5.10.14

The man most wanted

"El hombre puso nombres a todos
los ganados, a las aves del cielo
y a todos los animales del campo,
mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada".
Génesis 2:20

Si en la serie "Mentes criminales" el Dr. Spencer Reid afirma que el mal es un concepto religioso, no vamos a ser nosotros quien lo desmintamos. Y sin embargo todas las personas, seamos religiosas o no, estaremos de acuerdo en que hay conductas que son perniciosas, egoístas y hostiles y otras que por el contrario están cargadas de aciertos, generosidad y concordia. A lo que hay que añadir que ni la efusividad es siempre "buena" ni la hostilidad es siempre "mala". Por lo que despejamos con un gesto firme la purpurina, el chantilly, el buenrollismo y el almíbar, para quedarnos solo con la idea principal, la de que hay actos que además de tener buena intención alcanzan la intención que persiguen. En un "post gramático" me refería a la existencia del mal malo, el mal bueno, el mal menor, el bien malo, el bien bueno, el mal tonto, el bien tonto, los grandes remedios, etc. Según mi amigo Jordi, el mal tonto es el que perjudica a todo el mundo, que ya es decir, mientras que el bien listo es el que beneficia a todo el mundo y no perjudica a nadie. De todo ello me acordaba ayer cuando vi "El hombre más buscado" (Anton Corbijn, 2014), película basada en una novela homónima de John Le Carré.
Podría enfocar este post a una reflexión sobre el buen ritmo de la película o los aciertos de algunos (muchos) planos donde se recorta el buen trabajo de los intérpretes: Philip Seymour Hoffman, Willem Defoe, Rachel McAdams. El hecho de que Philip Seymour Hoffman muriera el 2 de febrero pasado no hace más que realzar más aún su presencia. También me ha gustado mucho que el rodaje en Hamburgo, lejos de recrearse -a la manera en lo que tan reprobablemente lo ha hecho Woody Allen en ciudades como París o Barcelona o Roma, si mal no recuerdo- incluso llega al desenfoque. Y eso que Hamburgo es seguramente la ciudad alemana que más me gusta y me hubiera proporcionado un gran placer ver grandes planos y vistas y hasta algún travelling.
La música de "El hombre más buscado" es durísima y con el buen gusto de que aunque forma parte del discurso no impone una emotividad canónica y condicionada, sino que directamente ataca el centro nervioso de la atención. Hay dos excepciones, pianísticas, minimalistas, en que aparece solo Günther Bachmann (Philip Seymour Hoffman en su papel de espía alemán), que es el personaje en el que yo centro mi comentario de hoy. En la primera advertimos que la música se detiene cuando él baja de su coche, y hemos de pensar que era la música que él estaba escuchando. En la segunda el espía está tocando apenas dos compases en un piano de pared en su casa. Esas dos piezas no están en la lista de IMBD que enlacé antes, pero contrastan con la dureza y la fuerza de las que sí aparecen. Tienen que ver con la intimidad y por lo tanto, tout court, con la autenticidad.
No sé qué perfil trazó John Le Carré del espía alemán, que en la película está impregnado de la fisonomía de P. S. Hoffman,  que no es precisamente la de un galán, pero que borda los personajes de hombres solos en papeles que no llegan a ser secundarios (pero que tampoco son de protagonista) y que siempre se justifican por tener una misión o hacerle un servicio a otro personaje, dicho así sin más, pero que también se caracterizan por su integridad. Claro está que lo escribo sobre la arena y sin haber visto su película sobre Truman Capote. Y claro está que cuando me refiero a "integridad" lo que hago es apelar a aquella condición de las personas que no encubren intenciones ocultas y que claramente muestran sus intenciones.
Naturalmente otro escritor se hubiera visto más atraído por el personaje del hombre más buscado, medio ruso y medio checheno, islámico, torturado por los rusos, perseguido infundadamente por el espionaje alemán (?!) pero también por el norteamericano. O por su abogada, una mujer joven y bienintencionada que le busca un asilo y un lugar en Hamburgo. O por Brue, el banquero que descubre que su padre lavaba dinero. Pero me consiguió cautivar, como digo, el papel de Hoffman como Günther, porque el muy tonto o buenazo consigue gracias a su inteligencia llevar a cabo una investigación y una encerrona con el fin de conseguir atrapar a un "benefactor" de Al Qaeda (Abdullah) haciendo el menor daño posible. Pero todo su trabajo se lo apropian los otros espías, la CIA, violentamente.
La doblez de la inteligencia norteamericana es un asunto viejo y nadie se cree que Angela Merkel pudiera mostrar sorpresa al descubrir que había sido espiada por su aliado. De hecho solo mostró indignación. John Le Carré publicó su novela 8 años después de los atentados del 11S y demuestra una vez más su lucidez y su conocimiento de la política internacional y el terrorismo (el de estado y el otro). Sin pensarlo demasiado añado para acabar que esta película bien se merece estar al lado de "El tercer hombre" (Carol Reed, 1949).

Philip Seymour Hoffman como Günther Bachmann en "El hombre más buscado"

"He saw an animal as smooth as glass
Slithering his way through the grass
Saw him dissappear by a tree near a lake"
Bob Dylan, Man gave names to the animals


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