27.9.14

El sofisma patético de los pacientes terminales



Hay por ahí alguna definición del sofisma patético clasificado en el grupo nutrido de las falacias y descrito como aquel argumento que apela al miedo o a la culpa en vez de a la razón.  Pongo por ejemplo un argumento que acostumbraba a darme un director médico que tuve en mis primeros años como bibliotecaria. Cuando yo le decía que el presupuesto de la biblioteca era exiguo, insuficiente, entonces él me decía que había un aparato de RX que no funcionaba porque no había dinero para arreglarlo. Naturalmente el argumento es impecable desde el punto de vista lógico y patético, pero cualquiera se da cuenta de que puede recurrirse con gran facilidad a este tipo de excusas para de forma indefinida dejar algo por resolver o dormido o muerto.
A pesar de que las bibliotecas de los hospitales son instrumentos para el diagnóstico como lo puede ser la Radiología y por lo tanto hay que defenderlas en esa función como en otras, lo normal es que argumentos como el que traigo abunden y se acaben convirtiendo en argumento ad nauseam, esto es "por reiteración". El otro día en un blog leí un comentario no dirigido a mí en que un individuo que no se puede quejar de los recursos con los que ha contado, caracterizaba la época que vivimos profesionalmente por la crisis. Si el comentario hubiera ido dirigido a mí me hubiera gustado decirle: Algunos bibliotecarios siempre hemos vivido la crisis, porque incluso cuando hubo dinero no lo había para las bibliotecas.
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Estos días he visto en las redes sociales un cierto revuelo por una noticia aparecida en "ABC" sobre la MACA (Model d'Atenció de la Malaltia Crònica Avançada) y un programa de salud llamado PPAC. En resumen, el programa obliga a los médicos de Atención Primaria a marcar con una equis los registros de los enfermos para quienes la respuesta a la pregunta ¿Le sorprendería que este paciente muriera en los próximos 12 meses? fuese negativa. Este dato parece que resulta decisivo en la clasificación de los pacientes y por lo tanto en la atención sociosanitaria que recibirán. La equis pone en marcha un protocolo, por decirlo claramente. El revuelo adquirió en algún caso tintas de escándalo, indignación, irritación y/o sorpresa. Y a mí también me causó sorpresa e irritación ver que sin embargo -¿por el  mecanismo que rige el argumento ad nauseam?- estamos avezados a que al entrar en Estados Unidos se nos pregunte si somos de raza caucásica o qué y si vamos a realizar algún atentado terrorista. También vemos de lo más normal que los médicos nos pregunten si fumamos o bebemos y que incluso lo dejen registrado en la historia clínica para que quede constancia y para sacar conclusiones epidemiológicas y de todo tipo. También es de lo más normal que se indique el estadío en que se encuentra un enfermo que padece una "larga enfermedad" y eso está perfectamente codificado por la misma razón por la que hay una escala de heces de Bristol o están establecidos qué constantes vitales están dentro de la normalidad. Así como la escala de heces de Bristol la determina la enfermera y queda consignada en los sistemas de información, la pregunta de marras se le hace al médico. La pregunta no se le hace al paciente. Es un protocolo interno.

