2.12.14

El mármol travertino


Triste é o cantar que cantamos,
mais ¿qué facer si outro mellor non hai?
Moita luz deslumbra os ollos,
causa inquietude o moito desear.
Cando unha peste arrebata
homes tras homes, n'hai máis
que enterrar de presa os mortos,
baixala frente, e esperar
que pasen as correntes apestadas...
¡Que pasen..., que outras vendrán!
Rosalía de Castro, Follas novas

El domingo volví a ver "La dolce vita" (Federico Fellini, 1960). Como el año pasado vi "La grande bellezza" (Paolo Sorrentino, 2013) quise repasar. A nadie se le ha escapado el parecido, más que parecido. Paolo Sorrentino, de acuerdo con la tipología de Josep Sala Culell no pertenece a nuestra generación T (1945-1965) sino que pertenece a la generación X (1965-1981). La generación T sería no ya la generación de la Transición, ese trabajito de ingeniería social que se quiere demoler, sino la generación "tapón". Somos una rémora. Cuando transcribo esos intervalos me pregunto si los nacidos en el año 1965 -cuando yo ya tenía 4 años- harían como yo, que cuando me interesa soy Cáncer y cuando me interesa soy Leo, pero eso siempre de acuerdo con las entelequias segregacionistas, no de acuerdo con mis propias ideas. 
Las dos películas me parecen buenas con la salvedad de que siempre preferiré un "original" a una variación. Por lo demás, hay algún momento en que "La grande bellezza" escora hacia la astracanada, que por otra parte ya encontrábamos en el Satiricón, de Petronio, claro, aquel escritor que nació el año en que murió Augusto y que por tanto queda fuera de la Época Áurea, la mejor de las letras romanas.
Digan que tengo debilidad por Marcello Mastroianni, digan que ay el neorrealismo italiano me pierde, digan lo que quieran, pero la versión restaurada de "La dolce vita" es más que Anita Ekberg en Trevi. Mucho más. Se dice por ahí que el parón de la Fontana al final de la escena, coincidiendo con el alba, tiene un desfase de sonido, que cuando aún cae ya no se oye.  BahUn recadero inmóvil mira a la descomunal sueca Ekberg con Mastroianni en la Fontana, parado desde su bicicleta, como si todo se hubiera detenido. Como si formaran parte de la parte que proyectó Bernini, el cual no petrificó la pasión sino que llenó de pasión y magnetismo el mármol travertino. Sería lo contrario a la lassitudine postcoitalis, tema que algún día desarrollaremos pero que ahora solo dejamos sugerido:
"The famous scene in the Trevi Fountain was shot in March, when nights were still cold. According to Federico Fellini (in an interview with Costanzo Costantini), Anita Ekberg stood in the cold water in her dress for hours without any trouble. Marcello Mastroianni, on the other hand, had to wear a wetsuit beneath his clothes, and even that wasn't enough. Still freezing, he downed an entire bottle of vodka, so that he was completely drunk while shooting the scene."  (Trivia, La dolce vita, IMBD)
Aunque se dice en la Wikipedia que Trevi se restauró el año 1998, yo recuerdo que en mi viaje de 1993 la habían acabado de limpiar a fondo y apenas sí se podía mirar con gafas de sol, de tanto que relumbraba. Era septiembre. En este caso confío más en mis recuerdos que en la Wikipedia.
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Este invierno  un ejemplar de la Generación X me afeó que me gustaran las películas del primer cine, habiendo como hay ahora tantas películas y que también se pueden descargar gratis, etcétera. Tal vez le molestó que le señalara su parecido físico con el actor que solía hacer de padre de la novia o de policía malo en las películas de Charles Chaplin, Eric Campbell. Este gachupín acaba de ser padre, viven en un piso de alquiler, hace un master de marketing que le pagamos los contribuyentes y se dedica a la bioinformática. No debería decir todo esto cuando él no sabe nada de mí y por el camino por el que ya les he dicho que fue ustedes ya imaginarán que no sabrá mucho más. Me entristeció que con una sola frase pudiera perturbar todos los buenos momentos que he pasado con el cine primitivo europeo, el cual a su vez se tuvo que marchar a América por las dos guerras. Ni la Biblioteca de Alejandría fue tan rápida en arder como su desprecio o arrogancia en proporcionarme una amargura que para nada sirve ni a nadie beneficia. Lo que yo sé no sirve.
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Ya he levantado acta aquí, por lo menos un par de veces, del importante componente generacional que tienen las adhesiones y las animadversiones en nuestro panorama político y social en 41°22′57″N 2°10′37″E. Podemos pensar que hay personas que están más orientadas a sus antecesores y otras a sus descendientes. Esto es como en el trabajo, que hay gente que se orienta a los que mandan, otros a los compañeros, otros a sus inferiores. Lo ideal sería repartirse y mezclarse.
Pero una no quisiera molestar y una señora sabe cuando debe retirarse, todo aquello, por lo que no se molesten en levantar ante nuestros ojos presbíticos gráficas con nuestra insolvencia para afrontar la corrupción, la burbuja inmobiliaria, la desertización de España o el relevo de las jaurías de triunfadores. No se molesten, ustedes a lo suyo. No reparen en nosotros, que ya estamos bien predispuestos a ser transformados en comida para perros, sea en salchichas o fraccionados en cómodos cubitos para hacer caldo.
Hablando de perros, la famosa raya de la escena final de "La dolce vita" si no recuerdo mal es reconocida en "La grande bellezza" con una mariconada de una jirafa en un palazzo. No vale. Esa jirafa u otra, su tatarabuela tal vez, ya había salido en una película sobre Byron y sobre Mary Shelley. O mejor, sobre Mary Wollstonecraft Godwin. Vean sino el fotograma de "Remando al viento" (Gonzalo Suárez, 1988). Por favor, sacar jirafas en los salones es más viejo que el hilo negro.
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Por cierto, mi padre nació el mismo año que Marcello Mastroianni. El carnet de la Biblioteca de Catalunya me caduca el 29 de noviembre de 2019.

Eric Campbell (el primero por la izquierda) en "The adventurer" (1917)
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