26.9.14

La pureza

tra vez tendría que referirme a la superación del pictorialismo fotográfico, al movimiento llamado Photo-Secession. Y sin embargo para referirme al proyecto gallego de Ruth Matilda Anderson (1893-1983) intuitivamente me alejo de lo que ya está explicado tan bien por José Luis Cabo. Sí, ese texto nos ayuda a situar el trabajo de Anderson en un contexto preciso pero creo que no le hace justicia a su valor personal. Nacida en un pueblo de Nebraska, en 1918 se trasladó a Nueva York para asistir a los cursos de invierno de la Clarence H. White School of Photography. 4 años después el hispanista Archer M. Huntington contrató a Anderson y a dos alumnas más para su Hispanic Society of America.  Se publicaron el año 1939 unas 700 fotografías de las 5000 que reunió Anderson en sus viajes a Galicia en el libro titulado Gallegan provinces of Spain: Pontevedra and La Coruña. En 1998 el Centro Galego de Artes da Imaxe publicó una selección de sus fotografías con el título de Fotografías de Galicia 1924-1926. La Fundación Caixagalicia también ha editado en forma de libro el catálogo de la exposición que le dedicó el año 2011. Y, por último, Edicións Xerais editó el año pasado un almanaque para 2014 con prólogo de Manuel Rivas.
Una de las dos cuestiones que traigo hoy aquí es la precisión con la que la fotógrafa anotaba las circunstancias de sus fotografías. De esta manera fue como la descubrí yo, por lo llamativo que me resultó encontrar una fotografía del año 1926 del Hotel Comercio de Betanzos en que además de esos tres datos se indicaba que era de la familia del propietario tomando el caldo. Naturalmente en la actualidad donde no llega el fotógrafo llega la tecnología y a través de los metadatos, los localizadores y todo tipo de recursos es posible identificar la imagen, la cámara y las condiciones en las que se ha hecho la fotografía. Y, por cierto, ya que he enlazado una fotografía de interior, debo decir que la gran mayoría de las que he encontrado en internet son exteriores y que al parecer tuvo dificultades no pequeñas con la iluminación de los interiores por falta de luz. Creo que no me ciegan mis orígenes y el orgullo cuando digo que la luz coruñesa es especial, puesto que se lo he oído decir a más personas de robusta formación y sin prejuicios ni a favor ni en contra.
Es obvio que Ruth Matilda Anderson tomó muchas notas y que lo hizo porque el fin de su trabajo era el de mostrar una parte de España que había sido olvidada por la moda Romántica, más fascinada por Andalucía, y hacerlo al margen de la fotografía consumista-publicitaria que empezaba a prosperar. Piénsese que cuando Anderson estaba con el proyecto gallego otras ex-alumnas de la escuela de White estaban desarrollando proyectos parecidos: Clara Sipprell sobre Yugoslavia y México, Laura Gilpin con los indios navajos y Doris Ulman sobre la enorme región de los Montes Apalaches y los negros de Carolina del Sur. La trayectoria etnológica y etnográfica de Anderson se vio confirmada con el tiempo por sus estudios sobre la historia del traje en España.
La segunda cuestión que traigo es la impresión que me dejaron prácticamente todas las fotografías que he podido encontrar en la red. He colgado aquí tres, de tres niños, pero pongo a su disposición otras, como la de las mujeres camino a la iglesia (Muros, La Coruña), el afilador y la joven con el paraguas. Cualquiera de ellas representa exactamente lo que fueron y tal vez son aquellas personas de la región que encontramos entre la ría de Muros y la de Betanzos. Incluyo la del niño de Outeiro pero no por pontevedrés sino por zapatero (*).
La primera foto, la de la niña de la lechera, es sencillamente impresionante. De hecho es la que presenta la colección Anderson en la web de la Hispanic Society of America. José Luis Cabo reflexiona sobre el aislamiento de los fotógrafos gallegos y cómo, a excepción de José Suárez, muchos de ellos siguieron anclados en lo que se suponía que era su trabajo. Por lo tanto se puede afirmar que Ruth Matilda Anderson fue la primera fotógrafa que captó lo que podríamos llamar "el alma gallega". De verdad que sí.
Una de las primeras labores que se me encomendaron a muy tierna edad, siquiera tenía 3 años, era la de ir a por la leche, a una "vaquería" (pero sin vacas) que había en la calle Montsant antes de su trazado actual y la demolición de bloques con aluminosis. Y hablando de aluminio, lo que no entiendo es que según creo recordar me enviaban a por la leche con una lechera que lo era de aluminio, cuando yo diría que le leche se corrompe en ese metal. Con la bonita lechera de hoy queda completado el post en el que recogimos una sella para el agua y un pote para el caldo. La antropomorfia de lecheras, sellas y potes se perdió con el diseño industrial en gran manera, aunque hay algunos diseños que tienen resabios de la tradición.

