27.12.14

La cuarta pared

Per a cadascun de nosaltres la pregunta ens implica. Algú ve i ens diu: «Qui ets tu?».
—Doncs mira jo sóc mestra, he estudiat una mica de música i una mica de teologia, i una mica de…; ara sóc monja i visc en aquest monestir…
—No et pregunto què has estudiat ni què fas ni en què treballes ni on vius. Només et pregunto qui ets.
Conxa Adell i Cardellach, Qui ets tu? Qui sóc jo?
(*)


l comentario de Conxa Adell tiene que ver con la pregunta que hace Jesús de Nazaret a sus discípulos (Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?). A lo mejor hoy en día lo que se esperaría que dijeran era "Carpintero" o "Mi padre tiene una carpintería". Y eso es porque en general nos presentamos y nos presentan por nuestro oficio o profesión o por lo que hemos estudiado, y las respuestas acostumbran a contentar las expectativas de algunas personas aunque no de todas. 
Hace unos pocos años comenté por mi parte el tema del "Ser y tener", a cuento de una preciosa película francesa -"Être et avoir" (Nicolas Philibert, 2002)- y hoy habría que complementar un poco la entrada con el "Ser y estar" que tantas veces se recuerda en las clases de yoga. Se nos habla de mantener la postura y de intentar hacerlo lo más relajadamente posible, como si hubiéramos de permanecer en ella hasta el fin de los tiempos. También estoy pensado, además de en lo que llevo dicho, que no es poco, que es difícil explicarles a los extranjeros nuestra distinción entre ser/estar, especialmente cuando a la hora de la verdad decimos "está muerto" para referirnos a un estado del que nadie espera ni ser revertido ni transformado gran cosa.
Naturalmente, cuando a mí se me ha pedido en las clases de yoga o en las de inglés que hablara de mí lo he hecho con incomodidad. Pero no porque sea tímida -no sé si lo soy, creo que no-, no porque yo no sepa quien soy o porque prefiera no hablar de mí. Es que normalmente esa pregunta no produce, a mi entender, respuestas interesantes. Supongo que se hace para romper el hielo, para ver qué intenciones tiene cada cual, pero nunca he podido oír ni una sola explicación que me hubiera parecido necesaria. Cuando alguien dice que es licenciado en Farmacia o camarero  me parece que se está levantando una cuarta pared, una máscara, una empalizada o algo por el estilo. Lo que menos me interesa de una persona son sus diplomas o sus títulos, cuánto gana y si ha leído o comprado el Ulises de Joyce.
Más que nunca antes, tal y como están las cosas, y me refiero a la microeconomía, los jóvenes se preparan con dobles titulaciones, másteres y postgrados que desangran el presupuesto familiar y que hace de gente sobradamente preparada una generación que si llega a desarrollarse laboralmente lo hará cuando apenas ha tratado con otras personas fuera de las universidades y sus familias. Y el mundo del trabajo, salvo alguna rara excepción, obliga básicamente a relacionarse con personas con las que uno nunca se hubiera querido o tenido que relacionar. 
Cada vez somos más las personas que nos preguntamos si los líderes de Podemos han trabajado alguna vez. No digo de políticos, digo incluso de biólogos o de camareros. Y, si ustedes se quieren fijar, observarán que en ellos se da también la otra circunstancia que un parágrafo arriba lamentaba: todos ellos son iguales poco más o menos. Por la edad, por sus estudios y por su manera de hablar, una manera de hablar a la que solo nos había acostumbrado un poco Joan Herrera (ICV). Y no me refiero al contenido de sus discursos sino a la velocidad y el nervio que les imprimen. Pero trabajar, lo que se dice trabajar, me temo que ninguno de ellos ha trabajado. Ni por cuenta propia ni por cuenta ajena. Y la campaña que el facundo doctor de orejas de implantación baja, Errejón, le organizó a Pablo Iglesias, no es trabajo. Como "trabajo" no fue en mi caso ir a por la leche cada día cuando tenía 3 años.
En mi teoría muchas personas que hacen carrera profesional en la Universidad se acaban creyendo que la vida es eso y que la acumulación de artículos científicos o méritos son, catafáticamente, lo que les define y va llevando de una forma escalonada hacia su personal progreso. En otros terrenos de la vida el camino no está trillado, sino que hay que ser un precursor. En otros se puede perder casi todo en un día, y eso aunque hasta en el deporte todo tiende a medirse por títulos que con el tiempo no pierden su valor. Las personas que abandonan sus profesiones y que por lo tanto "pierden" todo lo conseguido en un campo, se arriesgan a no ser aceptados allá donde se metan, a no ser que se metan en hacer la vuelta al mundo en patera.
A la cuarta pared las mujeres podríamos añadir el famoso techo de cristal, ese que no ve nadie pero que existe y que impide que la gran mayoría de las profesionales de mi género avancen en terrenos que no sean la cosmética, la cartomancia y poco más.  De manera que, con el tiempo, resistir en la postura que las condiciones sociales, económicas y propias nos permiten adoptar, es posible pero no sé si es deseable.
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Algo que a mí me habla mucho de quien es alguien son sus pies. Ni siquiera las manos hablan tan elocuentemente como lo hacen los pies de quien es alguien, de su forma de caminar, de si se cuida, de qué tipo de trabajo hace. Por eso en el Álbum hoy incluyo una fotografía de las patas de uno de los 13 gansos de nuestra Catedral de Santa Eulalia, en Barcelona.

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(*) Conxa Adell i Cardellach.  Qui ets tu? Qui sóc jo? http://www.benedictinessantperepuelles.cat/cat/biB15.html [Consulta: 27 de diciembre de 2014]
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