29.12.14

Sopas de "farigola"

Cogollo de toronjil
Cuando me aumenten las penas
Las flores de mi jardín
Han de ser mis enfermeras
Violeta Parra, La jardinera

o sé si Violeta Parra encontró en el cultivo de su jardín remedio para sus penas, como dice al principio de "La jardinera", pero que las flores son uno de los mejores remedios para casi todo, de eso yo no tengo ninguna duda. No ya por vía oral sino también por su mera contemplación. Tengo yo siempre a mano mis hierbas: manzanilla, pasiflora (a cambio de la valeriana) y salvia. Cuando mi madre estaba embarazada le dio por las sopas de tomillo, muy estimadas en la gastronomía tradicional catalana (sopa de farigola). No tengo tampoco ninguna duda sobre la existencia de las manías en la alimentación de las mujeres encintas. Para el primer hijo le dio por los bocadillos de chorizo y para la tercera, que no llegó a nacer, le dio por las sandías. Como ya fue en vida mía puedo hablar de que no hubiera podido dar crédito a tal desarreglo si no lo hubiera visto con mis propios ojos. Comerse dos o tres sandías en un día como quien se come dos o tres nísperos no me parece normal, en especial cuando nunca la habíamos visto comer tanto de un solo alimento y como si en ello le fuera la vida. Si desafortunadamente no hubiera perdido la que bien hubiera podido ser mi hermana pequeña, no sé en qué hubiera acabado la cosa.
Debo decir, ante la certeza de que los descreídos ya hace rato que abandonaron el post, que una sola vez la manzanilla no me arregló el cuerpo y opté por un trago de güisqui que me dejó nueva, aunque no volví a comer churros durante meses.
Como ya dijo Caravaggio que era más difícil pintar flores que personas, no voy a ser yo quien añada ni una sola letra a su afirmación por matizarla o ampliarla. Hay mucha afición a la ilustración botánica, la cual está a medio camino entre el arte y la representación científica, en particular en los países anglosajones (Inglaterra y Estados Unidos) y sobre todo entre las mujeres. Que tenga tanta dedicación femenina nos recuerda a las monjas que pintan imágenes, vajillas, iconos, etc. Y a la monja gitana que bordaba alhelíes en un poema de Lorca. El dominio hiperrealista al que han llegado muchas ilustradores inglesas sea con la técnica de la acuarela, sea con los lápices acuarelables, es sencillamente prodigiosa. Eso sea dicho sin olvidar que aquí nos detuvimos en Redouté, pintor del gabinete de Marie-Antoinette. Mauro David, pintor hiperrealista que traemos hoy al Álbum, tiene la elegancia de Zurbarán, si se me permite que tan torpemente no quiera ocultar mis gustos y mi preferencia por las naturalezas llamadas muertas. 
Hoy tuve que recurrir a la couldina -de la que no recomiendo tomar más que tres pastillotas- por un resfriado acompañado de dolores articulares, mal de cuello, tos y todo aquello. Por prudencia dejé de lado la salvia y la pasiflora que estoy tomando para mis desarreglos de la segunda edad, no sea que juntas o revueltas me produjeran algún efecto no previsto. Los médicos que desprecian la fitoterapia y los remedios tradicionales a veces escoran y admiten que no es que no hagan nada sino que van mal, que interactúan con los medicamentos de verdad (?). Ignoran la gran mayoría, en los dos sentidos de la palabra "ignorar" que el ácido acetilsalicílico de que se compone principalmente la Couldina es hijo de la corteza de sauce (salix) que se empleó en la medicina popular. De hecho aún no se sabe bien bien cómo actúa el ácido o, por decirlo de otra manera, por qué produce los efectos antiagregantes y febrífugos que produce.
Durante años he tenido que luchar contra un desarreglo sin importancia pero muy molesto: la tensión baja. Eso que dicen que alarga la vida. Pues después de probarlo todo -y cuando digo "todo" es todo- conseguí regularme con el polen de abeja. Una cucharilla por la mañana y andando. De las abejas también uso la miel. Tengo un pote de miel muy pura, de la Sierra de Xurés (en la frontera de Portugal y Orense) que lo reservo para las quemaduras y rozaduras. Creo recordar que a un enfermero que conocí hace años, tras un gran número de sesiones de radioterapia y tener el perineo totalmente achicharrado le aconsejaron usar miel para nutrir e hidratar la piel.
Hace unos días les expliqué aquí un poco por encima un episodio de una amiga que está siendo tratada por la mala psiquiatría, por una psiquiatría jactanciosa y llena de errores y horrores. Hay una Psiquiatría buena, además de necesaria, y otra mala. No me gustan las dicotomías ni las monotonías, pero a veces hay que hablar así de claro. Y lo que ocurre es que cuando la psiquiatría mala no funciona la culpa se le achaca al paciente -sobre todo cuando ya está para el arrastre y se siente mal- y aquí paz y después gloria. Mi amiga ahora está ingresada en una clínica con una depresión mayor y para ver de ajustarle la medicación tras años y años de ansiolíticos, a los que se ha hecho adicta y que ya no solo no le hacen efecto sino que le crean secuelas que si no fuera porque hacen llorar harían reír. Aún conozco un caso mucho peor que este, con un testamento de por medio y la clara intención de tutelar al paciente para quedarse con los bienes, mediante ingreso hospitalario y todo lo que nos pensábamos que solo ocurría en los dramas rusos.
Por acabar con algo más alegre.  o que por lo menos no es dañino, les contaré un rara propiedad que tienen las orejas de mi madre. En verano están fresquitas y en invierno calentitas, de manera que yo acudo a sus pabellones para refrescarme y calentarme, respectivamente, las manos. Aunque hace unas semanas se habló de que tener un pliegue en diagonal en el lóbulo de la oreja predecía ictus (yo lo tengo), y hoy he leído un artículo sobre el síndrome de las orejas rojas (en el International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology), que aún no se puede citar porque no está publicado en firme, lo de mi madre pienso que nunca atraerá la atención de los médicos aunque es sumamente interesante, útil y además habla mucho del efecto termorregulador parasimpático o como se llame de las orejas.
Ya me falta menos para la segunda atacada de Couldina.


Ramo di nespole. Mauro David, 1992.

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