28.9.14

Los desgraciados

Se ha prorrogado hasta el día 1 de octubre una exposición temporal en el Museu Marítim de Barcelona muy inteesante. Se trata de una muestra de gyotakus de Victòria Rabal. Gyotaku en japonés significa algo así como "estampación de peces".  Hay un blog de Técnicas de grabado donde pueden encontrar más información y por lo menos a mí me ha resultado útil y suficiente. A lo que hay que añadir que Victòria Rabal es barcelonesa, directora del Museu del Molí Paperer de Capellades y licenciada en Bellas Artes y en Historia del Arte. Los pescados y moluscos proceden de varios mercados, no solo del Mercat Central del Peix, sino también de Italia, México, EEUU y Argentina. Cada ejemplar fue impregnado con tinta china y después se obtenía la impresión con papel de ganpi (Wikstroemia) y mitsumata (Edgeworthia chrysantha) hechos a mano por maestros papeleros de Aoya (Japón). El mundo del washi o papel japonés es tan prodigiosamente extenso y rico, que simplemente pasaremos sobre ese tema con modestia para decir que los que hoy he visto dispuestos como entre bastidores tenían una luz propia nacarada pero mate. Entre las cualidades del washi de mitsumata está la de que se puede conservar intacto en condiciones óptimas mucho mejor que nuestro papel (cuya vida está establecida en 500 años), pero también la de su capacidad para conservar bien la tinta y ser sin embargo bastante impermeable. Ya sabemos, siempre recurriendo a Junichiro Tanizaki, que el brillo en las artes y los oficios nipones apenas es un efecto mortecino, discreto, y eso al servicio de la sombra. Encontrar un efecto irisado en esos papeles da el contrapunto a la tinta china y extrae de la impresión efectos que yo no recuerdo ni en los mejores fósiles de peces.

*
Se indica en la Wikipedia que esta forma de impresión natural fue usada por pescadores que querían tener un registro de sus mejores capturas, pero también se convirtió en una forma de arte. En el fondo no deja de ser algo que pudiera emparentarse muy de lejos con las fotografías de autobombo bien temperado con las piezas cobradas en la pesca, la caza mayor y la caza menor, y aún mucho más de lejos con la taxidermia de toros, osos, leopardos y todo tipos de animales salvajes. Pero el arte de la taxidermia, aunque puede contar con nuestra admiración por lo que la técnica tiene de admirable, obtiene unos resultados que por mucho que nadie se empeñe son horripilantes, espeluznan y asquean. El arte del gyotaku, bien mirado, es también algo macabro, de no ser que reconozcamos que los orientales siempre son más refinados.
Como el tamaño de los ejemplares es natural, les puede ayudar a hacerse una idea de las medidas de las piezas si digo que cada hoja de papel hace un ancho aproximado de un metro. En la exposición no se dice si después esos pescados y moluscos se pueden comer (ya que fueron embadurnados de tinta) o si por el contrario hay que desecharlos. Es un tema que me queda pendiente. 
***
Lo de jugar con el agua (#icebucketchallenge) ya me parecía más que malo, pero lo de jugar con la comida, como la Tomatina y otras gamberradas institucionalizadas no me parece mejor que la atroz fiesta del torneo de Tordesillas. Hoy por cierto vi un hombre que cogía un botellín medio lleno o medio vacío de la papelera. Mi alivio se vio pronto desilusionado en cuanto me di cuenta de que lo que le interesaba era el tapón, porque anda recogiendo la gente tapones para recaudar fondos para los niños enfermos. De hecho, si recogen la estela de botellines que deja un crucero de esos de 4.000 turistas, tenemos para cambiarle un riñón a un niño o para diagnosticar una mutación congénita rara. No digo que no. Pero es una auténtica mierda. Y aunque se suele decir que hay más tontos que botellines no estoy segura de que sea así, tal vez hay más botellines que tontos.



Gyotakus de V. Rabal. Exposición en el Museu Marítim de Barcelona

Detalle de un gyotaku de V. Rabal

(c)SafeCreative *1409282212696