8.11.14

Sinestesias

No ensalzar los talentos
para que el pueblo no compita.
No estimar lo que es difícil de adquirir
para que el pueblo no se haga ladrón.
No mostrar lo codiciable
para que su corazón no se ofusque.
El sabio gobierna de modo que
vacía el corazón de deseos,
llena el vientre de alimentos,
debilita la ambición,
y fortalece hasta los huesos.
Así evita que el pueblo tenga codicia
y ambiciones,
para que los oportunistas
no busquen aventajarse de los otros.
Quien practica la no-acción,
todo lo gobierna.
Lao Tse, Tao Te King, III






unque he perdido agudeza auditiva (por decirlo finamente) ayer oí la nueva cassolada o cacerolada convocada espontáneamente o no contra la suspensión de la "consulta" por parte del Tribunal Constitucional. La de los días atrás no la oí, y eso que en mi patio de vecinos sonó estruendosamente la que le hicieron a Aznar cuando la Guerra de Irak, la de 2003. Es un patio amplio donde se forma una bolsa acústica que exacerba cualquier ruidito, por lo que puedo afirmar que nadie se sumó a la cacerolada ayer, y eso que hay tres o cuatro senyeres estelades y alguna ostenta su procedencia, de la Assemblea Nacional de Catalunya. Se podría esperar de estas familias que se hubieran sumado a la protesta. Pues no. 
Como la cacerolada sonaba lejos, fuera del patio de mis vecinos, parecía como un rebaño con cencerros que se alejaba. Ya hacía tiempo que no me sorprendía una de estas semejanzas acústicas. La de ayer noche me hizo recordar las alucinaciones del Quijote. 
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Aunque debemos a la ciencia de la vida india, el Ayurveda, la medicina tradicional que aún se imparte en más de 400 universidades del subcontinente, muchos conocimientos, un caudal inmenso de saber que se reparte entre varias disciplinas, cada cual de ellas a su vez enorme, yo me quedaría con lo que es propiamente el acervo sobre la respiración y sobre la defecación. Uno de los principios más importantes del Ayurveda es el buen funcionamiento de los intestinos y toda la Higiene está orientada a que cada persona funcione con regularidad y de forma óptima, porque es sabido que todo lo que acarrea el mal cagar es temible. Yo no me suelo meter en la vida ajena a no ser que me pidan consejo, cosa que hace meses -por no decir años- que no se me ha presentado. Pero más de una vez me doy cuenta de que un dolor persistente de cabeza, una halitosis, un mal humor, mejorarían mucho si los intestinos estuvieran contentos.
Si los intestinos están descuidados, ya no digamos la respiración. Nos preocupamos muchos por unas ojeras, por un granito o un surco. Seguro que hay en el mercado algún producto o aparatito para eliminar esa piel engrosada que se forma en torno al codo. Cuidamos mucho lo exterior y poco lo que no se ve. El famoso imperio de los sentidos, por lo menos en la vida pública, se lo lleva la vista. Cada fin de semana veo en los telediarios de TV1 a Oriol Nolis en su mediocuerpo respirar trabajosamente y hacer unas aspiraciones algo angustiosas. Su aspecto es impecable: el traje, la corbata, el corte de pelo, el afeitado. Y sin embargo es fácil advertir -dicho sea sin ánimo de criticoneo- que su pecho es estrecho, rígido, algo hundido, que seguramente no practica ningún deporte y que a pesar de que tiene una dicción cuidada, a poco que reparamos en el final de las frases se deja oír un fuelle, repito, angustioso. En los aparatos de radio estas cuestiones aún se dejan notar más. E incluso he podido "ver", si se me perdona la sinestesia, que a los líderes se les da un micrófono de mucha más calidad que al resto de la tropa y ya no digamos a los de las conexiones telefónicas. 
