15.10.14

Post 1116: Las alas de los pájaros que no vuelan

De acuerdo con el Dramatis personae de "Raras aves" y su particular condición de pájaros que no vuelan, etcétera, he hecho mi propia versión del Arca de Noé. En ella la esperanza de su perpetuación como especie estaría en los huevos, por los que cada uno de los personajes se caracteriza en su menor o mayor obsesión, según el grado. Pero la gallina, Fermina, que siempre fue tan sensata, por una vez pierde un poco los papeles y adelantándose al tópico del huevo y la gallina, muestra un cierto fastidio por sacar el tan manido tema. Sin embargo, la sucesión de estos personajes -y no su apareamiento contra natura- parece que habrá que confiarla a los huevos. Y probablemente una versión del Arca de Noé actualizada lo que llevaría sería embriones o una colección de materiales genéticos ultracongelados y el genoma digitalizado o remasterizado. Algo así. Naturalmente parece que el mejor sistema para que esos huevos lleguen a buen término es el de que se hagan cargo sus progenitores. La afirmación puede ser puesta en entredicho, pero no aquí.
En mi versión del Arca de Noé, el dodo (Rufus), que hace tiempo que está extinguido, aparece como si estuviera vivo, ni siquiera como un espectro, lo cual sería la solución de Shakespeare y otros grandes dramaturgos. En otros dibujos el dodo aparece en forma de estatua o bien en una lámina, pero dado que la escena reproduce una historia mítica, decidí que el dodo podía presentarse como un ser vivo. Ya sé que la lógica no es precisamente aplastante, pero estos días ya he tenido muchas ocasiones de ser aplastada no solo por la lógica sino también por la retórica, la estética y hasta por la mayéutica. Tiene una la sensación no ya de vivir en un mundo injusto y de masificación del mal -parafraseando a la cacareada Hannah Arendt- sino de deshumanización.
Traído aquí el asunto de la humanidad hace reír por cuanto así como se considera a los burros unos animales dotados de pocas luces, se podría considerar que los humanos son unos animales que tendemos a ignorar, en los dos sentidos de la palabra ignorar, a nuestros congéneres. Unos porque se creen superiores, otros porque se creen inferiores, algunos porque se sienten diferentes, otros porque ni siquiera tienen la facultad de sentir más allá del cólico nefrítico o una fiera odontalgia o un gol, tal es su insensibilidad.
Seguramente, si con eso garantizase mi tranquilidad, dejaría de leer la prensa española. Pero eso no solo no garantizaría mi tranquilidad sino que tampoco me protegería contra los bulos de nuestro país y de las corrientes de opinión que se mueven como lenguas de lava lacerantes. De hecho, hace años que el The New York Times recibe financiación de una parte de esa opinión.
El color de la yerba quiere recordar el verso de Dante que trajimos la última vez, porque he dejado de lado (por ahora) el motivo del diluvio universal, que no es necesario para justificar un éxodo a la vista de todo cuanto ocurre.
Al cierre del post me doy cuenta de que olvidé ponerle al dodo el vestigio de ala que tendría en su costado derecho. No importa.

Kora - ¿Y los huevos?
Fermina - ¡Ya empezamos!

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