31.7.14

La vida sencilla

Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni fenore,
neque excitatur classico meles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.
Horacio (*), Épodo II

Me gusta el vino tanto como las flores
y los conejos pero no los tractores
el pan casero y la voz de Dolores
y el mar mojándome los pies
 No soy de aquí ni soy de allá, Jorge Cafrune


omé la foto del ficus en la calle Felipe II, en Barcelona. Aunque conozco la calle nunca antes lo había advertido porque siempre paso por el lado de los números impares, donde ayer caía un sol implacable. Lo extraño del caso, se dirá, no es que no se haya sacrificado el ficus sino que los vecinos de la finca se hayan podido poner de acuerdo en conservarlo, especialmente cuando se tuvo que hacer un arreglo con un coste y unas molestias, aunque fueran mínimas. El Ficus robusta o elastica es de rápido crecimiento y se conoce que éste está bien cuidado, por lo que es bien posible que siga adelante aunque no sabemos hasta qué punto. En lo que todos estaríamos de acuerdo es en que llegará un momento en que el ficus tendrá que ser sacrificado. Tal vez será posible trasplantarlo, pero ¿a costa de quién?
La mayor parte de las veces en que se discute sobre cualquier tema controvertido, podrá hacerse categóricamente o a partir de un caso concreto. Y desde un caso concreto casi siempre se desmontarán las categorías. Me estoy refiriendo por ejemplo al aborto, a la pena de muerte, a teñirse o no teñirse el pelo y a las explotaciones petrolíferas. De manera que servidora está categóricamente en contra del aborto, de la pena de muerte, de teñirse el pelo y de las explotaciones petrolíferas, pero admitiré ante un caso concreto comprender su viabilidad. "Comprender" quiere decir que seré capaz de aceptar en situaciones particulares que se de una postura o una decisión diferente a la mía, no de acatarla. Y en el caso ahora inconcebible de que se me volviera el pelo verde, es casi seguro que me lo teñiré.
Lo que no puedo comprender ni podré comprender nunca es la doble moral. Y no me refiero a la coexistencia de las ideas generales con las particulares a la que me he refirido, sino a la hipocresía ¿Nos acordamos de cómo cuando hubo la tragedia del Prestige muchos voluntarios acudían con sus coches a limpiar el litoral de Costa da Morte? ¿Es que eran coches que funcionaban con leche? No: funcionaban con gasolina, con un derivado del mismo veneno que contaminó la costa gallega. Pero esas dos ideas (cochecito utilitario con adhesivo de Greenpeace) y vertidos catastróficos jamás se encontraban dentro de las cabezas de los voluntarios, como si pertenecieran a mundos separados. Y seguramente las protestas en las Canarias contra la explotación de sus mares no están fundamentadas en la coherencia de hacer una vida al margen del combustible fósil. 
Hay numerosos estudios fiables sobre la repercusión de los aviones, los cruceros, el AVE y la automoción privada en el medio ambiente. También habrá quien desde la anécdota (desde el caso particular) nos defienda que en algún caso el medio ambiente resulta favorecido por el turismo. Y sin embargo está claro que turismo y sostenibilidad son ideas poco compatibles, sobre todo si las prolongamos en el tiempo. Y un argumento incontestable sería, ascendiendo de la anécdota a la categoría, que no es bueno cuanto no puede generalizarse. Es decir si un vecino hace mucho ruído y es obvio que ese ruído sería intolerable si lo hiciéramos todos, lo que se desprende de esa observación es que el vecino no debe hacer ese ruído. Es obvio que todo el mundo no puede venir a Barcelona. Solo pueden venir unas pocas personas.
La globalización de la actividad económica, que nos permite recibir en nuestro supermercado manzanas de Nueva Zelanda a cambio de vayan ustedes a saber qué, también tiene su repercusión en el medio ambiente. El tráfico de personas, mercancias, combustibles fósiles, tintes para el pelo, manzanas, es cada día más intenso y nos hace invocar el épodo de Horacio, "Beatus ille", cuyo final nos revela que todo el canto a la vida sencilla está en labios de un avaro que cuenta sus monedas:

Esto enunciado, el usurero Alfio,
campesino futuro,
cobró en los Idus todo su dinero
y lo presta en Calendas.

Calle Felipe II, Barcelona. Ficus elastica.

(c) SafeCreative *1407311609639
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(*) Feliz aquel que, ajeno a los negocios, | como los primitivos, | labra tierra paterna con sus bueyes | libre de toda usura; | que no oye el agrio son de la corneta, | ni teme el mar airado, | y evita el Foro y las soberbias puertas | de los más poderosos;"