Voy saltando desde la emisión digital estridente de Radio Vaughan (por hacer algo por mi inglés) a la primera cadena de RTVG (por mantener mi gallego) y en el receptor de radio convencional me muevo entre varias emisoras. En la gallega el otro día un señor de Orense hacía unos resoplidos como los que hacen los caballos. De vez en cuando se aclaraba el contenido del fondo de su boca y el resto era una verborrea atiplada y algo confusa. Pero en todas las emisoras, sobre todo las que no tienen cobertura "nacional" me doy cuenta de lo trabajosamente que respira algún invitado. Anteayer Guindos en Onda Cero nos revelaba con claridad algo que pasa en su nariz o fosas nasales rítmicamente, o Santiago González leía la prensa desde una voz que me recuerda la de una señora de mi antiguo barrio que se llamaba Sra. Narcisa, que era gordísima y algo vulgar pero afectada y rimbombante. Sin llegar a gangoso, pero muy cerca de serlo, a veces se revuelve en una mucosidad o algo parecido, cuestión que se va trufando con otra tendencia suya a decir cada día por lo menos una palabra nueva. El jueves "tatalitarismo". Enric Juliana, que hace un uso de las manos como maquinal o que en el mejor de los casos añade poco a sus palabras, a no ser que tengan un fin didáctico. No sabría decir si empeora o mejora cuando no se le ve. No se puede decir que su dicción sea un problema de acento, como sí lo es en Marta Rovira, si es que lo hay, cuando fue tan criticada en su comparecencia en el Congreso de los Diputados. Y simplemente porque muchos catalanes cuando se ponen a hablar en español parece que hacen las sílabas mucho más pesadas de lo que lo son. No, Juliana tiene un acento exacerbado, vocaliza mal, respira como puede, es ligeramente gangoso y se regodea en sonidos en los que nunca habríamos reparado si no fuera bajo el cariz de la hipertrofia retronasal o una escasa capacidad pulmonar.
Dios me libre de meterme con defectos físicos, pero yo animaría a las personas que hablan en público por oficio a que intentaran mejorar su instrumento de expresión. No hagamos de nuestros defectos físicos una cuestión de estilo. Empezando por la respiración. La respiración lo impregna todo. La tenemos ahí a mano siempre para refrescarnos, para calmarnos si hace falta. Cuando se conecta con la respiración y se adquieren unas técnicas tan ligeras como fáciles de adquirir, es cuando se toman las riendas del propio cuerpo y hasta de algunos procesos mentales.
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Me comenta un conocido, electricista, que trabaja en un hospital, que le llaman a veces para cortar los anillos de pacientes a los que no se les puede sacar. Si llevas puesto un anillo mucho tiempo llega un momento que tanto si te engordas como si no, es muy difícil sacarlo. Y por lo que sea, porque algún día se sentó ese precedente, porque tiene las herramientas adecuadas, cada vez que hay que sacarle un anillo a un paciente en su turno lo llaman. Me resultó más que sorprendente, aunque cada vez es más difícil que me sorprenda algo. Yo hubiera dicho que no era trabajo de un electricista retirar un anillo. Pensemos que incluso lo han llamado cuando se trataba de un cadáver. Yo le comenté algún caso que conocía, de Urgencias, en varios hospitales. Un señor que se había introducido una pelota de tenis en el orificio anal, por ejemplo. Se la había metido pero no se la podía sacar. Lo tuvieron que atender una comadrona y un ginecólogo, tal vez porque no había un urólogo de guardia libre a esa hora, tal vez porque usan fórceps con notable habilidad. Si la pelota la tuviera en la nariz, el pollo hubiera acabado en el gabinete de los otorrinolaringólogos. Según el orificio, me figuro. Por eso me figuro que los anillos los tendrían que cortar los traumatólogos
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Aunque hoy me detuve en cómo hablan algunos periodistas, lo que da mucho de sí es alguna que otra psicóloga medíatica con un despliegue de técnicas de persuasión cursi y autorreferenciada a destajo: María Jesús Alava Reyes, Helena López-Casares, etc.
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Track de regalo: ejemplo de archisilabismo de Íñigo Errejón.

Tomi Ungerer

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