29.1.15

El último grito


Días atrás no sé en alguno de mis blogs, tal vez en este mismo, me refería al peso que habían adquirido los contactos frente a la experiencia, en el prestigio social. Así, mal explicado. Creo que era el post Experimentados, expertos y escarmentados: "Tal vez hubo un tiempo en que la experiencia estuvo sobrevalorada. En muchos oficios la experiencia no lo era todo pero era mucho. Ese valor ha cedido espacio a las habilidades sociales. Tener una agenda de contactos o muchos seguidores serían los indicadores máximos y vienen a relevar o revelar o rebelar a lo que en otro tiempo sería la buena fama lironda, la cual se trasmitía de boca en boca o porque se le hacían reconocimientos públicos a la persona en cuestión (premios, calles y hasta plazas, etcétera)." El tiempo, que es el eje de este blog, al menos para mí, sin embargo se sobreestima ahora en lo tocante a la inmediatez, a la efervescencia de novedades, cachivaches y carne de cañón. El tiempo de la experiencia se mide en outputs. El de la rabiosa actualidad se mide en la presteza, las famosas actualizaciones, el último grito o la primera lágrima.
Naturalmente no tiene mucho sentido usar Twitter para comentar el Poema del Cid o colgar una versión del Andante Spianato, Opus 22, de Chopin, claro, pero qué locura la pretensión de estar en la cresta de la ola siempre y ver en una noticia que ya se sirvió hace cuatro horas un incordio intolerable, un fastidio, un estorbo. Noticias hay que son, como los árboles de que hablaba el otro día, de usar y tirar. El desgaste es grande y poco se profundiza, además de las muchas mentiras o alarmas que se difunden con tal de mover las masas y sus opiniones en una marea en la que hay quien se cree que se domina el mundo e incluso "se hace historia".

De vez en cuando me asomo a la historia romana, que está más que estudiada, que nunca se vio abandonada ni por los historiadores ni por los pseudohistoriadores. Es igual, no me importa no ir por caminos inexplorados, cosa que me recuerda -por cierto- la cantidad de basura que hay en el Himalaya dejada por los conquistadores del éter más puro y las cimas más altas del mundo, el París-Dakar (que me parece que ya no es ni París ni Dakar), la isla de plástico marina.
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El recorte que traigo hoy es de "la comparecencia de Daniel Fernández Gutiérrez, ante la Comisión de Cultura [del Senado] para informar en relación con la materia "Sector editorial y nuevas tecnologías" en noviembre de 2013. Una eternidad, para los que viven al minuto, pero para mí sigue vigente y en toda su frescura. 
Ya traje aquí el buen nombre de Daniel hace un tiempo puesto que mucho antes de que fuera el director y editor de Edhasa (Edhasa. Castalia y Vecchi), vivió en el barrio donde yo me crié y coincidimos en el primer año de Filología en la UAB. El hecho de tener la misma edad, los padres gallegos, el mismo barrio de origen, y la misma o parecida pasión por la literatura, facilita una mutua comprensión, especialmente la suya, ya que es un hombre de una notable inteligencia y una admirable corrección en sus fondos y en sus formas. La inteligencia y la educación ayudan mucho cuando se utilizan para comprender a los demás.
Su comparecencia ante el Senado me parece inestimable por su enorme experiencia en el sector del libro -entendido en un sentido muy amplio- y por su enorme agenda de contactos, virtud que sin embargo no queda desmerecida en la distancia corta. Desde hace muchos años lo he podido ver en nuestra televisión local participando en tertulias que a mi entender no han puesto de relieve lo buen conversador que es, pero sí dan fe de su contacto con la realidad o la actualidad.
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Permítanme que recalque también ese contacto entre la realidad y la actualidad ya que normalmente se identifica la actualidad con la realidad, como si todo lo que no estuviera presente no fuera real aunque fuera verdad. Verdad, realidad, actualidad no son tres pilares, son tres vórtices. Pero hay épocas de la historia de la humanidad en que ha prevalecido uno de los tres como, vamos a decir tendencia. En la que pasamos ahora predomina la actualidad, la novedad, la moda, el último grito.
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No sé cuantas carreras tiene en este momento Daniel, pero lo importante para mí es que desde muy joven trabaja en el sector del libro. Solo hay que lamentar que sus enormes dotes de lector, conversador y orador no se han visto también reflejadas en una trayectoria de publicaciones, aunque algunas tiene hechas, hasta donde yo sé. Es en la actualidad el representante español en la Unión Internacional de Editores (International Publishers Association) y el editor y administrador de Edhasa en España y Argentina. También les puedo decir que hace dos o tres años tuve ocasión de hablar con él un ratito y  a pesar de su formación empresarial ni una sola vez apeló a aquello tan socorrido del "ADN de nuestra empresa". No ha nacido aún nadie que se pueda hacer ni una remota idea de lo tremendamente molesta que me resulta ese asco de expresión, por haberse usado hasta la náusea.
En Daniel en definitiva se hace carne algo que dijo la semana pasada Mariano Rajoy: "No es lo mismo dar doctrina en un plató de televisión que defender a España en el Consejo Europeo".

Los subrayados del texto de la comparecencia en el Senado son míos  y son orientativos, pero no indican la lectura a seguir, el mapa del tesoro. En la misma sesión compareció un profesor de Derecho Mercantil, cuya participación no es menos interesante, pero a mí me interesa la del editor y su experiencia en el tema. Especialmente la relativa a los monopolios que se están haciendo con el sector cultural y la de la independencia cultural.





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