23.11.14

La sobrenaturaleza





na de mis fuentes predilectas sobre las creencias en torno a la muerte son los cementerios. Pero un tiempo también fue Facebook. Sí, Facebook. De vez en cuando veía en el muro algún post en el que alguien se dirigía a un difunto renovando los votos de amistad, de amor, de parentesco, etc. Con el tiempo decidí que realmente lo más portentoso de Facebook no era su capacidad de plasmar todo tipo de archivos e interacciones, cosa que otras redes sociales dejan muy limitada. Lo más fascinante de Facebook es que se hubiera convertido en un material conductor de sueños, plegarias, recuerdos, homenajes. Y mira que llevo leídas puertas y más puertas de wáteres de facultades, de cafeterías, de servicios públicos.  Lo que nunca vi es que ningún fallecido contestara a uno solo de esos recuerdos u homenajes. Pero ya hace tiempo que me fui y tal vez las cosas han mejorado. Nunca se sabe.
Ayer noté en mi autobús una vez más cómo cuando pasas adentro y avanzas en el sentido contrario al de la marcha, ganas velocidad. Puede que sea una sensación, pero la sensación es tan vívida como lo puede ser la antigravedad. Esas aparentes contradicciones -puesto que cuando desandamos en dirección a la marcha notamos que algo nos frena- es lo que me hace estar aquí algunos días. Un lugar en el que si entra alguien es improbable que lea un post no ya en su plenitud, que sería la leche, sino en su extensión. Y por esas mismas contradicciones y otras tranquilamente me pondría a dormir, como si dormir fuera lo mejor que se pudiera hacer en la vida, sin lamentar ese tiempo que dicen que es perdido. Y en coherencia con mi contradicción dormir no significaría soñar, significaría algo parecido a la muerte, si es que hay algo parecido a la muerte. De hecho, aunque hace tiempo que lo intenté leer y apenas lo recuerdo, el Libro tibetano de los muertos no hablaba de dos estados (vivo y muerto) sino de cosa de 6 estados. Pero la impresión que saqué no es la de que hubiera estados intermedios, necesarios pero como aquel que dice sin contenido, sino que todos eran para el caso lo mismo. 
Una de las creencias más frecuentes e insólitas en Facebook y en los epitafios es la de que a través de nuestro recuerdo es como viven los seres queridos que nos dejaron, esto es, los muertos, porque seres queridos que nos dejan los hay hasta en este mundo y viven. No me produciría mayor sorpresa leer en un epitafio del tipo "Os recordaré siempre" dirigido a las visitas. Y es que a lo mejor nosotros estamos más muertos que los propios muertos o ellos están más vivos. Pero ya se sabe que siempre nos domina la tendencia egocéntrica y a considerar en una dimensión secundaria, pasiva o inferior a los niños, a los animales, a los otros. Pero por este camino llegaríamos a Una vuelta de tuerca, a la película de Amenábar, a "El sexto sentido" (M. Night Shyamalan, 1999) y a otras historias de ficción donde los muertos se confunden con los vivos o no saben que están muertos. No es por ahí por donde sugiero ir, sino por la noción de que coexistimos precisamente sin posibilidad de relacionarnos más que a través de resquicios que la naturaleza permite, como permite el contraluz y el principio de Arquímedes.


"Destinat exclusivament al matrimoni..." (Destinado exclusivamente al matrimonio...). Cementerio de Sant Genís (*)
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A finales del siglo XIV Sant Genís fue absorbido por el desaparecido monasterio de Sant Jeroni de la Vall d'Hebron, construido en el año 1393 por la voluntat de Violant de Bar, esposa de Juan I de Aragón, y que se localizaba donde hoy en día se encuentra la gasolinera de la carretera de l'Arrabassada. Actualmente la parroquia pertenece al arciprestazgo de Vall d'Hebron. Su cementerio es el único cementerio parroquial que existe actualmente en toda la ciudad de Barcelona. La antigua parroquia era del siglo X. En la entrada a la iglesia desde el cementerio se puede leer en números romanos MCCCXXIX (1329).

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