Pero conviene hacer una argumentación clásica, punto por punto, sin mezclar factores. En primer lugar, admitamos que la pregunta se las trae, porque concede al que la responde una papel bastante más pasivo que el que le supondría una pregunta como ¿El paciente se morirá en los próximos 12 meses? Está claro que la sorpresa apela a una región de la víscera noble que ni se puede decir que sea la que exige procesos cognitivos más complejos ni la que demanda una vinculación emocional demasiado elemental o primaria. La sorpresa no compromete. Pero tal y como vemos otra vez hoy en el "ABC" ("El PSC llevaré al Parlamento [sic] el marcaje de pacientes terminales"), lo que ha levantado ampollas ha sido por una parte la crueldad de una supuesta estigmatización de los pacientes desahuciados y por otra el rechazo de la clase médica ante esta medida tecnócrata que les impone otra rutina (si se me permite el término) y además de criterios economicistas.
El Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, Jaume Padrós -quien ha tenido infinidad de ocasiones de mostrar su apoyo servil al actual gobierno de la Generalitat- indica que el programa fue aceptado por la comisión deontológica por considerarlo un modelo correcto, "siempre que se haga un uso correcto de la información". Obviamente. Por favor.  La información clínica de un paciente, aunque no sea deletérea, no debe caer ni en manos de una aseguradora, ni de su ex-conyuge, etc ¿Hace falta que le explique al tierno público que honra con su lectura mi pobre blog que hay gente que en cuanto sabe que la abuela tiene un tumor cerebral va a comprar un equipo de música financiado a El Corte Inglés? ¿Acaso en los servicios de Documentación Clínica de los hospitales no nos hemos hartado de recibir visitas de familiares que se interesan por la salud de sus parientes o allegados al objeto de planificarse sus estrategias sucesorias? Pero contra todo eso está blindado el sistema de salud y los datos de la historia clínica son de la máxima confidencialidad. Solo el propio enfermo o alguien a quien él le haya concedido legalmente esa facultad puede acceder a sus datos de salud. Desde los niveles de colesterol hasta la última almorrana, pasando por la disfunción eréctil diabética o la caspa inveterada.
El revuelo de las masas opinionólogas y opinionistas no movió ni una sola palabra, ni un solo comentario, ni un solo tuit, ni un solo post, ni una sola columna, ningún reportaje, a la vista de que muchos enfermos crónicos empezaron hace más de dos años a tener que desembolsar el costo de la atención recibida (hospitalización en servicios sociosanitarios, rehabilitación, tratamiento farmacológico). Es decir, en centros como el Parc Sanitari Pere Virgili, hay enfermos que si no son pobres de solemnidad, son obligados a pagar por la mayor parte de los gastos que genera su ingreso. Si se detecta que tienen un piso en propiedad y unos ahorros, pagan. La masa ni se ha enterado, a pesar de que introduce en la Sanidad Pública criterios innovadores que no han sido declarados ni en programas electorales ni en ninguna parte.
Todo ello me recuerda que hace unos 20 años, un primo nuestro que vivía en Hamburgo, llegó al final de una larga enfermedad que en todo momento quiso que le fuera tratada allí, donde tenía su casa. Aquí en España, donde también podía disfrutar de los servicios de Salud y donde tenía otra casa, ni siquiera le fue diagnosticada su enfermedad bien. Se le diagnosticó una artritis reumatoide. Vivió los últimos años de su vida en Hamburgo recibiendo además del tratamiento médico, ayuda psicológica y asistencia social. Cuando en un momento dado, que estaba y supongo que sigue estando protocolizado, se determinó que ya no podían hacer nada por él -además de ayudarlo a morir bien- se inició un proceso por el cual nosotros teníamos que enviarle cada mes desde una cuenta bancaria suya el pago que suponía su atención. Era cosa de 750.000 pesetas si mal no recuerdo. Es decir, desde el momento que se le declaró terminal tuvo que pagar su cuidado. Y era porque no tenía sucesores a su cargo. Es decir, murió cuando sus padres ya habían muerto y murió sin descendencia y soltero. Y por lo tanto, el gobierno de Alemania consideró que su dinero, que podía haber recibido por ejemplo yo misma u otra prima, estaba mejor empleado en su atención final. Sinceramente, yo también lo consideré así. Descansa en paz y todos sentimos su pérdida con gran dolor.
El hecho de que estas y otras cuestiones estén protocolizadas con una equis les parecerá a muchos cruel, inhumano, estigmatizador, etc., pero en realidad es una forma discreta de no tener que decidir en cada caso y con la persona afectada delante lo que hay que hacer.
Y, por cierto, el sofisma patético es en realidad (o también) una falacia por la cual se le atribuyen a un objeto inanimado emociones.