16.1.15

Escribiendo en caliente

Hace tiempo que abundan en los medios expresiones recurrentes que se usan hasta que se gastan o adquieren demasiados significados. Una de ellas aún en boga es "legislar en caliente", frase con la que se quiere prevenir de la preparación y promulgación de leyes que pretenden responder a una realidad continuamente actualizada con prontitud, sin dejar un tiempo de reflexión y de poso. De ahí he recreado yo otra expresión, "escribir en caliente". Aunque también podríamos decir "dibujar en caliente" y muchas más.
Ya dijimos aquí que últimamente la Real Academia Española estaba haciendo lexicografía como nunca antes lo había hecho, incorporando palabras que apenas permanecerán, cuando en épocas no muy lejanas se dilataba tanto el plazo de reflexión que apenas trascendía alguna palabra y eso cuando ya casi había perdido su frescura. Se diría que la RAE hace ahora lexicografía "en caliente", como si el tiempo fuera algo que solo se puede perder y lo moderno y megaestupendo fuera producir muchos outputs, mucho movimiento y cantidades ingentes de voces y términos que la automatización ya sacrificará con la misma presteza que los admite. En tal caso me temo que la RAE se convierta en una especie de Dow Jones lexicométrica y que incluso los filólogos acaben haciendo especulaciones, como parece que las hacen todas las nuevas profesiones víctimas de la mercadotecnia.

Leo en "The Lancet", que es una de las publicaciones señeras y venerables de la Medicina, pero también moderna, que se suman a la solidaridad con los dibujantes de Charlie Hebdo:
"The role of journals, including medical journals, is to provoke, criticise, and debate—even to offend—as well as to report, explain, and interpret. Article 2 of France’s Declaration asserts the right to “liberty, property, security, and resistance to oppression”. In defence of our collective right to resist those who seek to destroy our liberties, we stand side-by-side journalists at Charlie Hebdo"
Editorial, The Lancet 2015; 385 (9964): 202.
Pero no se crean que en su previo homenaje a la francesa Declaración de los Derechos el Hombre y del Ciudadano (1789) dejan de citar textualmente su artículo 10, por el cual "Ningún hombre debe ser molestado por razón de sus opiniones, ni aun por sus ideas religiosas, siempre que al manifestarlas no se causen trastornos del orden público establecido por la ley." Aunque la cita es un reconocimiento a lo importante que ha sido la contribución de Francia en el progreso de la humanidad, no se nos escapa que esa puntualización del artículo 10 admite que hay situaciones en que la libertad de expresión puede ser o contraproducente o contravenir el orden público establecido legalmente. De manera que aunque aparentemente The Lancet defiende el derecho a la libertad de expresión e incluso la facultad de las revistas para poder provocar e incluso ofender, también es verdad que no ignora (en uno de los sentidos de la palabra ignorar, por lo menos) que -como diría el Papa Francisco- la libertad de expresión tiene límites.

Escribo en caliente cuando digo que hay bromitas -como aquella de hacer un Cristo al horno o un fotomontaje de un santo empalmado- tienen maldita la gracia. Habrá gente a la que le harán gracia. Gente reprimidilla, en mi opinión. Gente que tiene una risita floja y escora también en sus gustos sexuales, por lo que obtiene un cierto placer vicariante en que se violen monjas, se ridiculicen beatonas (como si no se ridiculizaran ellas mismas sin necesidad de ayuda) y se hagan burlas en general hasta de la patena bendita. Y me circunscribo a las brumas anticatólicas porque créanme que ahí voy a poder medir mejor mis palabras.
La gente que hace unos años se reía a costa de los gangosos y los tartamudos, la gente que tenían como una fuente principal de inspiración humorística a los homosexuales es poco más o menos gente que tenía la misma pulsión onanista y gilipollas que estos otros pobres desgraciados que malviven a costa de las debilidades ajenas.
El humor -blanco, negro, verde, amarillo, etcétera- es necesario como lo es el agua, no menos. Cada día más. Lo que nos preguntamos muchas personas es si ese humor con resabios testimonialistas (que ya es lo último o lo siguiente) le sirve a alguien para algo. Los dibujantes de Charlie Hebdo, a sabiendas de que los ánimos de algunas personas muy irritables estaban enervados y exaltados, podían haber optado por el humor de verdad y sólo han conseguido -además de colocar en la calle cinco millones de ejemplares y más- de su último número, hacernos llorar más. Hay que aquilatar entre dejarse extorsionar por el terror no cediendo a sus desmanes y su fanatismo y refocilarse con una broma que ha molestado.
Ya la publicación se presenta como "irresponsable", palabra que a quien me lea le recordará que hace años que vengo defendiendo la postura responsable frente a aquella postura comprometida que se defendía como meritoria hace 30 años o más. Se hablaba de literatura "comprometida" para referirse a aquella literatura que era fiel o leal a unos principios y que los seguía a toda costa. Pero esa palabra se vio empozoñada por la política de lo clientelar y por los escritores y traductores beneficiados o subsidiados por el poder establecido. Ahora hasta hay escritores en la nómina de La Caixa (?), pero ese es otro tema.
Responsable sería acatar los propios principios o unos principios con sus finales y sus mitades, dar cuenta de las consecuencias de lo que uno escribe o dibuja. Hasta cierto punto, evidentemente, porque si ustedes supieran lo que a veces entienden algunas personas de cuanto leen o ven, sería para cortarse no las venas, no, las piernas.

Viñeta de Manuel Summers para "ABC"

Post registrado en SafeCreative 1501163014648