11.12.14

Vive la différence

Tamén eu choro
cando non me alumean
eses teus ollos.



Hay gente que no sabe distinguir de palabra una cabra de una oveja, y no me refiero al queso. También hay gente que no sabe distinguir un chino de un japonés, o a un paquistaní de un indio. Con la concesión del Nobel de la Paz a Malala y Satyarthi por sus trabajos en defensa de los derechos de los niños, pienso que se restituye el crédito o el prestigio que el premio pudo perder en las manos de Barak Obama. También creo que se ha podido ver bien claro la diferencia que hay entre una mujer joven y un hombre maduro con barba. Y que el shalwar kameez que suele llevar Malala bajo el colorido tupata con el que se cubre hombros, cabeza y torso, es claramente diferente al sherwani marfil de Satyarthi. El kurta, esa camisola larga que llevan los afganos y los paquistaníes, es ligeramente diferente al sherwani, que parece más armado y más proclive al lujo asiático. 
El mudra namasté con el que Kailash Satyarthi saludó al público también es diferente al gesto no menos consciente, devoto y representativo de Malala Yousafzai, que se llevó la mano extendida sobre el corazón. El gesto es idéntico al que adoptan algunos norteamericanos cuando suena "The Star Spangled Banner".
Wagah es la única vía existente entre Amritsar en la India y Lahore en Paquistán. Es la única vía entre India y Paquistán, después de que el Reino Unido estableciera allí una frontera y la Radcliffe line. Cada atardecer, desde 1959, miembros de un cuerpo militar indio y miembros de un cuerpo militar paquistaní celebran una curiosa ceremonia para bajar las banderas respectivas, que vendría siendo como un cambio de guardia si no fuera porque hay una cierta tensión (perfectamente y marcialmente coreografiada) y asiste público que jalea a sus soldados respectivos.
Ver los vídeos de Youtube desde el lado de Lahore (Paquistán) o desde el lado de Amristar (India) cambia mucho. Del lado de la India mujeres con saris y mucho colorido; del lado de Paquistán, todo negro. Los soldados de ambas naciones llevan penachos y se encaran como gallos de pelea verdaderamente, pero milimétricamente, preparados para ofrecer una especie de desfile desafiante que seguramente exorciza como ritual un enfrentamiento cruento y llevado a la guerra. Lo de arriar las banderas es lo de menos. Tal vez esa parade es algo que organizaron o instigaron los británicos, que no olvidemos que fueron los inventores del fútbol y otros entretenimientos donde priman los buenos modos.
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Este verano en el comedor del Balneari Prats, en Caldes de Malavella (Gerona), oí claramente en la mesa más próxima, "perquè els catalans no som una raça..." Me pareció entender que al orador improvisado le hubiera gustado que los catalanes fueran una raza aparte, que de alguna manera pudiera distinguirse claramente su identidad. Pero no como la de los paquistaníes y los indios, que tantas veces confundimos, o la de los chinos y las ovejas o la de Obama, que es afroamericano de origen islámico. No, parecía que el buen señor deseaba algo más marcado y más allá de proezas alveolares como "Setze jutges d'un jutjat mengen fetge d'un penjat". Se refería a signos exteriores más allá de la riqueza, los apellidos, los símbolos y todo aquello que supone hacer ostentación de algo.
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Me acuerdo de los paparrucheiros, que es como llaman los del pueblo de mi madre (los pescos)  a los del pueblo de su padre (Corcubión). Los de Corcubión no iban al ambulatorio los jueves porque es cuando visitaba el psiquiatra, cuya clientela era fundamentalmente de Finisterre. No querían ser tomados por fisterranos y por ende por locos o bien por locos y por ende por fisterranos. De Corcubión a Finisterre habrá unos 20 kilómetros por carretera, pero algunas piezas de pescado reciben nombres bien diferentes y fue el primer sitio de la comarca con agua corriente. En Corcubión por tener hasta tenían un juez. Pía, cuyo padre había sido el que introdujo el agua corriente, abrió en los ochenta para fastidio y escepticismo de los lugareños un restaurante de nouvelle cuisine. Usaba patatas de las de guarnición, que son las que se le daban a los cerdos, y encima no tenían aquel toque que le da el laurel a los cachelos. Manuel Fraga prohibió que se criaran cerdos en las casas y eso ha desbarajustado cantidad de indicadores culturales y gastronómicos. Pienso que luego de ir yo al restaurante la cosa fue mejorando, sin que por ello introduzca causa-efecto alguna. No estoy al tanto pero seguro que ahora habrá unos cuantos restaurantes mucho más audaces que el de Pía Lago y que se servirán hasta paellas y no ghisos de arrós.
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Hay cuestiones que abundan en la razón de las fronteras; otras, en las fronteras de la razón.
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Pude ver una vez en una estación de autobuses turca, de camino de Iznik (Nicea) a Ayvalik, la despedida de un matrimonio. Ella se llevó levemente la mano -creo que la derecha- desde el corazón a la boca y de allí a la frente, saludo que al parecer para los musulmanes significa "te seré fiel en mi corazón, en lo que diga y en lo que piense". Al parecer ese gesto tiene sus variantes según la relación que medie entre las dos personas que se saludan. He visto que algunos paquistaníes se saludan dándose la mano, de la misma manera que nosotros pero no con tanta energía, y después cada cual se la lleva al corazón como si fuera una copa y dejaran caer en ella algo que nos dejaron en la mano. Hay otro gesto que le vi una vez a un lama que parecía ungir pulgar, índice y medio unidos en el corazón para luego desplegarlos como una palmera pirotécnica hacia afuera.  Es como si mojáramos los tres dedos en el hueco del corazón y luego salpicáramos o hiciéramos lo que en el lenguaje de las canicas se llama un tiro de uña. La delicadeza del gesto viene siendo como la que empleamos cuando mandamos un beso por el aire sobre la palma de la mano, como si sopláramos las cipselas de un diente de león.
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En mi teoría el gesto de dar a volar un beso es francés. En "A matter of life or death" (Michael Powell y Emeric Pressburger, 1946) (*) hay una escena en que coinciden David Niven (al que están operando a vida o muerte), su ángel "conductor" (un aristócrata francés dieciochesco), y dos aviadores que están bien muertos. La militar norteamericana (June), una WAAF, que espera el desenlace de la operación, aparece inmóvil. Por darle verosimilitud a la coexistencia de dos realidades, como si el tiempo se hubiera detenido del lado de la vida. David Niven se acerca a su cara y le da un beso. El ángel francés dice: "¡Oh! qué inglés. ¿Qué sentido tiene darle un beso a una mujer que no puede sentir nada?". Pero por uno de esos intersticios que hay entre la vida y la muerte una lágrima de amor de June (Kim Hunter) moja la mejilla de David Niven. El ángel se lleva otra lágrima en la rosa de su boutonnière, como si fuera una gota de rocío, cursi y no como las de las rosas de tela que venden las gitanas. Y el siguiente fotograma es propiamente en el otro mundo, donde la Controller de los archivos celestiales ya ha cursado el caso del aviador para que sea visto para sentencia y se decida si debe vivir o morir.

Para encontrar las diferencias

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(*) "A vida o muerte" en Youtube

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