12.7.14

El vinito de jerez

"Otis B. Driftwood: Two beers, bartender!
Fiorello: I'll take two beers, too."
A night at the opera 

Al principio del Pujolisme (1980-2003) recuerdo que en las inauguraciones, actos de apertura, etcétera, se empezaron a servir copas de cava. El antecedente del cathering con cava, coca-colas, botellines de agua y zumos de melocotón o piña lo recuerdo como una época presidida por el jerez fino La Ina. Fue por el año 2008 o así que leí en una entrevista a Ana Mª Matute que afirmaba que la ginebra es lúcida y el güisqui barroco. Me gustaría poder hacer una definición tan acertada como la de la escritora respecto al cava y el fino. Obviamente el estado a que conduce una copita de jerez seco bien frío y el estado a que conduce una copa de cava también seco y también frío no tiene apenas nada que ver. Seguramente todo el mundo estará dispuesto a creer que el jerez lleva más alcohol o, por decirlo de otra manera, que el cava puede ser ofrecido en determinadas condiciones hasta a un niño. A ver, a mí, por la mañana, antes de comer -para entendernos- hasta un vasito de coca-cola puede alterarme y producirme una especie de electrólisis generalizada y palpitaciones. 
Los brindis al sol de las inauguraciones eran por lo menos hace unos años muchas veces al aire libre, como el del modismo taurino.  Me imagino cómo caería al mediodía un jerez de 15º o un cava en el cuerpo de esas personas que pasan la mañana con apenas un café y poco más. Un Bloody Mary de un brunch neoyorquino yo lo veo más bien como una especie de entonador para los que ya vienen de haber bebido el sábado (y hasta el viernes y el jueves) y el domingo tienen que aguantar el tirón. Para el caso, ya que el vodka dicen los alcohólicos que no deja olor, es como beber un colutorio. La ramita de apio es tan desconcertante como cuando a Lucky Luke le pusieron una pajita en la boca (a cambio del cigarrillo que siempre llevaba enganchado).
El jerez fino y el manzanilla aumentan la sociabilidad y si no nos hacen más amenos si nos permiten soportar mejor la falta de oportunidad de nuestros congéneres. El cava es pura condescendencia. Eso por no decir la sonrisa de autocomplacencia que se le queda a la gente en la cara cuando aún no se acabó ni la copa. Cualquiera puede beber cava, para el jerez fino hay que tener otro cuajo. Yo diría, y creo que sin caer en error alguno, que el jerez es el único vino histórico español.
No tengo ninguna duda de que fue Jordi Pujol quien hizo retirar el jerez fino de los actos públicos sociales y quien introdujo a cambio el cava. Por razones económicas no sería, porque yo diría que sin entrar en detalles o salen por el mismo precio o incluso el jerez es más barato. La postura del expresidente de la Generalitat me parece totalmente comprensible y justificable. Otra cosa es que nos hubiera hecho beber Aromas de Montserrat al mediodía y con la repostería salada. Y que hubiera ejercido algún género de boicot a los productos andaluces. Pero el caso era y sigue siendo consumir un producto catalán, que para eso los tenemos. Una simple decisión incorporó el cava, que reinaba en el postre, al aperitivo. Y a lo tonto a lo tonto favorecimos el consumo interior. 
Con la crisis económica y de valores hace tiempo que no he visto ni una sola copa de cava en mi empresa, aunque me dijeron que habían visto a alguien que decía que había visto que se tomaron por San Juan unas cocas y unas copas de cava en el área de investigación. Bien podría ser, porque si en algún sitio sigue drenando algo de dinero público es allí. Pero no quiero escribir una sabatina intempestiva. Tampoco podría.


Fotograma de "Una noche en la ópera" (Sam Wood, Edmund Goulding, 1935)

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