lo hay, pero en los dos casos hay abuso.

Residencia Erasmus (Torrent de l'Olla, 212, Barcelona)

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