3.2.15

La soledad sonora (y 2)

s incomprensible que no conozcamos más los trabajos de Tute (Juan Matías Loiseau), Liniers y Caloi, tres "historietistas" argentinos. En el Álbum ya hace mucho tiempo incluí un dibujo de Liniers, que pienso que de los tres es el más conocido aquí en España. Con la salvedad del lenguaje, del que tenemos una noción por las películas y los emigrantes, todo lo demás entra bastante de lleno en nuestra comprensión y preocupaciones y obsesiones. Tute es en sus dibujos más esquemático que Liniers, casi barroco, y los personajes tienen los trazos mínimos que también había llevado Gila a "Hermano lobo". Pero ahí se acaba la comparación, en la composición es más elaborado y lo es acertadísimamente.
No sé cómo andan las tarifas de la electricidad en Argentina ni me lo quiero figurar. Sé cómo están las nuestras, que junto con las del agua, el gas y la telefonía, consumen una buena parte (o una mala parte) de mi sueldecito. Como en Barcelona el frío apenas entra en las casas, el invierno no suele ser crudo. Por lo demás, ya hace muchos años que me propuse que en mi vida no hubiera ni un coche ni un solo aparato de aire acondicionado, de manera que vivo mucho más tranquila y no hago ruido ni contamino, más allá de que no tengo que pensar en otras facturas. Aún se mantiene también incomprensiblemente, por lo menos en la publicidad, la idea de que los espacios abiertos y los "paisajes majestuosos" son compatibles con las visitas de los coches.
La admiración que levanta la proeza de Marc Coma e tutti quanti en el París-Dakar -que este año fue Rosario-Valparaíso, si no me equivoco- no solo me desconcierta sino que me inspira algo parecido a la indignación y la tirria. El domingo, donde la Gemio, entrevistaron a Antonio Miguel Carmona, candidato por el PSOE a la alcaldía de Madrid. Después de emplear toda su pirotecnia verbal contra la polución en Madrid y tenerme casi convencida de sus buenas intenciones resulta que explicó que él se mueve en transporte público y también en moto. Y que se le manchaba mucho la ropa con el humo. ¿El humo de los coches? ¿El de las motos? Es decir que muchas veces encontraremos en quienes defienden el medio ambiente unas ideas muy contradictorias en las que el estilo de vida choca con las ideas que se lucen.
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Explican hoy en el ABC que una anciana que murió en Madrid a los 86 años hace uno, Virginia Pérez Buendía,  ha dejado su dinero a la educación de los niños más desfavorecidos de su pueblo, Valverde del Júcar. Estuve en ese pueblo de Cuenca hace unos siete años, con la familia de mi pareja. Compré aceite de cooperativa. Doña Virginia estuvo un mes muerta en su piso hasta que echaron la puerta abajo a ver qué pasaba. Tampoco es que la hubieran notado a faltar porque no se hacía notar. Y eso no es la primera vez que ocurre, especialmente entre la gente que no tiene descendientes ni perro que le ladre. Los demás consideran con una mezcla de horror supersticioso y una pena de aquellas que nos sacudimos en instantes estos casos de soledad, cada vez más abundantes. Todos conocemos casos de personas que acaban su vida en soledad o en manos de cuidadores que perciben un sueldo por hacer su trabajo. Y no siempre son personas sin hijos o sin nietos, o que por su carácter huraño o su pobreza han repelido a sus amistades. A veces son supervivientes.
En los últimos dos o tres años he visto como muchas personas de mi familia y de mi entorno ha enfermado gravemente. Incluso diría que ha habido una racha, algo que exonero de toda carga maléfica y que entiendo como el fruto del paso del tiempo. Hay cosas que se podían prever, como la de la amiga que lleva tantos años tomando ansiolíticos y tan pendiente o dependiente del asco de bótox. Otras me han cogido desprevenida. Al final sin embargo todo ha funcionado como si estuviera engullida en un enorme caleidoscopio que me devuelve la realidad reconfigurada, con las mismas piezas pero en otro orden. Una vez más no distingo un proceso lineal en la vida, sino un complejo sistema perversamente fractal en todo caso, si es necesario acudir a alguna forma u horma. En cualquier caso, como se dice en las películas norteamericanas de catástrofes, sé que "vamos a morir todos". 
Por lo general la enfermedad y la muerte, la caída en desgracia en general, nos habla de la inconsistencia de nuestras preocupaciones y a veces de nuestras vidas, que esa es otra. Claro está que nos lo podemos tomar a la tremenda o no. En las regiones sacudidas por los tornados parece ridículo molestarse en tener los vidrios de las ventanas como los chorros del oro, o que las molduras de las puertas sean sedosas y sólidas, preocupaciones que no afectan a los que no tienen nada que perder ni a los que tienen medios para sufrir varios tornados, terremotos e inundaciones como si nada.
Creo que conozco todas las formas de la soledad (excepto la de la isla desierta, que tantos historietistas ha inspirado) pero la soledad que más pesa es la de estar mal acompañado. La soledad que tantas veces he abrazado nunca me falló. Y creo que si mi solidaridad me ha proporcionado muy buenos momentos no fueron peores los que me proporcionó la soledad y lo puedo decir porque si siempre he estado con alguien es conmigo, así que hablo con conocimiento de causa. Para nosotros los solitarios la suprema estupidez no es la solidaridad incomprendida o descompensada sino la prisa, porque ¿qué sentido tiene correr si no podemos escapar de nosotros mismos?

"Tute" (Juan Matías Loiseau)

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