8.2.15

El refugio de los canallas

uando en mi niñez se me acababan los libros -aunque entre mi hermano y yo teníamos una biblioteca abundante y nunca lo agradeceré bastante- los volvía leer. Creo que el libro que he leído más veces es Los viajes de Gulliver, a través de traducciones y adaptaciones infantiles, juveniles y en su versión original. Pero a veces cuando se nos acababan los libros nos leíamos cualquier cosa que tuviera letra: la publicidad, las etiquetas, las carátulas de los discos, "El Correo Catalán" que tantos años se compró mi padre a diario. 
Cada día me acuerdo de mi padre. Poco antes de casarse, cuando mi madre aún trabajaba para los Roca, que tenían la empresa de los turrones Tardá, el Sr. Roca hizo investigar a mi padre. Mi madre estaba sola en Barcelona, aunque tenía unas tías (hermanas de su padre) solteras, que vivieron en la Gran Via tocando Plaza España. Ahora tengo entendido que la gente contrata los servicios de los detectives para ver qué hacen sus hijos con las drogas y los amigos, o para reunir pruebas contra su pareja ante un posible divorcio. El Sr. Roca le puso un detective a mi padre porque tenía 10 años más que mi madre y quería comprobar que era un buen hombre. Al parecer le siguió 3 días y cuando yo lo supe (a su muerte) me reí lo indecible porque me imaginé lo mucho que se hubo de aburrir el detective a partir del segundo día. Y es que mi padre siempre hacía exactamente lo mismo. Cada día. Excepto los domingos, que se afeitaba cantando (el resto de los días no porque se levantaba a las 6) y además lustraba los zapatos. Cantaba "Juanita Banana" (1966). Aunque la canción la sacaron "The Peels", creo mi padre la conocería por Los 3 sudamericanos o Luis Aguilé. Cantaba el coro, que era una versión humorística del "Caro nome" de Rigoletto. Tan humorística que dudo poder escuchar esta aria de la ópera en su propuesta original, amorosa, jamás de la vida.
Esa costumbre de lustrar los zapatos los domingos yo la he adoptado como por ritual, aunque no siempre. Es decir, siempre que lustro los zapatos lo haga en domingo. En la época a la que me remonté se usaba betún y muchos hombres llevaban restos en los bajos del pantalón porque la crema impregnaba mucho además de que tenía un olor muy fuerte. Mi padre, d.e.p., dejaba el lavadero perdido, llegaba el betún al techo. Después salieron unos sucedáneos que recordaban en todo al betún menos en el olor, y además no manchaban tanto pero se aplicaban mejor. Hace poco descubrí la crema Saphir, francesa, que tiene una base de trementina, cera de abeja y cera de carnaúba, conocida como la "reina de las ceras".



Crema de zapatos Saphir

La diferencia entre el resultado de limpiar y lustrar los zapatos con un sucedáneo de betún o con la pasta de la reina de las ceras es descomunal. Tiene también mucho que ver la piel del calzado, pero vale la pena si se quiere uno vestir concienzudamente. La atención depositada en la propia higiene y acicalado, y en el lenguaje, es en muchas personas su única veleidad artística, aunque tal vez no lo sepan. 
Cepillos hay muchos, también. El último que compré es de la marca Leopardo, que tiene su sede en San Cibrao das Viñas (Orense). "Cibrao" es Ciprián o Cipriano en gallego. Y en el mismo polígono industrial donde se encuentra Leopardo también está la fábrica de Adolfo Domínguez. La crema Saphir se fabrica en Magnac-Lavalette. Magnac-Lavalette-Villars, según la enciclopedia, "es una población y comuna francesa, en la región de Poitou-Charentes, departamento de Charente, en el distrito de Angoulême y cantón de Villebois-Lavalette".  Y el concello de San Cibrao pertenece a la comarca de Ourense en la provincia de Orense, pero porque cuadró así, la administración española está calcada del sistema francés, que es en su origen al menos tremendamente centralista y que digo yo que algo le deberá a la estructura del imperio romano y de la Iglesia. También nos viene de Francia el chauvinismo, que al veces adoptan los nacionalistas, pero no siempre, y que merece una atención aparte. Y remito a mi antipatía por el chauvinismo cuando digo que en cuanto vi el cepillo gallego me enamoró porque tal vez lo asocié con una robustez que aún se nota en los objetos fabricados en la tierra de mis padres. Si ustedes comparan el tipico cepillo para lustrar zapatos con este otro, verán que las cerdas son más copiosas y el pelo más largo. Los cepillos Leopardo no son más caros que los cepillitos de medio pelo -nunca mejor dicho- que he visto en muchos supermercados.

Ayer, por cierto, hubo en "La Vanguardia" una colaboración interesantísima y muy equilibrada de Rafael Jorba, de principio a fin. Se nos recordaba la superposición o suma de nacionalidades en Europa, incluso no ya como afirmación sino como solución. Obviamente el artículo me gustó porque coincide con mi propia manera de ver las cosas, donde no concibo una Europa desunida. Me gustó una cita de la película "Senderos de gloria" (Stanley Kubrick), película que se estrenó el año 1957, cuando Artur Mas acababa de nacer:
"Fa cent anys, quan Europa es dessagnava en una guerra fratricida, la retòrica patriòtica era una moneda corrent. Sé que és un recurs fàcil, però com que vivim a l’era de la imatge, on tot es vol simple, emotiu i espectacular, l’utilitzaré: a Camins de glòria, un coronel (Kirk Douglas) és comminat per un general francès a prendre una posició alemanya, al preu d’haver de sacrificar la majoria dels seus homes: “Tota França depèn de vostè”. “No sóc un toro, general; no em posi davant la bandera de França perquè envesteixi”. “Pot ser que estigui equivocada la idea de patriotisme, però on hi ha un patriota hi ha un home honrat”. “No tothom opina així. El doctor Johnson (Samuel) deia una cosa molt diferent sobre el patriotisme… Va dir que era l’últim refugi dels canalles”."

Crema de cera de carnaúba y de abejas y cepillo Leopardo

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