"The Galician Milkmaid" | A leiteira. En Noia, La Coruña. (Ruth Matilda Anderson, 1924)

[Aprendiz de zapatero] en Outeiro, Pontevedra. (Ruth Matilda Anderson, 1926)

 (Ruth Matilda Anderson, 1924-1926)

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Lo que me impresionó de las tres fotos es la pureza. No la de los niños, sobra decirlo, sino la de lo que nos expresa su postura, su expresión, su pobreza, la fuerza del momento. Pero hoy quiero recordar la pureza escarnecida de las víctimas del presunto pedófilo Antonio Ortiz, chulo anabolizado de gimnasio y dedicado al trapicheo en el siniestro sector automovilístico, tres condiciones que me lo hacen particularmente repugnante. Ahora que empiezan a haber pruebas (vómitos, pisadas, huellas) también empezarán a salir como ratas los garantistas, los peritos psiquiátricos y demás. 
Hay que aclarar que el delito de Antonio Ortiz no es por pederastia, como dice hasta la RTVE, sino por pedofilia. Esta distinción tiene que ver con la delgada línea marrón o roja que existe entre la pubertad y la tierna infancia. También hay que aclarar que la Psiquiatría, aunque está incluida en la Medicina, tiene bien poco de ciencia. Se fundamenta en diagnósticos que tienen que ver con unos constructos aceptados por el selecto club de estos especialistas, los cuales -si bien es cierto que reciben una formación médica- centran sus dictámenes en cuadros clínicos que en realidad no pueden ser demostrados en un laboratorio. Que haya una industria farmacéutica colosal en torno a sus "diagnósticos" es a mi entender lo único que mantiene su vigencia. Y el caso es que me temo que en gran número de casos su intervención agrava lo que solo era preocupante. Porque enfermos mentales haberlos hailos.
El hecho de que creo que se tenga que dejar la Psiquiatría de lado no quiere decir naturalmente que esté a favor de la venganza. Estoy a favor de la justicia.  Me acuerdo de "M el vampiro de Düsseldorf" (Fritz Lang, 1931), película inspirada en un caso real:
"Pienso que lo del sobrenombre de "vampiro" le debe de venir por el estado en el que encontraron a las niñas que asesinó, pero es algo que no me interesa, la verdad. Lo bonito de la película es cómo para encontrar al asesino antes de que se le vuelva a ir la bola, se ponen en marcha los recursos dedos organizaciones, la de la policía de Düsseldorf y la de los criminales, que ven amenazada su normalidad con tanta redada y tanta niña muerta por un criminal que lo consideran mucho peor que ellos. El despliegue de los bandidos y falsificadores o delicuentes en general está además reforzado por la red de mendigos que apostan por toda la ciudad. Por lo tanto, se diría que cuentan con más recursos humanos que la policía, que pueden llegar a donde no llegan las autoridades y además tienen tantas ganas como el que más de capturar al psicópata" ("O", Álbum del tiempo)
Al final de la película vemos el juicio que le hacen los criminales hasta que no lo interfiere la propia policía y se lleva a M detenido. El final es un poco inverosímil, por cuanto raramente los delincuentes iban a celebrar una reunión por todo lo alto, donde no faltasen las prostitutas, para exponerse a una redada de tutti quanti o cuando menos a su fichajePero la escena está al servicio de que en un momento dado en ese "juicio popular" puede salir libremente todo lo que se les pueda ocurrir también ahora a quienes opinen sobre un pervertido peligroso y envilecido. Finalmente aparece la Justicia y el fotograma de la gran mesa con los magistrados inspira el símbolo de la naturaleza superior de la ley. En el minuto treinta y siete del vídeo que enlazo el asesino pide a los delincuentes "justicia" y su "abogado" nos recuerda que no tenía control de sí mismo. Aunque poco más o menos prevemos que la Justicia lo someterá al mismo interrogatorio y él hará la misma declaración, lo definitivo es que lo mejor es actuar dentro de la ley. Aunque solo fuera porque, mira por donde, pueden descubrirse cómplices.

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(*) Hace unos años cuando no había prácticamente vuelos y ningún AVE, podía distinguirse claramente de qué andén partían y llegaban los trenes de Galicia, es decir hasta 1950 el "Shanghai Express" y después el "Estrella", porque las mujeres que allí esperaban tenían unas caderas fortísimas y porque los hombres parecían caminar sobre zuecos. Más de una vez me encontré yo mirando a los pies de los hombres porque aunque iban calzados con zapatos, parecía que calzasen almadreñas. No sé ahora cómo explicar la sensación de robustez, de solidez, que imprimen unas zuecas. Lo dejamos para otro día, aunque sí apuntamos que en la segunda foto un niño lleva colgados al cuello los zapatos tradicionales (zuecas) con la suela de madera y un perfil de cuero claveteado en torno al remate. Hoy en día, no sé con qué fortuna, aún se hacen esos zapatos. Tampoco sé si se hacen de madera de abedul. En cualquier caso es calzado muy apto para la lluvia y el barro.

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