9.6.15

Moradas y nonadas

Las pantuflas" de Samuel Dirksz van Hoogstraten siguen resultándome sugerentes. Hace 3 años me quedé con las ganas de colgar una copia en el blog, aunque sí puse la de "El corredor", cuadro  con el que guarda ciertas similitudes. Cuando era pequeña me gustaba tirarme por el suelo para ver el techo tan blanco o vivir debajo de una mesa y también me gustaba descubrir algún escorzo de la cocina desde el comedor o ver como la luz transformaba las sombras o se posaba en algún brillo. También me subía por las paredes (porque teníamos un pasillo que me permitía treparlas con los riñones apoyados en una pared y los pies en otra) y así me pasaba horas, sin que aparentemente a mis padres esto les inspirara preocupación alguna. Y veo aún que sigue habiendo chiquillos que en cuanto se tropiezan con un elemento urbano que se puede escalar o del que se puede uno colgar, no dudan en probarlo.
En casa hay una sucesión de tres piezas que se presta a pretender hacer una variación fotográfica de "Las pantuflas".  En mi caso serían unos chanclos de piscina, azules. El cuadro de van Hoogstraten insinúa  que una mujer, en plena dedicación a las tareas del hogar, las abandona. Y todos cuantos analizaron el cuadro dicen que en la escena, además de un fascinante ejercicio de perspectiva se ofrece una sutil lección de moral que da a entender que la mujer de la casa ha abandonado sus obligaciones por algún escarceo amoroso: la escoba dejada, las zapatillas que indiscretamente hacen patente su ausencia y un libro dejado sobre la mesa como dando a entender una lectura interrumpida. Las llaves colgando en el ojo de la cerradura no son insignificantes. Al final es a través de ese punto por donde se guarda la pieza, y los goznes son la frontera entre una parte más de batalla y otra más privada.
Seguramente los mismos elementos aunque con diferente apariencia están en todas las casas de todas las tradiciones que en el mundo son. En la casa japonesa tradicional el espacio más íntimo es el opuesto a la entrada y da a un jardín que no se puede ver desde el exterior. Las mamparas que se suceden de fuera adentro van señalando los espacios. La casa romana patricia o no tan patricia tradicional rodeaba un patio que tampoco se podía ver desde el exterior. Era un exterior interior.
¿Cómo sentirán las personas llamadas "de mobilidad limitada" su  espacio habitual? Conozco personas que por problemas de salud severos hace años que no salen de sus casas o apenas han salido para ir al médico ¿Cómo sentirán el espacio público? ¿Como un medio hostil lleno de peligros y sobresaltos, ruidos?
Cuando aún predominaban en Barcelona los pequeños comercios, esas tiendas eran una especie de lugar intermedio entre lo público y lo privado, porque eran algo conocido con lo que se guardaba una cierta familiaridad y se establecía un trato de confianza. No sé si establecer una relación, ni que sea sintáctica, entre ese estado de cosas y haber estado a cambio en casas donde parece que no vive realmente nadie. O que los que viven están como en un decorado que bien podría ser de una película de televisión o de un catálogo de Ikea. Un "hogar" es algo que parece estar en franca decadencia, algo sin mucho sentido y que cada vez más tiene que ver con un sofá y cuatro cosas más. Entre las familias desestructuradas, los horarios irreconciliables con la vida, la vida social fuera y lejos del núcleo familiar, el turismo y demás, el domicilio acaba siendo todo lo más una especie de unidad de consumo y la tabla de salvación de sus componentes más débiles o dependientes.
Hay días que cuando una regresa a casa cierra la puerta como si afuera hubiera un monstruo voraz e imprevisible, terrorífico y muy agresivo dispuesto a reventar los quicios. Y una vez en casa estoy segura no de no me va a pasar nada malo pero sí de que muchas cosas que por ahí ocurren las parapeta mi puerta y su llave y estoy no como in utero pero sí a salvo y además en la intimidad.
Es curioso el parecido de íntimo (lat. "en el interior") e intimidar (lat. "producir miedo") o tímido (lat. "temeroso"). La semana pasada en un programa de Julia Otero en Onda Cero hablaban de la humildad pero hallé que muchas veces la confundían con la discreción. Por ejemplo, Amancio Ortega en principio yo diría que es discreto pero no diría que es humilde, aunque puede que lo sea, que no lo sé. También hay personas a las que les resulta difícil distinguir entre timidez y vergüenza, que se usan muchas veces indistintamente. Ahora mismo no sé, ni me importa, si la verecundia latina era una virtud. Creo que sí. Y está asociada al hecho de ruborizarse. El rubor se ha explicado por ahí como una forma que tiene la naturaleza de mostrarnos a otras criaturas con las que podemos intercambiar información genética como seres pudorosos y por lo tanto fiables.

Las pantuflas" de Samuel Dirksz van Hoogstraten


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