29.6.15

Post 1243: Hahéuiah

[...] Je trouve ridicule au fond qu'un homme de son intelligence souffre pour une personne de ce genre et qui n'est même pas intéressante, car on la dit idiote», ajouta-t-elle
 avec la sagesse des gens non amoureux qui trouvent
 qu'un homme d'esprit ne devrait être malheureux que pour une
 personne qui en valût la peine; c'est à peu près comme s'étonner
 qu'on daigne souffrir du choléra par le fait d'un être aussi petit que le bacille virgule
Marcel Proust, Un amour de Swann (Du côté de Swann), À la recherche du temps perdu.
(*)




iene Hahéuiah un papel entre los 72 ángeles de la guarda que nos cuidan. Este trono tiene como especialidad los robos. Se dice en las páginas esotéricas al uso que los nacidos en la semana de su dominio (que es mi caso) son sinceros y sienten la injusticia. Algo de eso será verdad, aunque ya digo desde este momento que la injusticia la mayor parte de las veces es un producto de la ignorancia y otras del abuso. Sin embargo, la falta de sinceridad siempre me ha repateado mucho. Y soy de aquellas personas que más prefieren una mala cara que una sonrisa hipócrita o que una sonrisa que me haga siquiera dudar de su autenticidad, para ser más exacta.
Pero Hahéuiah, que podría resultarnos recto, demasiado severo, parece que pertenece cabalísticamente hablando al pilar de la misericordia, que no es que esté opuesto a la justicia, sino que la corrige y atempera. Todas estas cuestiones se me escapan en gran manera y simplemente el tener que adquirir nombres raros ya me produce una pereza insuperable, pero me gusta pensar que en el día que yo nací el ángel de la guardia de ese turno era el ángel de la lealtad.
Perdonen que hable de mí, si no es que ya lo estoy haciendo siempre, de una manera inevitable, y que diga que no se me ocurre otra forma de amor o de afecto que no sea la lealtad. De hecho, estoy convencida de que -como dirían en el lenguaje de la gestión- mi fuerte y mi debilidad es precisamente ser leal. Pensemos en esos perros que a pesar de ser maltratados siguen obedeciendo a sus dueños, por viles que nos resulten. Esa condición a  veces la he lamentado en mi propio temperamento. Pensemos también en la cita traída de Marcel Proust, que nos recuerda como un bacilo puede causar estragos en nuestro cuerpo, como si no se tratara de un ser microscópico en el que no vale la pena reparar. Esa comparación de En busca del tiempo perdido es del todo magistral, porque nos recuerda como hay seres despreciables a quienes entregamos sin embargo nuestra atención y que nos pueden llegar a perturbar u ocupar intensamente. Eso no solo por un enamoramiento sino también en otras circunstancias. ¿Cómo puede ser que se nos cruce en nuestro camino y nos robe toda nuestra atención una persona que no la merece? Lo inteligente -usando la palabra que introduce Proust- sería no dejarnos llevar por alguien idiota o de escaso interés. Lo inteligente sería acercarnos a personas de interés, esto es, interesantes (no "interesadas") y ver de minimizar los daños y el tiempo dedicado a las personas idiotas y que no interesan. Veremos.

Gerhard Glück

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(*) "Ese pobre Swann –dijo aquella noche la princesa a su marido- sigue tan simpático como siempre, pero tiene un aire tristísimo. Ya le verás, porque ha dicho que va a venir a cenar una noche. En el fondo me parece ridículo que un hombre de su inteligencia sufra por una persona de esa clase, y que, además, no tiene ningún interés, porque dicen que es idiota”, añadió, con esa prudencia de las gentes que no están enamoradas y que se imaginan que un hombre listo no debe sufrir de amor más que por una mujer que valga la pena; que es lo mismo que si nos asombráramos de que una persona se digne padecer del cólera por un ser tan insignificante como el bacilo vírgula”. (Traducción clásica de Pedro Salinas).


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