3.12.14

Martillas y clavillos

"Lo poco alarma, lo mucho amansa"
Refranero español

Será tarde para mí ya para siquiera iniciarme en la Física cuántica? Lo bueno de estar clasificada perentoriamente en la generación tapón o T es que nunca llego ya pronto a nada.
Cada vez que veo a mi amiga M.H.S. aparece en un radio cercano a mi percepción ultrasensorial mi ex. La penúltima vez fue en El Corte Inglés de Plaza Cataluña, lugar al cual no voy -y mucho menos en rebajas- más que para tomar en la planta 9 un café vienés o comprar material electrónico con financiación. Me puse más que nerviosa y le dije "Te espero en Armani en los perfumes" porque en aquel momento se me ocurrió que era el sitio que mejor podía precisar. A los 5 minutos la tenía allí y le expliqué.
Esta mañana quedamos en Canaletes. Es que padece un trastorno de ansiedad grave y por determinar, mal tratado, que le impide entre otras cosas quedar en sitios o a horas desusados. De hecho íbamos a tomar mi primer suizo con ensaimada de la temporada en Can Viader, así que era ideal. Me bajé en "Les Punxes" para bajar triscando el Ensanche porque aún era temprano. Por alguna razón de coordinación del tráfico no hubo manera de haber triscado semáforo alguno hacia la derecha y ya estaba precisamente a la altura de su casa, cerca del Col·legi d'Advocats. Justo en el momento de ir a pasar por delante de la puerta noto otra vez la sensación ultrasensorial, giro la cabeza a la derecha y allí estaba otra vez mi ex. Al llegar al siguiente chaflán se empezaron a abrir a otro ritmo los semáforos y yo empecé a hacer zigzag como una abeja rebosada de néctar. O como una mosca desinsectada.
En Canaletes, como ya no cobran por sentarse -porque aprovecho para decir que antes de la Transición había que pagar por sentarse- estaba ya M. esperándome. Seguía con la misma cara de zombie que se le ha quedado con el decentán desde que lo empezó a tomar prescrito por su antepenúltimo psiquiatra. Pero me advirtió que estaba mareada y que tenía "compulsiones vaginales" [sic]. "Serán espasmos", le dije. "Eso". "Bueno, pues no vamos a Can Viader", le repuse aunque con la boca pequeña y en un tono de voz casi inaudible (hace un año que esperaba mi temporada del suizo). "No, no, vamos vamos, pero yo no puedo estar sentada mucho rato". "Comprendo".
En efecto una vez allí se iba levantando de tanto en vez como si tuviera el síndrome de las piernas inquietas. Además observé que tenía el ojo derecho más abierto que el izquierdo y un temblor de manos muy acusado. Se levantó cosa de 4 veces, daba unos pasos con la mirada perdida y una expresión estática flotante. Me propuso ir a Urgencias y yo -temiendo ir a mi Hospital, ahora que precisamente estoy de vacaciones- me apresuré a desalentarla. "Si total mañana vas al psiquiatra, pues ya verás que hay alguna solución". "Pero es que esto es horrible".  Accedí y resulta que se trataba de ir al Hospital Quirón, cosa que cambia mucho en materia de espera en Urgencias.
Al llegar el taxista se la pegó con un pilona y al apearme observé que tenía una abolladura, una rascada y pintura levantada, mitad negra mitad amarilla. Para lo que fue aún se comportó bastante desde el punto de vista léxico. Solo dijo: "Me cago en mi puta suerte, cojones, Dios, la puta, hostia". 
Una vez allí y convenientemente identificadas en Admisiones, se nos colaran dos parturientas, que al parecer tienen preferencia, cuando total una de ellas estaba como a dos días de alumbrar, que yo de eso sé algo. Partos programados de las narices y va y me dice M. que no tenía ni un solo cigarrillo. "Pues aquí lo tenemos chungo". Entonces se le cae el bolso con tanto whatsapp y por hacerle reír y distraerla le digo: "Jorobas, cómo pesa tu bolso, ¿no llevarás un tocho como la madre de Tamara? ¿Cómo se llamaba?". "Margarita Seisdedos, es prima de mi madre". "¿De verás? Flipo".  "Sí, claro, se parecen un montón". "Ahora que lo dices...". Y cuando estábamos cantando "No cambié no cambié no cambié" entonces nos llamaron, cosa que no sé si tiene una explicación en la física cuántica o si es que las cesáreas habían llegado a buen término. Por el camino iba yo pensando en San Francisco Javier y en que en el pueblo de M. hubo mucha endogamia.
Les excuso de una explicación sobre la exploración física pero no de la anamnesis, a la que yo asistí como una invitada de piedra pero atenta a que no se olvidara M. de algún detalle revelante digo relevante. Aparte de que no se acordaba de qué pastillas toma, porque ahora toma 4 pastillas diferentes y eso por poco tiempo, con el último psiquiatra, cuando el ginecólogo le preguntó "¿Alergias?" la paciente contestó "Juanetes". Solo con un gran esfuerzo conseguí vencer una risotada y luego una risa floja. Los médicos ya están acostumbrados a estas respuestas, pero una no.  Fue como una vez que fui con mi madre al óptico y ante una F mayúscula de cosa de un palmo dijo "Las seis menos cuarto". Al advertir la sorpresa del optómetra se corrigió: "No, las seis y cuarto". Esta anécdota no la puedo explicar mucho porque la vieja se cabrea como una hidra venenosa.
Aunque para mí quedó meridianamente claro el diagnóstico del ginecólogo, pronto me di cuenta de que para M. no había quedado claro ni mucho menos. Estaba metida en un bucle. Es decir, según el ginecólogo las causas de las "compulsiones" solo podían ser a) postquirúrgicas, por agresión, etc., o b) por la medicación que la aletarga en vez de alagartarla. Quedó claro que los genitales estaban bien, pubis con depilación brasileña Martini, por lo que vistos los temblores y el resto del cuadro, la causa era a no dudarlo el tratamiento ansiolítico o antidepresivo, que es brutal. 
Me abstengo de dejar aquí ni un solo comentario más sobre la Psiquiatría y sus desmanes. Pero solo diré que al salir del Hospital Quirón todo lo contenta (?) que puede estar una cuando la realidad  (?) parece darle la razón (?), me dice: "¿Y ahora qué hago?". "¿Cómo que qué haces?, está claro".  Ya en el segundo taxi después de indicarle al conductor que sí, que por la Ronda, le dije "Estoy muy harta de los psiquiatras, ¿vale?, que se metan las pastillas ya te diré yo donde. Me vais a matar a disgustos. Hombre, si es que crean más problemas de los que resuelven".
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Que todo tiene mucho que ver con la Física cuántica lo corroboran que a las dos se nos quedaron los móviles secos de bateria. Ya sé que como razonamiento es elíptico, pero créanme y punto.

Foto de Lee Friedlander, de la serie de "Little Screens" (Nashville, 1963)

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